El secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, advirtió de que “no habrá un pasado mañana” si China gana la carrera por la inteligencia artificial (IA) y avisó de que si Pekín logra adelantarse a Washington “nada más importará”.
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Las declaraciones llegan en un momento de creciente preocupación en Washington por los avances tecnológicos de Beijing y coinciden con una nueva acusación de las autoridades estadounidenses contra varias compañías chinas de IA.
El FBI, la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) y otras autoridades estadounidenses acusaron el martes a seis empresas chinas, entre ellas DeepSeek, Moonshot AI y Alibaba, de copiar a gran escala tecnología desarrollada por compañías estadounidenses mediante la técnica conocida como ‘destilación’.
Esta técnica consiste en entrenar modelos más pequeños utilizando las respuestas generadas por otros más grandes y avanzados, con el objetivo de reducir los costes y acelerar el desarrollo de nuevos sistemas de IA.
“El término técnico para robar y copiar modelos estadounidenses de IA es destilación. Los chinos destilan nuestros modelos y por eso nunca podrán adelantarnos”, dijo Bessent.
El secretario comparó esa práctica con “mirar por encima del hombro de alguien y copiar sus deberes”, “una estrategia con la que nunca se puede sacar una nota más alta”.
Las declaraciones se producen poco antes de la visita del presidente chino, Xi Jinping, a Washington a finales de este mes tras varios meses de contactos destinados a rebajar las tensiones comerciales entre las dos mayores economías del mundo.
Ambos países mantienen una tregua comercial alcanzada el año pasado que permitió suspender o reducir parte de los aranceles que se habían impuesto mutuamente.
El encuentro llega en un momento de relativa distensión diplomática, pero con numerosos frentes abiertos, desde el comercio y la tecnología hasta las tierras raras, los semiconductores, la IA y las restricciones que ambos países mantienen sobre empresas del otro.
A esas tensiones se suman las nuevas sanciones de Washington contra Irán, que afectan a sociedades de Hong Kong y firmas chinas a las que EE. UU. acusa de facilitar compras, pagos, transporte marítimo y suministro tecnológico a Teherán.

