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Zaira es de las más bravas del foro, de las que no necesitan un partido para pasar del floro a la acción contra el sistema. En estos años de castillismo ha deambulado por redes y calles del centro histórico, buscando pendencia y codeándose con colectivos del rosa al rojo escarlata.
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“Aunque suele invocar a colectivos diversos y conjuga al pueblo de diversas y posesivas maneras, es una mujer orquesta que hace su propia bulla, percusión y coros”
El rojo la exalta tanto que echó a pintura de ese color a policías que cuidaban una marcha anticastillista de enero del 2023 en lo que ella consideraba su territorio.
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Los policías la sacaron jalándola de las cuatro extremidades, en pose Túpac Amaru, tan chorreada de rojo que parecía ensangrentada, mientras chillaba zambacanuta contra el sistema, contra la derecha hambreadora y reaccionaria y contra el Congreso tal por cual ante el que ahora hace lobby para acceder. Por eso está en el candelero.

Es accesitaria de Guillermo Bermejo que, al ser condenado a prisión, ha dejado su curul vacía. Sin embargo, el reformado artículo 15 A del reglamento parlamentario establece que no habrá reemplazo a congresistas condenados por delitos graves como terrorismo, que es el caso de Bermejo.
Ahora bien, hay que decir a favor de Zaira que el reglamento dice que el condenado debe tener sentencia firme, o sea confirmada en segunda instancia, que no es el caso de Bermejo.
Sin embargo, en una interpretación que enciende el debate jurídico, la gestión de Fernando Rospigliosi se ha cerrado en que el espíritu de la ley es dejar la curul vacía y Zaira tendrá que esperar hasta que se pronuncie la segunda instancia.

La espera, que no podrá exceder a julio del 2026 cuando termina el periodo congresal, sería hueca. Si la sentencia se vuelve firme en segunda instancia, Zaira ya no tendrá nada que alegar, y si Bermejo fuera absuelto, sería él y no ella quien ocupe la curul.
En nombre del pueblo
Si hay que graficar el trance de Zaira es este: una manaza (la de Rospigliosi) deteniéndola en la frente, mientras ella, desmelenada, da patadas al aire y palazos de ciego.
Fiel a su modo maniqueo de ver las cosas, en las entrevistas en las que defiende su posición, dice a sus entrevistadores ‘ustedes’ mientras ella se reserva el ‘nosotros’ como sinónimo del ‘pueblo’.
Aunque tuvo apenas 4416 votos (muy poco para Lima) en el 2021, Zaira, tomen nota, habla siempre en nombre del pueblo. Ello contrasta, sin embargo, con su lucha solitaria.
Perú Libre, el partido con el que postuló tanto al Congreso Complementario del 2020 como en el 2021, la expulsó en el 2022. Ella denunció a todo pulmón que gente del partido había falsificado su firma para inscribirla como postulante a regidora metropolitana en la lista del candidato a la alcaldía de Lima, Yuri Castro.
Tuviera o no razón, su pataleta fue considerada tan infraterna e inoportuna por los perulibristas, que la expulsaron. Si no hacía lío, tampoco hubiera sido regidora, pues Castro no logró ni un asiento en la oposición metropolitana. Quizá una de las razones por las que Zaira huyó de la designación municipal es que no quería comprometer la oportunidad de ser congresista. No solo era accesitaria de Bermejo sino de cualquiera de los 37 perulibristas elegidos en el 2021.

Aunque no tuvo ni tiene curul, tanta brincadera y volumen alto, le ha dado cierta notoriedad a Zaira. De vez en cuando, ha sido invitada a dar entrevistas en las que fustigaba no solo a la derecha en general sino a la izquierda de Perú Libre en particular.
Para ella, Vladimir Cerrón es un ‘traidor al pueblo’, aliado a la derecha en el Congreso. Pedro Castillo es el único líder al que dice mantenerse leal.
Aunque suele invocar a colectivos diversos y conjuga al pueblo de diversas y posesivas maneras, es una mujer orquesta que hace su propia bulla, percusión y coros. No solo lo hace en el Perú. Hizo un viaje a Brasil y Argentina tras el cual regresó con aires de vocera del Foro de Sao Paulo, por decir lo menos. Entrevistada por Jaime Chincha, respondió con un acento argentino que fue delicia de trolls de derecha e izquierda.
El acento porteño se le pasó pronto; lo que no se le pasa es esa radicalidad absoluta de convocar una asamblea constituyente para refundar al país en manos de Pedro Castillo, quien para ella no fue ni golpista, ni inepto ni corrupto, sino que le impidieron gobernar.
Narrativas y conspiraciones hacen corto circuito en el discurso de Zaira, volviéndola impredecible e inmanejable para cualquier grupo. He ahí la principal traba para que pesque una curul y un futuro en la política.













