Es una convencida de que la filosofía puede transformar la vida de las personas. Y con mayor razón, si la sabemos combinar con el poder evocador y transgresor del arte. Esto llevó a Mériam Korichi, una filósofa y dramaturga francesa, a idear la Noche de la Filosofía, inspirada en esos provocadores encuentros propiciados por Andy Warhol. Se trata de una serie de ciclos maratónicos en los que la antigua disciplina de los griegos sale de los claustros académicos para llegar al público mediante charlas, conferencias, exposiciones y música. La primera de estas acciones se desarrolló en París, en 2010, y luego se replicó con éxito en ciudades como Londres, Nueva York, Berlín, Praga, Atenas, Buenos Aires y desde hace diez años en Lima.
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— ¿Y que balance podría hacer después de más de 15 años de actividades en diversas ciudades del mundo?
En realidad, fue extraordinario. La primera Noche de la Filosofía congregó a más de 1100 personas y la segunda, en Londres, donde no hay una escena filosófica popular, hubo 2100 personas. Lo importante para mí era que no se convirtiera en un evento universitario, académico, sino en un evento artístico. Y pensé que deberíamos hacerlo durante toda una noche que incluye la amanecida. Lo que saco en conclusión de todo esto es que hay un público y un interés muy fuerte, donde la gente puede asistir a las charlas sobre filosofía o a las actividades artísticas. Es una elección. La gente puede pasarse toda la noche sin escuchar nada de filosofía, sino ver solo arte. Pero, obviamente, así como en el simposio de Platón existe una relación muy especial entre las personas y la filosofía.
— En ese aspecto, ¿por qué cree que es importante la filosofía? ¿Qué nos puede aportar a nuestras vidas?
Es un tema amplio, pero voy a dar dos respuestas. La primera idea que me viene a la mente es, precisamente, que la filosofía nos trae algo que no es inmediatamente útil. Y eso es quizás lo más importante en la vida. Es decir, nos permite dejar de confundir el fin con los medios. Y la segunda respuesta es que la filosofía puede ser muy útil, porque la filosofía no es conocimiento, no es un corpus teórico. La filosofía es un método y si realmente queremos definir qué hace la filosofía, es que clarifica el pensamiento. Y una de las fuentes de sufrimiento o confusión actual ocurre cuando, justamente, no se sabe qué pensar. La filosofía nos permite tomar un poco de distancia, aclarar el pensamiento y tomar las cosas en un sentido existencial.
— En un mundo cada vez más economicista, la filosofía es vista como algo poco productivo, y esta disciplina viene siendo reducida o eliminada de las universidades, ¿ocurre este problema también en Francia y en Europa?
Existen (facultades de filosofía) todavía pero están en crisis, Y por supuesto, depende de las universidades. Siempre hay algunos centros que perseveran, porque tienen peso histórico, pero lo que me parece completamente nuevo hoy es que, en el contexto de una crisis climática global, se requiere más un enfoque filosófico. Precisamente, nos encontramos en un período en el que vemos los límites de este economicismo, de este utilitarismo y sus efectos destructivos sobre el planeta y sobre la vida humana. Y la vida humana, podemos decir, se ha convertido en objeto de la filosofía. Entonces, ¿qué tipo de vida debo llevar para que sea la mejor posible? ¿Cuál es el mejor modo de vivir para enfrentar los efectos del cambio climático? La filosofía puede ayudar a eso… Yo diría que aquí es donde quizás se produce la convergencia entre el pensamiento filosófico y el pensamiento indígena, de las antiguas tradiciones, en el sentido de que esta es la convergencia que implica al hombre como un todo… Hoy existe un gran movimiento que integra la filosofía con el pensamiento ecológico y observa y aprende nuevas formas de vida, de acción y pensamiento.
— En la reciente Noche de la Filosofía en Lima dio una charla sobre Spinoza, ¿qué nos puede decir un filósofo del siglo XVII a quienes vivimos en el siglo XXI?
Spinoza es singular. Pero no pensó completamente solo, sino como parte de una comunidad, por lo tanto, no debemos idealizarlo. Pero sí debemos reconocer que todo su esfuerzo estuvo orientado hacia la emancipación, en un siglo en el que no existía la libertad de pensamiento. En 300 años, hemos progresado, pero no podemos decir que estemos completamente emancipados. Así pues, Spinoza, en este punto, es una herramienta para comprender qué es la verdadera libertad… Spinoza rechaza la definición de libertad como libre albedrío o elección. Por lo tanto, necesitamos comprender cómo determinamos nuestras acciones. Eso es la autonomía. Y esta es la distinción importante: se trata de la determinación interna de hacer las cosas frente a las restricciones y obstáculos externos. Lo segundo es que estamos en un siglo donde las religiones y las intolerancias de todo tipo están regresando y gracias a ese tema quiero mencionar que mi próximo libro estará relacionado con la conclusión de este último libro (El código Spinoza). Porque, precisamente, en mi libro sobre Spinoza, conté una historia sobre la emancipación, la discriminación, la tradición y la opresión, pero no hay mujeres al mando de esto. Entonces, existía esta contradicción, porque al final, me veo obligada a reconocer que las mujeres solo estaban al margen, no eran gestoras del conocimiento, entonces decidí que en mi próximo libro seguiría investigando, neerlandés excavando y explorando cómo se hace ciencia, pero por mujeres.
— Una recuperación del protagonismo de la mujer en el pensamiento filosófico, científico y político.
Sí, porque lo que está en juego son otras formas de actuar y de ver. A menudo, y esto forma parte de la historia de la ciencia, suele haber una visión dominante que apunta en una dirección particular. Y esa visión tiende a confirmar lo que ya se ha dado por sentado. Construcciones que están dominadas por un sesgo de género. Entonces, hay voces disonantes que nunca fueron reconocidas. Ahora me interesa ese tema. Es lo que llamamos epistemología situada.
Además…
A saber
En su libro “Código Spinoza”, Meriám Korichi nos cuenta la historia de un manuscrito autógrafo perdido: aquel titulado “Etica” por el filósofo neerlandés, escrito a finales de 1674. Spinoza comparte una copia con un joven matemático alemán, quien emprende una gira por Europa como un investigador posdoctoral. Aquella copia fue hallada en El Vaticano en 2010.














