Pese a perder la voz —su herramienta más íntima—, pese al silencio forzado, a la pausa larga y al freno que la vida le puso cuando no sabía detenerse, Miguel Bosé volvió. Volvió restablecido, con los ánimos al tope y seguro de que el retiro no era una opción. Ni siquiera cuando el cuerpo le obligó a callar y el mundo siguió girando sin él sobre los escenarios.
“Eso no va a pasar; no me lo puedo imaginar. Yo no me voy a retirar. Puede que deje alguna actividad, o que otras las haga con menos frecuencia. Puede que aparezcan cosas nuevas, que cambie mi forma de trabajar o que integre otras creatividades en mi vida. Pero retirarme, no me veo. ¿Qué haría yo si me retiro? Me aburro”, reflexiona el artista español.
Durante esos 14 años lejos del ruido que impone el éxito, Miguel Bosé asegura que no vivió ni angustia ni caída. Habla, más bien, de comprensión, de entender por qué ciertas cosas llegan y qué hacer con ellas.
“Yo no he tenido absolutamente ningún momento de verdadera angustia. Siempre pensé que había que entender el porqué de las cosas que te llegan en la vida, asimilarlas, procesarlas y resolverlas”, explica. “Cuando perdí mi herramienta, me puse a trabajar enseguida para recuperarla, porque sabía que de alguna manera, en alguna parte, había una solución. Y así fue”.

Miguel Bosé durante su gira «Importante Tour». (Foto: Jennifer Pochat)
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Su voz volvió. Pero no igual. Volvió con más historia. “Ha vuelto con todo su esplendor, su empaque, con más fuerza, con más autoridad. ¿Por qué? Porque todo lo que te pasa arrastra emociones y experiencias que dejan huella en las cuerdas vocales. Lo mismo pasa cuando hablas. Exactamente igual”, aclara.
Miguel Bosé asegura que durante estas casi cinco décadas de trayectoria nunca ha hecho música por obligación. La creatividad, explica, no responde a relojes ni a imposiciones externas.
“La música para mí ha sido una necesidad, una urgencia. Es mi autoridad, mi autoría, mi lenguaje. Desde que empecé supe que ese iba a ser mi vehículo. Jamás me levanté pensando que iba a trabajar. No nace del tengo que, nace de otra parte”, señala.
Esa relación esencial con la música también explica por qué el paso del tiempo no le ha cambiado el vínculo con sus canciones más emblemáticas, como “Linda”, “Si tú no vuelves” y tantas otras que han estado siempre ahí, entrando y saliendo de los repertorios, mutando con cada etapa.
“La manera en la que sonaban queda obsoleta, entonces las llevas a otro mundo sónico, las actualizas, les cambias el ritmo, las pones al día para poder defenderlas hoy”, dice.
En 2027 cumple 50 años de trayectoria artística y vuelve con un espectáculo que va más allá del concierto: un espectáculo integral, casi una ópera, con relato, sonido, arreglos, luces, escenografía, vestuario y más.
Por eso el tour se llama Importante: porque lo ocupó todo. Porque, dice, es la vuelta después de mucho tiempo y la última concepción de algo que excede al escenario.
“Lo llamé así porque era lo más importante que tenía entre manos. Tomó todo el espacio de mi vida, se volvió lo central. A diferencia de los otros tours, este es el último y la última visión: el último trabajo, la última concepción de algo que va más allá de un concierto. Estamos en 2026. Imagínate cuánto ha cambiado todo desde 1977, cuando empecé mi carrera: las costumbres, la forma de pensar, incluso la manera de decidirlo todo”, aclara.
Con el tour que inició a comienzos de 2025 en México, Miguel Bosé marcó su retorno a Lima: el próximo 4 de marzo se presentará en el Arena 1 de la Costa Verde. Perú aparece en su mapa personal no como una parada más, sino como un territorio afectivo, tejido a lo largo de los años.
“No estuve muy ausente de Perú. Una vez fue una visita gastronómica. Otra, por asuntos, que tenían que ver con el algodón de Piura. En fin, he estado mucho, y ahora vuelvo en concierto. Lo que más me encanta son los restaurantes, la comida peruana me vuelve loco: la papa la huancaína, los tiraditos…”, asegura. “Tengo muchos hilos que me atan. Mi primer asistente personal, cuando empecé con ’Linda’, era peruana. Todavía sigue siendo muy cercana y está siempre en mi equipo”, confiesa.
Con más de 30 millones de discos vendidos, más de 70 números uno, música ha acompañado diversas generaciones. Sus canciones han sido la banda sonora de padres e hijos. Y de eso se siente orgulloso.
“Es una maravilla que eso suceda. Un privilegio, porque hay muy pocas carreras tan largas, que abarquen tantas generaciones y que hayan podido emocionar a tantas personas”, dice.
En esta etapa, Bosé no esquiva la palabra conciencia. Al contrario, la coloca en el centro de su propuesta artística y vital. “Todo”, responde cuando se le pregunta qué espacio ocupa hoy.
“El problema de la sociedad es que no conecta con su conciencia ni con una conciencia universal, que es la que permite que las cosas sigan siendo puras, fuertes, con peso intelectual, cultural y espiritual. Cuando yo iba a la escuela, nos enseñaban a pensar y a cómo pensar. Hoy te dicen qué pensar. Si te sales de eso, eres un paria. Y el ser humano es gremial por naturaleza”.
Después de una pausa larga, Miguel Bosé asegura que para él se abre una nueva era. Dice vivir un presente “glorioso, importante, único”, un punto de partida más que un cierre.
“Es el inicio de una etapa con proyectos que son totalmente nuevos, que no tienen nada que ver con lo que pude imaginar en el pasado”, reconoce. ¿Música? “Sí. Y también otras cosas”, finaliza.
Además…
El ícono del pop español se presentará el 4 de marzo en Arena 1. Las entradas están a la venta en Ticketmaster.




