El más reciente diagnóstico del Centro de Predicción Climática (CPC) de la National Oceanic and Atmospheric Administration (NOAA) reveló un 82% de probabilidad de que «El Niño» se desarrolle en el Pacífico ecuatorial central entre mayo y julio de este año, y un 96% de que continúe entre diciembre próximo y febrero del 2027.
El informe también indicó la presencia de señales oceánicas y atmosféricas asociadas al desarrollo del fenómeno, como temperaturas subsuperficiales elevadas en el Pacífico ecuatorial y vientos del oeste anómalos.
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Aclaró que aún no se puede estimar su intensidad máxima y que un evento más fuerte no siempre implica impactos severos en todos los países, aunque sí eleva la probabilidad de variaciones climáticas estacionales.
Al respecto, el director general del Ministerio de Desarrollo Agrario y Riego (Midagri), César Santisteban Pérez, refirió que traería consigo el aumento de la temperatura que podría alterar la fisiología de diversos cultivos. “Muchas especies agrícolas requieren determinadas ‘horas de frío’ para completar adecuadamente su ciclo fenológico. Una reducción de estas condiciones afectaría la productividad”, comentó.
A su turno, el presidente del Comité de Frutas y Hortalizas de la Asociación de Exportadores (Adex), Elkin Vanegas Murillo, pidió prudencia y evitar interpretaciones sin sustento técnico-científico respecto a la posible ocurrencia de un Niño severo.
“Si bien existen algunas condiciones parecidas a las registradas durante el evento de 1997-1998, aún es prematuro establecer un escenario similar. Será clave evaluar el comportamiento de las temperaturas del Océano Pacífico durante junio”, indicó.
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Añadió que, a diferencia de lo ocurrido en los años noventa, cuando el calentamiento de las aguas ecuatoriales se mantuvo de forma sostenida entre seis y ocho meses, el actual proceso recién comenzó a intensificarse en mayo. No obstante, exhortó a las autoridades locales y regionales a acelerar las labores preventivas, ante la posible ocurrencia de un Niño, entre ellas la limpieza de canales y quebradas, revisión de puentes y la identificación de viviendas ubicadas en las riberas de los ríos.
Advirtió que existen zonas especialmente vulnerables en Tumbes, Piura, Lambayeque, La Libertad y Áncash, en cuencas históricamente afectadas por lluvias intensas y desbordes como de los ríos La Leche y Chancay.
“El Niño de 1997-1998 evidenció la alta vulnerabilidad de la zona norte del país. La salud, infraestructura y los sectores pesca y agricultura resultaron severamente afectados, debido a las precipitaciones, la activación de ríos y quebradas, así como al colapso de carreteras, puentes y sistemas de drenaje”, dijo.
En el caso de la agricultura, indicó que los productos más afectados fueron el mango, maracuyá, algodón, banano, caña de azúcar, uva, limón y arroz. Ahora, la oferta del norte peruano incluye productos líderes como el arándano y la palta.
“La expansión urbana informal en laderas, cauces secos y zonas cercanas a ríos, junto con la construcción de carreteras sobre cursos de agua naturales, incrementó los daños por lluvias. Por ello, es fundamental realizar la limpieza y mantenimiento de cauces y cursos de agua, además de mejorar la planificación territorial a fin de reducir riesgos ante eventos climáticos extremos”, apuntó.














