Para ser escritor hay que ser, ante todo, lector. Pero Miguel Ángel Vallejo Sameshima (Lima, 1980) no tuvo un inicio convencional entre las letras. Aún recuerda cuando tenía entre manos una colección de libros de tipo “elige tu propia aventura”, reinterpretaciones de clásicos como “Drácula” y “Viaje al centro de la Tierra”. Invitaciones a que el lector decida el camino del personaje. Un poco como lo que hace él ahora con su carrera de novelista.
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¿Pero cómo hablar en un entorno que sanciona socialmente al que delata? Y en una ciudad como Lima, retratada por la literatura en su costumbre de hablar a media voz. “Leí informes sobre el bullying en España, donde se decía que los niños no contaban esto a los profesores porque ellos luego no querían comerse el sapo, no querían contarle esto a las autoridades superiores porque se vería que su trabajo se estaba haciendo mal”, revela Vallejo Sameshima y prosigue.
“Luego las instituciones educativas donde ocurre esto son sancionadas. Si hay una sanción ante la denuncia, no va a haber denuncias y es un poco un sistema que busca eso. Es una cuestión sistemática de, ‘si yo denuncio me van a acusar de soplón, me va a caer el peor de los castigos’. No es solo un tema de costumbre, sino la costumbre refrendada en la norma. Y eso es mucho peor porque ante la costumbre uno puede enfrentarse, pero cuando la norma va a sancionar a todo aquel que intenta enfrentarse a la costumbre, es que tenemos un tremendo problema”.
«Si hay una sanción ante la denuncia, no va a haber denuncias y es un poco un sistema que busca eso. Es una cuestión sistemática de, ‘si yo denuncio me van a acusar de soplón, me va a caer el peor de los castigos’».
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“La pecera de Koi” es para niños, pero su texto no infantiliza. Asume que el lector escolar “hará su tarea” para comprender. ¿Es su autor, tal vez, un optimista? “Creo que tenemos un enorme cambio en la sociedad en lo que es concentrarse en una tarea, y no hay tarea que requiera más concentración que leer. Creo que es algo que no solo pasa en los niños”, cuenta él, que ya lleva más de veinte libros publicados.
“Solemos además decir, ‘ay, esta nueva generación…’. Cualquier persona que tenga un teléfono con internet ya no tiene la concentración de hace 10 años, de hace cinco incluso. A mí me cuesta mucho más leer ahora. ¿Por qué pensar que los niños serían menos que los adultos en ese sentido? Esto es quizás ser muy optimista: hoy hay booktubers. Cuando yo era joven eso era absurdo, leer era propio de gente sospechosa, leer era una actividad considerada inútil, lamentable, por la cual a uno lo podían perseguir. El hecho de ver hoy booktubers, gente que considera que leer es un buen entretenimiento, que leer va más allá de una actividad escolar o cultural, me llena de optimismo”.














