Hay algo que explica por qué Gianluca Lapadula volvió a sonreír con una camiseta de fútbol. No está solamente en los cinco goles que marcó en seis partidos con Universitario ni en el doblete que le hizo a Los Chankas. Está también en las personas que encontró dentro del vestuario, en la rutina que construyó desde su llegada y en una disciplina que no termina cuando abandona el campo de juego.
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Lapadula suele llegar temprano a los entrenamientos. Algunas veces, antes de pisar el campo, pasa por el gimnasio para realizar trabajos físicos individuales. En otras, se dirige directamente a la cancha para seguir las indicaciones del comando técnico de Héctor Cúper. Ese hábito no es casualidad.
El delantero conoce que a sus 36 años la exigencia para mantenerse en el máximo nivel es diferente. Su formación en Europa y su paso por el AC Milan le dejaron una cultura profesional en la que la alimentación, el descanso y el trabajo físico son parte inseparable del rendimiento.
En Universitario, además, existe un plan nutricional que los futbolistas deben seguir. Lapadula cumple con especial cuidado esas indicaciones. Su alimentación está controlada y forma parte de una rutina que busca que llegue a cada partido en las mejores condiciones.
No hay demasiados secretos. Hay constancia.
El delantero también realiza trabajos personales para mantenerse fuerte, explosivo y preparado para soportar la exigencia del calendario. El gimnasio, la activación física y el trabajo específico complementan las sesiones colectivas.
Porque Lapadula sabe que ser el ‘9’ de Universitario no consiste únicamente en marcar goles. También significa estar preparado para cada pelota, cada carrera y cada duelo.
Y los resultados ya están ahí. Lapadula necesitó apenas seis partidos para alcanzar cinco goles con Universitario. Es el delantero, entre los últimos atacantes de la ‘U’ considerados en esta comparación, que llegó más rápido a esa cifra.
Jonathan Dos Santos necesitó nueve encuentros; Germán Denis, diez. Edison Flores y Emanuel Herrera llegaron a cinco goles después de 13 partidos. Luis Tejada lo hizo en 14, Alex Valera en 17, Anthony Osorio en 25, Diego Churín en 26, Matías Succar en 30 y José Rivera en 34.
Lapadula necesitó menos de la mitad de partidos que algunos de ellos. Pero quizá el dato más importante no esté en la comparación histórica. Está en lo que puede significar para Universitario.

Gianluca Lapadula celebra el gol del 1-0 de Universitario frente a Los Chankas en el estadio Monumental de Ate | Foto: Fernando Sangama / @photo.gec
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El ‘Bambino’ llegó para ser una referencia. Hoy ya lo es. Y mientras los goles aparecen, también se fortalece una sociedad que puede ser decisiva para la ‘U’. Lapadula y Valera se entienden dentro del campo porque primero encontraron una conexión fuera de él.
Hay un vestuario que lo abrazó, un capitán que le abrió la puerta, un delantero que lo complementa y una rutina profesional que sostiene todo lo demás.
Lapadula llegó a Universitario buscando goles. En poco tiempo encontró algo más: una familia. Y cuando un delantero se siente en casa, el arco suele quedar un poco más cerca.

