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En efecto, el hecho de que algunos políticos cuestionen hoy la necesidad de su existencia delata, según el antropólogo e historiador Ramón Mujica, la mediocridad de sus gestiones en los últimos años. Para el sociólogo Santiago Alfaro, este debilitamiento institucional tiene como responsables claros a los gobiernos de Pedro Castillo y, especialmente, de Dina Boluarte, quienes instrumentalizaron el ministerio con fines políticos. “En el nombramiento de altos funcionarios, el mérito y la especialización cedieron terreno frente a criterios de confianza, lo que mermó las capacidades del sector. A ello se sumaron decisiones ajenas a la finalidad pública de las políticas culturales, como la censura de contenidos, la desprotección del patrimonio cultural –como el caso de las Líneas de Nasca y la venta presencial de boletos de Machu Picchu– y la omisión de interponer acciones de inconstitucionalidad contra normas que socavaron la seguridad jurídica de los territorios indígenas. Tampoco se crearon nuevos servicios públicos ni se fortalecieron los existentes, como los estímulos económicos para la cultura”, afirma.
La antropóloga María Elena del Solar, experta en tradiciones altoandinas, coincide en que la alta rotación de cargos entre funcionarios inexpertos en el ámbito cultural muestra a una institución sin claridad para enfocar sus objetivos. “Hay una falta de comunicación entre los viceministerios de Patrimonio y de Interculturalidad; la cultura se entiende principalmente como patrimonio, y no estoy segura de si los funcionarios han comprendido que los objetos se producen vinculados a la historia de las personas que los crean y hacen circular”, advierte.
El filósofo y crítico de cine Sebastián Pimentel apunta en la misma dirección: “La inestabilidad política y la rotación excesiva de ministros no han permitido un trabajo sólido”, afirma el coordinador general de la Filmoteca PUCP. En el ámbito del cine, para el especialista, el Mincul no supo poner freno a leyes nocivas promovidas por el Congreso que desfavorecen la producción de películas del interior del país, como tampoco contribuyó a la creación de una Cinemateca Nacional.
Para María Elena del Solar, tal parece que la promoción de la cultura se concentró en la producción de la feria Ruraq Maki, la que debería ser solo una actividad más en el contexto de la perspectiva intercultural. “Se ha convertido en el evento más importante del año, donde el éxito se mide en términos de volúmenes de venta; en otras palabras, es un producto peruano empaquetado para el turismo. Se atiende solamente lo ‘bonito’, lo que tiene potencial comercial o turístico. No hay estudios antropológicos para entender el concepto de cultura”, señala. Además de este desempeño deficiente, para Pedro Pablo Alayza, director del MAC-Lima, el Mincul se enfrascó en regulaciones punitivas que limitaron la iniciativa ciudadana. “Ejemplo de ello fueron los proyectos de ley de museos y la fallida propuesta del colegio de artistas”, comenta el historiador de arte.
«El Mincul se enfrascó en regulaciones punitivas, como los proyectos de ley de museos y la fallida propuesta del colegio de artistas».
Para la historiadora Cecilia Bákula, el sector Cultura viene arrastrando todos estos problemas desde hace mucho tiempo. “La cultura debería ser una política de Estado y ello requiere definir estrategias de largo alcance, pues involucraría, necesariamente, la reconstrucción de la identidad nacional que, hoy por hoy, está venida a menos. El sector es y debe ser responsable no solo de lo que entendemos como cultura material, sino del afianzamiento del alma del país y del sentimiento de pertenencia”, afirma. En ese sentido, el gestor cultural Miguel Molinari afirma que si bien el Ministerio de Cultura ha mostrado esfuerzos en la protección del patrimonio, así como la promoción de la diversidad y el apoyo a las artes, el gran reto sigue siendo desarrollar políticas públicas de largo plazo, vigentes más allá de los cambios de gestión. “El Perú posee una riqueza cultural excepcional que debe ocupar un lugar estratégico en la agenda nacional, entendiendo que la cultura fortalece la identidad y contribuye al desarrollo del país”, sostiene.
Como explica el abogado Iván La Negra, exviceministro de Interculturalidad entre el 2011 y 2013, el Ministerio de Cultura avanzó en sus políticas y gobernanza. “Sin embargo, no cuenta con la capacidad ni redes de apoyo suficientes para implementarlas eficazmente. Esto afecta tanto el cuidado del patrimonio como la vida artística y la valoración de nuestra diversidad cultural”, advierte. Santiago Alfaro apunta algunos avances puntuales, como la realización de la primera Encuesta Nacional de Lectura y la aprobación de la Política Nacional de Pueblos Indígenas al 2040. Empero, afirma que el balance del quinquenio muestra significativos retrocesos en el cumplimiento de los objetivos y resultados de la Política Nacional de Cultura al 2030.
Además…
A saber
En el 2020, el Mincul presentó su Política Nacional de Cultura al 2030, la cual propone objetivos, lineamientos e intervenciones en materia cultural.
En teoría, es un instrumento de cumplimiento obligatorio para todos los niveles de gobierno, pero en los cinco últimos años esto no se ha cumplido.

