Yzaga fue durante mucho tiempo el techo. Horna, la referencia más cercana. Arraya, otro nombre inevitable cuando se habla de los mejores peruanos que llegaron al circuito. Ahora Ignacio Buse empieza a construir su propio espacio entre ellos. Cada semana que pasa, una nueva marca cae y otra página de la historia del tenis nacional cambia de dueño.
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El título también rompió una espera de 33 años para encontrar a un peruano campeón ATP sobre cancha dura. El último había sido Yzaga en Sydney 1993.
Además, Buse se convirtió en el primer peruano en 22 años en disputar una final ATP sobre esta superficie desde Luis Horna, finalista en Long Island en 2004.
Y no fue la única marca relacionada con ‘Lucho’. Buse disputó este año las finales de Hamburgo y Winston-Salem, algo que un peruano no conseguía desde Horna en 2007, cuando llegó a finales ATP en Viña del Mar.
A los 22 años, Buse ya tiene dos títulos ATP y este martes debutará en el US Open, su cuarto Grand Slam, ante Marcos Girón. Será una oportunidad para continuar una temporada que ya cambió su lugar en el tenis peruano.
Quizá el aspecto más importante de su evolución no pueda medirse con un ranking: Nacho Buse ha aprendido a convivir con la presión.
Él mismo explicó que trabaja esos momentos junto a su psicólogo. Durante los descansos entre puntos intenta regresar constantemente al presente, evitar adelantarse al marcador y concentrarse en sus rutinas.
“Es todo el rato como una lucha interna”, confesó. Esa frase permite entender mejor lo que acaba de conseguir. El tenis profesional no se juega solamente con la derecha, el revés o el saque. También se disputa dentro de la cabeza. Y Buse parece estar ganando esa batalla cada vez con mayor frecuencia.
Su título en Winston-Salem llegó después de una gira sobre cemento en la que inicialmente había dudas sobre su adaptación. Terminó levantando el trofeo en una superficie que todavía estaba aprendiendo a dominar.
Las estadísticas también muestran cuánto ha crecido el tenis peruano con Buse. Hacía 32 años que un compatriota no conseguía una victoria en Wimbledon; 31 que un peruano no estaba dentro del Top 30; 18 que no había una victoria nacional en un Masters 1000 y tres desde el último triunfo peruano en un Grand Slam.
Después de ganar Winston-Salem, lo primero que apareció en su cabeza fueron sus padres. “Lo primero que se me viene a la mente es mi papá, mi mamá. Toda la familia. Obviamente mi equipo también”, dijo.
Quizá allí esté la mejor explicación de todo. Detrás del número 30, de los dos títulos y de los récords hay un muchacho de 22 años que todavía mira a su alrededor para encontrar a los suyos antes de celebrar.
Este martes tendrá otro partido. Otro Grand Slam. Otra oportunidad. Y mientras Buse entra a Nueva York como el número 30 del mundo, el tenis peruano vuelve a mirar hacia adelante. Esta vez, el futuro ya no parece tan lejano.
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