Hace unas semanas, en este espacio advertimos lo complicado que será la adecuación del nuevo Congreso bicameral en lo que respecta a su forma de organización. A esto se suma ahora la implementación del flujo legislativo (entiéndase, la producción de leyes). En un escenario en el que la atención mediática ha estado centrada en el Senado, toca ponerle un ojo a la Cámara de Diputados.
Tal como El Comercio ha advertido, el bloque de izquierda en la Cámara de Diputados buscará imponerse con sus 74 votos –los mismos que les permitieron ganar la Mesa Directiva– en la repartición de las presidencias de comisiones. Esto implica que ese bloque consiga controlar grupos importantes como Constitución, Economía, Trabajo y Energía y Minas.
Este panorama constituye un riesgo por dos factores: el primero, la ola de proyectos populistas que van a remitir al Senado; y el segundo, que en la Cámara Alta la repartición de votos da 30 votos para la derecha y 30 votos para la izquierda.
En ambos casos, debe tomarse en cuenta una misma premisa: el Senado no podrá rechazar todo lo populista que provenga desde Diputados. De hacerlo, se entraría a una confrontación que buscarán evitar, sobre todo en el primer año de gestión parlamentaria. El Senado va a tener que elegir sus batallas, y eso significa que dejarán pasar algunas de estas medidas y dejar la confrontación al Poder Ejecutivo, lo que podría desgastar la figura de los ministros, ya que todos los que se opongan a las leyes populistas pueden estar sujetos a las interpelaciones y censuras de la Cámara Baja, donde la izquierda tiene la mayoría con 74 votos.
Además, si el Senado quiere modificar un proyecto enviado desde Diputados, se requieren 31 votos. La correlación de fuerzas está 30-30, por lo que se abren dos posibilidades: o el presidente de la Cámara Alta dirime (asumiendo que su voto pueda contarse como el 31) o Fuerza Popular tendrá que lograr los consensos con la bancada del Partido del Buen Gobierno, que está ubicada más al centro dentro del bloque de izquierda.
Uno de los más grandes problemas para el oficialismo es que ni siquiera pueden contar con Renovación Popular como un aliado sólido para su agenda legislativa. En el borrador de delegación de facultades, se planteaba la derogación de la ley de tope de tasas de intereses, y en Renovación Popular ya dijeron que no apoyarán otorgar facultades en esta materia, pues requieren evaluarla por separado. Todos esperaban que, al menos en esta medida populista que se hereda del período unicameral, existiera consenso en el bloque de derecha. El otro punto en el que el oficialismo enfrentará un camino cuesta arriba será en la ampliación del Reinfo, sobre todo si dejan que Juntos por el Perú retome el control de la Comisión de Energía y Minas, abriendo nuevamente la puerta a mineros informales e ilegales.
El juego de tronos parlamentario apenas empieza y no pinta nada bien para el bloque de derecha en este arranque del quinquenio bicameral.
*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.














