Qué más puede ofrecer Lionel Messi ya a los 39 años luego de haberlo ganado todo, nos preguntamos antes del inicio del Mundial 2026 y el argentino responde como mejor sabe hacerlo: haciendo de lo extraordinario un lugar común en su rol en la cancha. Tres goles, tres golazos ante Argelia y luego, por si fuera poco, un doblete frente a Austria y una joya de tiro libre ante Jordania. Fin. ¿Se le puede discutir algo? Por dos décadas, el único capaz de cuestionar su lugar entre las leyendas fue Cristiano Ronaldo, otro iluminado de la pelota que también compite en su sexta Copa del Mundo, la que será muy seguramente la última gran disputa de ambos dentro de una cancha. Porque fuera, seguirán compitiendo por eso que atrae la fama y el éxito: el dinero.
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El luso tiene 669 millones de seguidores en Instagram. Por una sola publicación comercial en esa red social puede llegar a cobrar hasta 7 millones de dólares. Messi cuenta con 510 seguidores en esa misma red y -según Forbes- un patrocinio ahí tiene el costo de 5 millones.
Cuando Forbes confirmó que CR7 había superado los mil millones de dólares de patrimonio, Ronaldo explicó que se trataba de una meta personal. “Era mi objetivo llegar a ese número. Es como ganar un Balón de Oro”, declaró a la revista. La frase revela algo más profundo que una simple ambición económica: para Cristiano, convertirse en milmillonario fue otra competencia que quería ganar.
Messi construyó algo distinto. Menos visible. Menos estridente. Durante buena parte de su carrera evitó la exposición empresarial que sí abrazó Ronaldo. Pero mientras proyectaba una imagen de futbolista concentrado exclusivamente en el juego, fue desarrollando una estructura de inversiones vinculadas al sector inmobiliario, la hotelería, los acuerdos comerciales globales y, más recientemente, el mercado estadounidense tras su llegada al Inter Miami.
Aunque sus estilos son opuestos, el resultado termina siendo parecido. Ronaldo convirtió su nombre en una marca omnipresente. Messi transformó el suyo en una plataforma de negocios mucho más discreta. Ambos entendieron algo que generaciones anteriores jamás tuvieron la oportunidad de explotar: que en la economía global una estrella deportiva puede producir riqueza muy lejos de una cancha.

Lionel Messi tras la final de la Copa Mundial de la FIFA Catar 2022 entre Argentina y Francia, el 18 de diciembre de 2022 en la ciudad de Lusail, Catar.
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Según las estimaciones de Forbes, Cristiano Ronaldo y Lionel Messi llegarán al Mundial 2026 no solo como dos de las mayores leyendas del fútbol, sino también como dos de los atletas mejor remunerados del planeta. Cristiano encabezó recientemente la lista de deportistas con mayores ingresos del mundo con alrededor de US$275 millones anuales, mientras que Messi superó los US$130 millones entre salario, premios y acuerdos comerciales. Una parte creciente de esos ingresos ya no proviene del fútbol, sino de contratos publicitarios que se potencian precisamente en eventos globales como la Copa del Mundo.
El Mundial representa para ambos una vitrina comercial incomparable. Marcas como Adidas, Pepsi, Lay’s, Hard Rock, Apple TV o Louis Vuitton han utilizado la imagen de Messi en campañas globales vinculadas a grandes torneos, mientras que Cristiano mantiene acuerdos multimillonarios con Nike, Binance, Whoop, Herbalife y diversas empresas asociadas a su marca CR7. Para las compañías, una fotografía, un gol o incluso una celebración durante el torneo puede traducirse en cientos de millones de impresiones digitales alrededor del planeta. Por eso, más allá de lo que ocurra en la cancha, cada partido también funciona como una plataforma de marketing de alcance mundial.
No es casualidad que ambos acumulen audiencias gigantescas en redes sociales. Cristiano supera los mil millones de seguidores sumando todas sus plataformas, mientras que Messi se acerca a los 700 millones. Ningún otro futbolista en el Mundial 2026 posee un alcance comparable. En términos publicitarios, eso significa que cada publicación patrocinada puede generar ingresos de varios millones de dólares y que cada aparición durante el torneo incrementa el valor de sus contratos. Si el Mundial es la última gran batalla deportiva entre ambos, también será una de las últimas oportunidades para capitalizar comercialmente una rivalidad que durante dos décadas ha sido una de las marcas más valiosas de la historia del deporte.

Cristiano Ronaldo fue el capitán de la Portugal campeona de la Eurocopa 2016.
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Las cifras adquieren otra dimensión cuando se traducen a escala peruana. La bicolor que regresó a los mundiales después de 36 años estaba valorizada en alrededor de 40 millones de euros, según el portal especializado Transfermarkt. Era el equipo de Paolo Guerrero, Jefferson Farfán, Christian Cueva, André Carrillo, Edison Flores y Ricardo Gareca. Una generación que devolvió la ilusión a un país entero.
Tomando como referencia las estimaciones de Forbes para Messi y Cristiano, la fortuna conjunta de ambos supera varias decenas de veces el valor de mercado de aquella selección peruana que disputó Rusia 2018. La comparación puede parecer injusta, pero ayuda a entender hasta qué punto ambos dejaron de ser únicamente futbolistas para convertirse en corporaciones globales.
Y tal vez allí se encuentre la explicación más interesante de esta historia. Durante décadas, los mejores jugadores del mundo aspiraban a retirarse ricos. Messi y Cristiano redefinieron la escala. Construyeron patrimonios comparables con los de grandes empresarios sin abandonar nunca la lógica que los llevó a la cima del deporte: competir.
Compitieron por ser titulares, por ganar Champions, por levantar Balones de Oro, por romper récords de goles y por convertirse en el rostro de una época. Resulta casi natural que también hayan terminado compitiendo por quién construía el imperio más grande.
Por eso el Mundial 2026 tiene un significado especial. Será la última vez que compartan escenario en la competición más importante del fútbol. La última fotografía de una rivalidad que definió una generación. Ya no pelean por el mismo trofeo ni por el mismo lugar en la historia (aunque posiblemente, sí). Pero todavía existe un terreno donde siguen corriendo en paralelo: su fortuna.
Y como ha ocurrido durante más de veinte años, ninguno parece dispuesto a concederle la victoria al otro.
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