Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.
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Tres días de Lollapalooza en Santiago dejan claro que se requiere de una logística importante para acoger un evento musical que convoca unas 80 mil personas por día. Pero también de una ciudad capaz de hacer convivir en armonía a esa multitud. La capital chilena tiene algo que el visitante percibe apenas llega: es ordenada, respetuosa de las normas viales y cuenta con un sistema de transporte fácil de usar. Moverse resulta sencillo incluso cuando miles de personas comparten el mismo destino.
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Llegar hasta allí es parte de la experiencia. El parque está conectado directamente con el Metro de Santiago (línea 2) y durante los días del festival el servicio amplía su horario hasta las dos de la madrugada, permitiendo una opción para regresar a casa de forma ordenada. A ello se suma un importante despliegue de buses que conectan distintos puntos de la ciudad a través de vías segregadas.
Las comparaciones suelen ser odiosas, pero en este caso son inevitables: hoy Lima no cuenta con un espacio urbano de estas características, ni mucho menos con la conectividad y la capacidad de movilidad que ofrece una red de transporte público eficiente. Aquí, en cambio, la línea 2 del Metro sigue en construcción tras más de quince años de trabajos. Duele decirlo, pero es una realidad: Santiago le lleva años luz a Lima como una ciudad moderna, sostenible y amigable con quienes la habitan y la visitan.
No por nada fue elegida en 2013 como la primera ciudad del mundo en acoger el festival Lollapalooza fuera de Chicago, donde comenzó todo a inicios de los noventa por iniciativa de Perry Farrell, vocalista de Jane’s Addiction.
La edición 2026 de Lollapalooza Chile confirmó hacia dónde se mueve hoy la industria musical global. El festival estuvo marcado por una fuerte presencia del pop y el hip hop, dos géneros que dominan las listas de reproducción, las plataformas de streaming y las principales premiaciones del mundo. El rock, que durante décadas fue el corazón de los grandes festivales, sigue ocupando un lugar importante en el cartel, aunque hoy comparte protagonismo con nuevas corrientes que conectan con los más jóvenes.
Esa mezcla también se refleja en el público: una de las postales más recurrentes del evento es ver a padres acompañando a sus hijos, o incluso compartiendo con ellos algunos conciertos, en un festival que se ha convertido en un punto de encuentro entre distintas generaciones.
El primer día iniciamos nuestro viaje con Ruel, joven estrella del pop australiano que encendió el escenario Cencosud la tarde del viernes 13 con sus melodías teñidas de soul y R&B. Hizo vibrar a los presentes con ‘Dazed & Confused’ y ‘Younger’, además de ‘Painkiller’, y sorprendió con un cover de ‘Girls Just Want to Have Fun’, clásico inmortal de Cyndi Lauper.
Al caer la noche, en ese mismo escenario, llegó el turno de Doechii, una de las raperas más electrizantes del momento. Con una puesta en escena intensa y teatral, la artista desplegó un show de hip hop feroz y coreografiado, alternando rimas, actitud desafiante y una energía que prendió al público de principio a fin. Entre los momentos más coreados destacaron Alter Ego y Anxiety, convertidas en verdaderos himnos frente al escenario.

Doechii. (Fotos: Lotus.Cl/ Prensa Lollapalooza Chile)
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El cierre de la primera jornada llegó de la mano de Sabrina Carpenter, que ofreció un apoteósico show y un impresionante despliegue escénico, el mismo con el que se ha venido presentando en los principales escenarios del mundo. La joven estrella del pop conquistó el corazón de las “carpenters”, quienes se unieron a una sola voz, como en una terapia colectiva, al ritmo de ‘Manchild’, ‘Please, Please, Please’ y ‘Espresso’, temas que condensan esa mezcla de ironía, coquetería y espíritu ‘power girl’ que tan bien encarna la cantante.

Sabrina Carpenter. (Fotos: Lotus.Cl/ Prensa Lollapalooza Chile)
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El segundo día, sábado 14, ofreció un poco de todo. La jornada arrancó con buenas dosis de indie rock y new wave de la mano de la banda australiana Royel Otis, que presentó Hickey, su más reciente disco. Luego fue el turno de Katseye, el grupo femenino de pop formado por Hybe, la productora detrás de BTS. A pesar de la baja de una de sus integrantes, las chicas ofrecieron un show potente y versátil, cargado de coreografías que el público replicaba con entusiasmo frente al escenario. Un par de horas más tarde, la banda de punk Turnstile, originaria de Baltimore, desató el momento más enérgico de la jornada: la gente cantó, saltó y pogueó sin parar, como debe ser en un concierto de rock.
La noche también tuvo uno de sus momentos más celebrados con la presentación de Tyler, the Creator. El rapero estadounidense ofreció un set que recorrió varias de las canciones de sus trabajos más recientes —entre ellas material de ‘Chromakopia’ y ‘Don’t Tap the Glass’—, discos con los que ha recibido elogios de la crítica. Pero, más allá de su propuesta musical, fue su carisma el que terminó de conquistar al público: entre canción y canción soltó algunas frases en español, gesto con el que terminó de meterse a la audiencia en el bolsillo.

Tyler The Creator. (Fotos: Lotus.Cl/ Prensa Lollapalooza Chile)
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El domingo 15, último día del festival, continuó con presentaciones que hicieron retumbar el parque desde temprano. La banda argentina Bandalos Chinos encendió la tarde con su ya conocida mezcla de indie pop y ritmos electrónicos, un repertorio de hits que, fiel a su estilo, puso a bailar al público frente al escenario. Con la luz dorada del atardecer llegó Marina, que apareció bañada por el sol como una figura casi mitológica para presentar su más reciente disco, ‘Princess of Power’, reafirmando su lugar como una de las voces singulares del pop británico. Inmediatamente después fue el turno de Addison Rae, la tiktoker convertida en popstar, que conectó con la audiencia más joven con un set vibrante que incluyó temas como ‘Diet Pepsi’, ‘Aquamarine’ y ‘Headphones On’, coreados con entusiasmo por sus seguidores.














