Hay victorias que suman tres puntos y otras que, además, construyen un relato. La de Alianza Lima en Tarma pertenece a la segunda categoría. No solo porque rompió una racha adversa en la altura, sino porque confirmó que el equipo de Pablo Guede empieza a reconocerse en una idea: resistir, competir y golpear con precisión. El 1-0 ante ADT, a 3.053 metros sobre el nivel del mar, fue menos vistoso que eficaz.
Hay victorias que suman tres puntos y otras que, además, construyen un relato. La de Alianza Lima en Tarma pertenece a la segunda categoría. No solo porque rompió una racha adversa en la altura, sino porque confirmó que el equipo de Pablo Guede empieza a reconocerse en una idea: resistir, competir y golpear con precisión. El 1-0 ante ADT, a 3.053 metros sobre el nivel del mar, fue menos vistoso que eficaz.
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El contexto no era menor. Semanas después de perder el clásico, Alianza llegó a una plaza donde nunca había ganado desde el ascenso de ADT en 2022. Cuatro visitas, apenas un empate. Y esta vez, además, con la exigencia física de la altura y la presión de un rival que suele hacerse fuerte en casa, aunque este año no lo empezó así (una sola victoria de local). Guede, consciente de ese escenario, decidió romper con su libreto habitual: apostó por un 5-3-2 que había ensayado en pretemporada, pero que nunca había utilizado desde el arranque en un partido oficial.
ALIANZA LIMA le ha vuelto a ganar en TARMA a ADT por Primera División de Perú después de 44 años. La última y única victoria había sido por el descentralizado de 1981 pero jugado en 1982, donde derrotó por 2-0 a los tarmeños con doblete de José Carranza.
— Son Datos No Opiniones (Jesús Chirinos) (@sondatos_noop) April 14, 2026
Alianza cedió el balón -ADT manejó un abrumador 79% de posesión-, pero nunca el control del partido. Se defendió en bloque bajo, redujo espacios y eligió cuándo atacar. Como si fuera ajedrez, cada movimiento tuvo sentido. El gol, el único de la tarde, fue una síntesis de la propuesta. Recuperación alta y pase al vacío de Esteban Pavez para un Eryc Castllo que ganó en velocidad y definió bien.
Más allá del resultado, lo que sostiene el presente de Alianza es su defensa. Y los números lo respaldan: es el equipo menos batido del Apertura, con apenas cinco goles en contra, y el que más veces dejó su arco en cero (cinco). Además, es el que menos remates a portería recibe: 28 en diez partidos, un promedio de 2.8 por encuentro. En Tarma, esa tendencia se acentuó: ADT solo remató una vez al arco.
La seguridad empieza en el arco. Alejandro Duarte ha sabido aprovechar la ausencia de Guillermo Viscarra y responde con solvencia. No solo ataja: ordena, transmite calma y sostiene al equipo en momentos de presión. En la zaga, el liderazgo de Renzo Garcés es indiscutible, bien acompañado por la regularidad de Mateo Antoni.
Jairo Vélez es una de las grandes figuras de Alianza Lima esta temporada. (Foto: Adrian Zorrilla / GEC)
Pero la defensa aliancista no es solo cuestión de centrales. Los laterales y volantes cumplen un rol clave. Marco Huamán, por ejemplo, destaca por su versatilidad y números: 19 entradas, 17 intercepciones y 21 despejes en lo que va del torneo. Es, sin exagerar, uno de los laterales más completos del campeonato.
En el mediocampo, el equilibrio tiene nombre propio. Pavez aporta ubicación y experiencia; mientras que Jairo Vélez representa el esfuerzo silencioso. Quita, corre y también juega. Sus cifras defensivas -19 entradas, 4 intercepciones y 3 despejes- reflejan una incidencia que muchas veces pasa desapercibida, pero resulta fundamental.