En 2017, Chuck Norris sufrió dos infartos con apenas 47 minutos de diferencia. Sobrevivió a ambos. La anécdota, que en cualquier otra biografía sería un dato clínico, en la suya parecía confirmar lo que durante años se repitió como broma: que la muerte, simplemente, no sabía cómo llevárselo. Esa mezcla de realidad y exageración definió una figura que hoy, tras su fallecimiento a los 86 años, lo mantiene en estatus de leyenda.
`; document.body.appendChild(modalWrapper); let figcaption = modalWrapper.querySelector(«figcaption»); if(figcaption) figcaption.style.display=»none»; modalWrapper.querySelector(«.s-multimedia__close-modal»).addEventListener(«click»,()=>{modalWrapper.remove(); e.style.display=»flex»; if(caption) caption.style.display=»block»;});})})});});
Su debut fue en la cinta “La mansión de los siete placeres” (1969), como personaje sin nombre. Sin embargo, su salto a Hollywood ocurriría con “El furor del dragón” (1972), donde Norris protagonizó junto a Bruce Lee una de las peleas más recordadas del cine. Bajo el Coliseo de Roma, ambos ejecutaron una coreografía precisa de golpes y patadas; Norris era derrotado por Lee, quien en la vida privada era su amigo.
A partir de ese momento, Norris encarnó un tipo de héroe que el cine de los años ochenta necesitaba: directo, implacable, sin ambigüedades. Películas como “¡Breaker! ¡Breaker!” (1977), “Lone Wolf McQuade” (1983), “Desaparecido en combate” (1984), “Código de silencio” (1985), “Fuerza Delta” (1986) e “Invasión U.S.A.” (1985) consolidaron su imagen de hombre que resolvía conflictos sin discursos, sino con acción pura.

El actor posa junto a su figura promocional de “Invasión U.S.A.” (1985), una postal que sintetiza su imagen de héroe imperturbable en el cine de acción de los años ochenta. (Photo by Pierre VERDY / AFP)
/ PIERRE VERDY
`; document.body.appendChild(modalWrapper); let figcaption = modalWrapper.querySelector(«figcaption»); if(figcaption) figcaption.style.display=»none»; modalWrapper.querySelector(«.s-multimedia__close-modal»).addEventListener(«click»,()=>{modalWrapper.remove(); e.style.display=»flex»; if(caption) caption.style.display=»block»;});})})});});
Cuando el cine comenzó a desplazar a sus viejos héroes, Norris encontró una segunda vida en la televisión con “Walker, Texas Ranger” (1993–2001). Su personaje, Cordell Walker, prolongó la figura del justiciero moral y lo instaló en millones de hogares durante casi una década. Incluso el propio actor fue nombrado en 2010 agente honorario de los Texas Rangers.
El giro más inesperado llegaría años después, lejos de los sets. En internet, a mediados de los 2000, comenzaron a circular los “Chuck Norris Facts”: frases que exageraban su dureza hasta lo absurdo. “Chuck Norris no duerme, espera” o “En una ocasión, la muerte tuvo una experiencia cercana a Chuck Norris” lo transformaron en una figura casi mitológica. Lo notable es que Norris no combatió esa caricatura, sino que la incorporó a su marca, que incluyó desde una línea de agua mineral hasta su propia serie de cómics en Marvel, “Chuck Norris Karate Kommandos”, además de su estilo de combate, el Chun Kuk Do.

Uno de los miles de “Chuck Norris Facts” que circularon en internet y lo convirtieron en una figura mitológica para nuevas generaciones.
`; document.body.appendChild(modalWrapper); let figcaption = modalWrapper.querySelector(«figcaption»); if(figcaption) figcaption.style.display=»none»; modalWrapper.querySelector(«.s-multimedia__close-modal»).addEventListener(«click»,()=>{modalWrapper.remove(); e.style.display=»flex»; if(caption) caption.style.display=»block»;});})})});});
En la pantalla, su despedida fue consciente. Su aparición en “Los mercenarios 2” (2012), rodeado de otras leyendas del género, funcionó como un cierre generacional. En sus últimos años, participó brevemente con apariciones en “Hawaii Five-0” y la película “Agent Recon”, aunque ya se encontraba retirado para cuidar a su esposa, Gena O’Kelly, afectada por complicaciones derivadas de un tratamiento médico.
De pensamiento conservador, Norris respaldó diversas candidaturas del Partido Republicano y expresó su admiración por figuras como Ronald Reagan. Fue columnista en el portal WorldNetDaily y utilizó su popularidad para apoyar al candidato presidencial Mike Huckabee en 2007, incluso participando en piezas promocionales que incorporaban con ironía su propio mito. También manifestó públicamente su cercanía con Israel, país que visitó en varias ocasiones, y su respaldo al primer ministro Benjamin Netanyahu.

Chuck Norris junto a su esposa, Gena O’Kelly, a quien dedicó sus últimos años, alejándose progresivamente de la vida pública para acompañarla en su tratamiento médico. (AP Photo/Tony Gutierrez)
/ Tony Gutierrez
`; document.body.appendChild(modalWrapper); let figcaption = modalWrapper.querySelector(«figcaption»); if(figcaption) figcaption.style.display=»none»; modalWrapper.querySelector(«.s-multimedia__close-modal»).addEventListener(«click»,()=>{modalWrapper.remove(); e.style.display=»flex»; if(caption) caption.style.display=»block»;});})})});});
En sus últimos días, Norris publicó un video en sus redes sociales donde aseguraba estar bien para luego lanzar un último Chuck Norris Fact: “No envejezco, subo de nivel”. Y si algo de verdad había en esos memes que lo acompañaron durante años, es que su muerte —imprevista, tras una urgencia médica en Hawái— no clausura su leyenda. Porque, tras una larga trayectoria marcada por logros y méritos, ya no es tan descabellado decir que no es él quien espera a la muerte, sino la muerte la que lo espera a él.














