En los últimos años, en el debate sobre la masificación del gas natural han surgido dudas, comparaciones y preocupaciones en torno a dos caminos para llevar dicha energía hasta la puerta de las ciudades, que a veces se presentan como si fueran opuestos, pero que en realidad no lo son: el Gasoducto Sur Peruano y el esquema de transporte virtual mediante cisternas, ambos asociados al proyecto impulsado desde el Ejecutivo, muchas veces licitado y que busca cumplir con la promesa de llevar el gas natural a las localidades del centro sur de nuestro país.
Si bien ambos esquemas son por naturaleza distintos, ello no los convierte en competencia. Por el contrario, ambos tienen un objetivo común: que más peruanos accedan a una energía más económica, segura y eficiente. Por gasoducto o transporte virtual, el gas natural que se transporta es el mismo, con la misma calidad y seguridad, permitiendo acercarlo a las ciudades en beneficio de miles de familias, comercios, industrias y transportistas de nuestro país.
Hace mucho existe una gran expectativa en torno al gasoducto. Se trata de una obra de gran envergadura, largamente esperada por diversas regiones y asociada a una visión de desarrollo de largo plazo. Pero justamente por su escala y complejidad, demandará procesos constructivos que requieren de plazos extensos, por lo que su puesta en funcionamiento tardará entre 5 a 7 años.
Esperar por esa infraestructura, que es necesaria, no debería significar postergar un acceso más próximo a miles de usuarios a los beneficios que trae el gas natural. Ahí es donde el transporte virtual cobra sentido. Este esquema permite llevar esta energía mediante camiones especializados hasta plantas de almacenamiento en las ciudades, siendo imperativo para ello, independiente de la manera como llegue el gas natural a la entrada de las ciudades (por gasoducto o camiones), construir las redes de distribución que pasarán frente a los hogares, comercios industrias y grifos. Las cisternas no reemplazan al gasoducto, pero permiten adelantar la llegada del servicio para cuando las redes de distribución estén construidas.
No es elegir uno u otro. Es avanzar hoy y estar listos para mañana. Cuando el gasoducto se concrete, se conectará a las redes de distribución existentes, construidas con anticipación y que son las que finalmente abastecen de gas natural al usuario final, quien no percibirá el cambio.
Tener un gasoducto no significa contar con gas natural en casa. Se necesita un distribuidor que construya redes, que habilite y mantenga la infraestructura, además de atender cualquier emergencia. Sin distribuidor, no hay servicio. Por ello, avanzar desde hoy es clave para cerrar nuestras brechas históricas.