En Panamá no solo se compitió y se ganó. Se podría decir que se sembró. El Team Perú que hizo historia en los Juegos Suramericanos de la Juventud 2026 nos obsequió 47 medallas (13 de oro, 15 de plata y 19 de bronce), pero también la certeza de que el deporte nacional atraviesa un momento bisagra. Nunca antes, en las cuatro ediciones anteriores (Lima 2013, Santiago 2017 o Rosario 2022) se había alcanzado tal cantidad de preseas doradas.
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En ese tránsito entre promesa y realidad aparecen nombres propios y disciplinas que empiezan a construir tradición. El surf y el bádminton, por ejemplo, ratificaron su vigencia. También el atletismo, que dejó marcas como la de Thiago Goyzueta, quien rompió el récord suramericano en los 2.000 metros con obstáculos con un tiempo de 5:57.51. O el relevo femenino 4×100 -integrado por Catalina Yzaga, Doménica Crose, Isabel Quiroz y Romina Fiol- que estableció un nuevo récord nacional.
Para Margarita, el valor de estos Juegos está en lo que revelan más que en lo que cierran. “Nos brinda un conocimiento sobre los nuevos valores del deporte nacional. Hay chicos de 14, 15 años que ya compiten a este nivel. Pero esto no tendrá real importancia si las autoridades no les dan continuidad. De nada sirve celebrar medallas si no se generan las condiciones para que ellos sigan desarrollándose”.
Su advertencia cobra sentido si te tiene en cuenta que, históricamente, el deporte peruano ha convivido con esa fragilidad: talentos que emergen y se diluyen por falta de estructura. Un trabajo que tiene hace el Instituto Peruano del Deportes. “Hay casos como Catalina Zariquiey, que ya está en la cima de su categoría a nivel mundial. O lo de la lucha, que con poco presupuesto ha logrado una gran cantidad de medallas. Eso exige atención inmediata. Programas, inversión, seguimiento. Porque muchos se quedan en etapa juvenil por falta de apoyo”, agrega.
Desde otra mirada, Óscar Castro, refuerza la idea del punto de partida. “Es sumamente importante porque se trata de una nueva generación que, en su mayoría, ha representado por primera vez al país en un evento de esta magnitud. Y además, es la mejor participación en la historia de estos Juegos”.
Castro también proyecta nombres hacia el futuro cercano. “Catalina Zariquiey puede brillar en Lima 2027, no solo por competir en casa, sino por su talento. También veo potencial en Oziel Herrera en lucha, Thiago Goyzueta en atletismo, y en el bádminton con Guillermo Buendía y Naomi Junco”.
La obligación debe ser que Panamá 2026 no sea solo en grato recuerdo, sino un punto de partida pensando en los Juegos Bolivarianos, Odesur y, finalmente, a los Juegos Panamericanos Lima 2027. Los tres especialistas coinciden: el próximo año, en nuestra capital, habrá una delegación en la que también brillen estos nombres, una mezcla de la experiencia de los Diego Elías, Stefano Peschiera o Kimberly García, y la juventud de los Goyzueta, Zariquiey, entre otros.
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