El grupo chií libanés Hezbolá rechazó este viernes las nuevas sanciones anunciadas en la víspera por Estados Unidos contra una red acusada de trasladar millones de dólares al movimiento y negó estar bajo el control de la Fuerza Quds de la Guardia Revolucionaria iraní, como sostiene Washington.
En un comunicado, Hezbolá calificó las medidas anunciadas el jueves por el Departamento del Tesoro y el Departamento de Estado estadounidenses de parte de una política destinada a “atacar a la resistencia” y ejercer presión política, financiera y de seguridad sobre el grupo, su entorno y sus simpatizantes.
Washington sancionó el jueves a diez personas vinculadas, según el Tesoro, a una red que trasladaba efectivo a Hezbolá mediante mensajeros que viajaban en vuelos comerciales entre Líbano, Turquía, Emiratos Árabes Unidos e Irán.
La Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) afirmó que la red permitía al grupo obtener divisas y mover fondos al margen del sistema financiero formal mediante casas de cambio, empresas fantasma y cuentas bancarias. El Tesoro estadounidense señaló, además, que el empresario turco Yunus Yilmaz dirigía la red.
La Administración del presidente Donald Trump aprovechó las sanciones para subrayar el “papel central” de Irán en la coordinación de las operaciones y la toma de decisiones políticas de Hezbolá, al que Washington presentó como un actor directamente subordinado a Teherán.
Hezbolá rechazó esa vinculación y afirmó que no necesita que ninguna autoridad externa “valide su identidad libanesa ni su patriotismo”.
Además, el grupo defendió su trayectoria de enfrentamiento con Israel y atribuyó a sus miembros un papel central en la defensa de la soberanía y el territorio del Líbano.
Líbano se vio involucrado en la guerra de Medio Oriente cuando Hezbolá, respaldado por Irán, atacó a Israel en respuesta a la muerte en un bombardeo del líder supremo iraní, el ayatolá Ali Jamenei,
Al mismo tiempo, reivindicó su relación con Irán, que describió como “estrecha y fraterna”, y destacó el apoyo de Teherán al Líbano, incluida su contribución a la reconstrucción tras la guerra de 2006 entre Israel y Hezbolá.
El grupo acusó a Washington de tratar al Líbano desde una posición de “tutela” y sostuvo que, en lugar de presionar a Israel para que abandone el territorio libanés y ponga fin a sus ataques, Estados Unidos busca debilitar las estructuras de poder del país y provocar divisiones internas.
Hezbolá también lanzó duras acusaciones contra la política exterior estadounidense y cuestionó la autoridad moral y legal de Washington para imponer sanciones y determinar el carácter patriótico de otros actores ante las actuaciones de EE.UU. en distintos conflictos de Oriente Medio.
Las nuevas medidas estadounidenses se producen en un contexto de creciente presión de la Administración de Donald Trump sobre Irán, ya que un día antes del anuncio de las sanciones, el presidente estadounidense advirtió de una ofensiva para aislar a Teherán y amenazó con represalias contra los países que contribuyan a mantener sus vías de financiación.
Hezbolá aseguró que las sanciones no modificarán su posición y afirmó que continuará defendiendo “la opción de la resistencia” y el derecho del Líbano a defender su territorio, soberanía y recursos.