Si hablamos de padres justicieros, quizá el primero que se nos viene a la mente es Bryan Mills (interpretado por Liam Neeson) en “Búsqueda implacable” (“Taken”). El hombre rescata el cuerpo vulnerado de su hija mientras intenta limpiar las culpas de su paternidad ausente a punta de disparos y peleas a puño limpio. Esa idea de la paternidad heroica se ha vuelto casi un subgénero en sí mismo, y “Te encontraré” es el ejemplo más reciente.
La miniserie de Netflix tiene como estrella a Sam Worthington (“Avatar”, “Furia de titanes”). Allí el actor lleva al extremo la fantasía del padre capaz de todo. Su personaje, David, es condenado a cadena perpetua por el asesinato de su propio hijo, un crimen que él jura no cometió. Cada pista señala a David como monstruo, pero él sigue viéndose y actuando como un padre que no renuncia a su hijo jamás. Con ello, la serie camina por el sendero del thriller de persecución y conspiraciones.
“El sacrificio es una de las formas más visibles de demostrar amor. Queremos creer que alguien estaría dispuesto a darlo todo por nosotros. Este tipo de películas ya tienen entre diez y veinte años, pero siguen funcionando”, comenta la guionista peruana Úrsula Vilca.
Según explica ella, durante décadas el cine construyó la fantasía de un padre capaz de enfrentarse a cualquier peligro y desafiar al mundo entero con tal de salvar a sus hijos. “Pero hoy el público parece más interesado en personajes imperfectos y contradictorios”, matiza.
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En el cine de acción, la figura del padre justiciero aparece como un hombre atravesado por una tragedia que decide tomar la ley por su mano para vengar o rescatar a su familia: no espera al sistema, actúa. Junto al ya mencionado Bryan Mills se puede colocar casos más antiguos como el de Paul Kersey (Charles Bronson) en “El vengador anónimo” (1974), arquitecto convertido en vigilante urbano después del asesinato de su esposa y la brutal agresión a su hija. Otro es Max Rockatansky (Mel Gibson) en “Mad Max”, que pierde a su familia y se transforma en una sombra vengativa que recorre un mundo devastado en busca de revancha.
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En opinión del crítico Juan Carlos Ugarelli, los padres justicieros también pueden encajar en la categoría de antihéroes. La película “John Q.”, con Denzel Washington como padre desesperado, es el ejemplo perfecto. En ella, él captura a un grupo de rehenes dentro de un hospital para exigir que sometan a su hijo a un trasplante de corazón y así salvar su vida. Esto sucede ante la negativa de un sistema de salud demasiado costoso. Hay una situación de vida o muerte, con la figura de padre en el filo de la justicia.
“Esto parte de un tema aspiracional –comenta Ugarelli–. Hay convenciones en el género de cine, como el llamado ‘suspension of disbelief’, cuando se suspende la credulidad del público y las acciones que no pasarían en la vida real incluso se pueden aceptar. Cuando hay un padre justiciero, vemos a hombres comunes enfrentados a situaciones extraordinarias, en las que ellos tienen que hacer gala de todos los recursos y creatividad para salvar a sus hijos. Hay un efecto de identificación con ellos y, si el espectador es padre o madre, puede proyectarse”.
Del otro lado de la moneda, lejos de los tiroteos y las persecuciones, también hay series y películas que exploran paternidades más sentimentales. Pero la figura del padre justiciero sigue ofreciendo algo muy simple para el papá espectador: un rato para imaginarse invencible, ponerse simbólicamente el traje de Superman, y olvidarse de la realidad mientras se disfruta frente a la pantalla y abrazado de sus hijos en casa.













