La denuncia de la periodista Talía Azcárate en contra de esa gavilla de impresentables que la amenazó e insultó en un space de X ha puesto al descubierto, una vez más, cuán miserable puede convertirse un ser humano llevado por el fanatismo.
La denuncia de la periodista Talía Azcárate en contra de esa gavilla de impresentables que la amenazó e insultó en un space de X ha puesto al descubierto, una vez más, cuán miserable puede convertirse un ser humano llevado por el fanatismo.
Y no me refiero solamente a quienes la agraviaron en ese foro virtual.
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Los comentarios en las redes sociales han sido tan o más vomitivos. Además de espetarle haber callado ante otros ataques, han justificado lo sucedido por no comentar “objetivamente”. Varios usuarios dejaron entrever que las agresiones no cesarán y hasta algunas mujeres se sumaron a ese asqueroso cargamontón.
No es la primera vez que Talía denuncia estos agravios. En otras entrevistas ha mencionado las enormes dificultades que ha debido enfrentar desde que decidió dedicarse al periodismo.
Hace dos años, junto con el profesor y periodista Carlos Novoa, tuve la oportunidad de entrevistarla para una pequeña investigación sobre la presencia de las mujeres periodistas en el periodismo peruano (pueden encontrar el documento completo en el repositorio académico de la Universidad de Lima). Ahí nos dijo esto: “Cuando comento el torneo local -suelen tocarme los partidos de Alianza y Cristal-, el nivel de insulto de la gente es desproporcionado. En el clásico una persona escribió ‘Cállate el hocico, cagona, te voy a matar a ti y tu hijo’. Entiendo que el fútbol es pasional, pero esto es otro nivel. La primera vez que comenté un partido de Alianza, en un estudio muy chiquito y con un retorno muy malo, llegué a mi casa y le dije a mi esposo: ‘Tengo que analizar si quiero lidiar con esto’”.
Otras periodistas también han padecido situaciones similares. En su cuenta de X, Darinka Zumaeta reveló uno de esos episodios: “En algún momento, yendo a un Melgar vs. U, me amedrentaron en el avión estando embarazada. Les juro que me arrepiento de no contarlo, pero temía que me pase algo (o peor aún, le pase algo a mi hija)”.
Quienes critican a las víctimas por no denunciar estos hechos olvidan lo que significa vivir en un país machista como el nuestro, el ambiente hostil al que deben enfrentarse y la alta posibilidad de ser revictimizadas.
Solo el año pasado, hubo 133 feminicidios y según la Encuesta Demográfica y de Salud Familiar correspondiente al 2024, la violencia psicológica o verbal afecta al 48.4 % de las mujeres.
El periodismo deportivo navega en un ambiente hipermasculinizado, por lo general tóxico. No son pocos los periodistas que miran por encima del hombro a sus colegas y explicitan su desprecio mandándolas “a la cocina”. Las redes sociales son un pozo séptico que los hinchas utilizan para escupir sus maldades y complejos.
Talía ha sido muy valiente. Como dijo Darinka en su post “lo está haciendo por ella y por todas”. Está mostrando el camino.













