“Soy Luna Tour, El último show” no será solo la despedida de una serie que marcó a toda una generación. Para Karol Sevilla también significará cerrar la puerta de un personaje que la acompañó durante una década, la hizo crecer frente a millones de espectadores y terminó mezclándose, inevitablemente, con su propia historia. Luna se despide sobre los patines; Karol, en cambio, sigue avanzando. Y sus sueños ahora apuntan más lejos: quiere conquistar la música, el cine y algún día tener entre las manos un Grammy y un Oscar.
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“Yo crecí al mismo tiempo que Luna. Las dos llegamos con 15 años y vivíamos situaciones parecidas: llegar a un nuevo país, estudiar en una nueva escuela. Siento que crecimos juntas”, dice.
Una década después, volver a interpretarla significó reencontrarse con aquella adolescente desde la mujer en la que se convirtió.
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“Volver a interpretarla fue reencontrarme con su esencia, que en realidad nunca se fue: esa niña juguetona, soñadora y entusiasta frente a cada reto. Pero esta vez también estaba la Karol adulta”, explica. “Cuando Luna tenía que enfrentar problemas más maduros, ahí ponía un poco de mí. Aunque, la verdad, sigo siendo muy Luna”, reconoce.
“Soy Luna” le dio fama internacional cuando apenas empezaba a descubrir quién quería ser. Llegaron las grabaciones, las giras, los escenarios llenos y también una responsabilidad enorme para una adolescente de 16 años.
“Era una niña, estaba creciendo y aprendiendo. Al mismo tiempo, era el ejemplo a seguir de muchas chicas de mi edad. Crecimos juntas. Era una mochila de responsabilidad que muy pocas personas pueden llevar sin desviarse”, reconoce.
Con los años, aquella experiencia adquirió otro significado. A los 26, Karol prefiere mirar hacia atrás sin castigarse por sus errores y asumirlos como parte de su crecimiento.
“Esta vez no quiero perder los pies de la tierra. Quiero disfrutar y agradecer esta nueva oportunidad de recorrer el mundo con un proyecto y un personaje que me dieron tanto. Aprender de los errores, de los aciertos y, si vuelvo a equivocarme, aprender otra vez”, señala.
Hubo un momento en que Karol Sevilla sintió la necesidad de reencontrarse con el escenario y con el amor por su oficio. Parte de ese proceso ocurrió en el Perú.
Su participación en El Circo de la Chola Chabuca (2023), junto a Ernesto Pimentel, la acercó nuevamente a un mundo que conocía desde niña, pero que esta vez pudo vivir desde dentro.
“Si ya admiraba a los artistas de circo, hoy los admiro muchísimo más. Pude conocer de cerca su día a día, las funciones constantes y todo el trabajo que hay detrás. Es enorme, pero también hay un equipo hermoso, una familia”, sostiene.
Las conversaciones con Pimentel también llegaron en un momento clave de su vida.
“Llegó cuando necesitaba reencontrarme conmigo y recuperar el amor por mi arte, por cantar y subir al escenario. Ernesto fue un punto de quiebre muy importante. Me llevo muchos de sus consejos y recuerdos maravillosos. Cada vez que puedo volver al Perú, me doy una escapada porque me encanta”, reconoce.
Hoy asegura tener más claro quién es y la mujer que quiere ser.
“Hoy sé mejor quién soy y me siento feliz de haber encontrado una versión de mí con la que me siento plenamente cómoda”.

Karol Sevilla creció frente a las cámaras, pero asegura que hoy tiene mucho más claro quién es y hacia dónde quiere llevar su carrera. (Foto : @by.iker / Mua: @byjuandedios / Hair: @javierdiaz_hairstyle / Styling: @aaalmmmeee)
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Hay algo, sin embargo, que permanece intacto con el paso de los años. Desde muy joven, Karol Sevilla hablaba de dos grandes sueños: ganar un Grammy por su música y un Oscar como actriz. Lejos de diluirse, esas metas hoy tienen para ella una dirección más concreta.
“Cien por ciento. Siguen siendo mis metas y mis sueños, solo que hoy se han hecho mucho más grandes. Tengo más claro mi camino, sé hacia dónde quiero ir y cuál es mi objetivo. Se viene mi música. Estoy preparando mi propio estilo, mi propio sonido y mis propias letras”, concluye.

