En el Perú, la crisis es permanente y parece que a casi nadie le importa. El martes, y en la víspera de que acudiera al Congreso a solicitar el voto de confianza, el presidente José María Balcázar decidió que Denisse Miralles ya no le servía en el Ejecutivo. Según él, quería reforzar el tema de la seguridad en el Gabinete, por lo que nombró al exministro de Defensa como nuevo presidente del Consejo de Ministros.
Lo cierto es que fuentes consultadas nos confirmaron que Balcázar no tuvo el valor de despedir a Miralles directamente, sino que mandó a un miembro del Gabinete a hacerlo y, cuando ella lo buscó pidiendo explicaciones, su respuesta fue: “El tema es sencillo, o renuncias o te renuncio”. La ex primera ministra quería presentarse ante el Parlamento; estaba segura de que tenía los votos.
La conclusión a la que arribaron personas cercanas a Miralles es que había dicho demasiadas veces “no” a pedidos de nombramientos y no participó en la designación del presidente de Essalud, hombre de Alianza para el Progreso. Así como Miralles no estaba de acuerdo en ceder a presiones, lo mismo le ocurrió al exministro de Salud Luis Quiroz, quien prefirió dar un paso al costado luego de haber removido a funcionarios allegados a APP. Su reemplazo, Juan Carlos Contreras, ya había sido despedido por el propio Quiroz del Instituto Nacional de Salud. El funcionario sancionado terminó poniéndose el fajín. El mundo al revés.
A este desgobierno hay que sumarle el festín de presupuesto en el que se ha convertido Essalud para la familia política de César Acuña. Un reportaje de “Cuarto poder” evidenció que la empresa Inversiones de Alimentos del Norte S.A.C., cuya representante es una allegada a la familia Horna, obtuvo un contrato por 2’100.000 soles. La misma empresa también se benefició con 29 órdenes de servicio en Essalud por más de un millón de soles.
Entretanto, Arroyo debe acudir al Congreso en un mes a pedir el voto de confianza. Irá a un Parlamento que estará en pleno proceso electoral y quizás con congresistas ya elegidos. No olvidar que la ley determina 30 días para que el presidente del Consejo de Ministros solicite la confianza al Legislativo. Como Arroyo fue designado el 17 de marzo, el plazo para presentarse vence el 17 de abril.
Y por si fuera poco, este Congreso de salida aprueba un dictamen que modifica la ley de minería poniendo en riesgo concesiones vigentes, y el ministro de Energía y Minas, Ángelo Alfaro, que tendría que opinar sobre este despropósito, está más ocupado en la acusación que le hace una señora que asegura que Alfaro abusó sexualmente de ella cuando tenía 16 años, y él, 47. ¿Balcázar sería capaz de pedirle la renuncia cuando él mismo asegura que “las relaciones sexuales tempranas ayudan al futuro psicológico de la mujer”?
Ante este desolador panorama, uno se pregunta: ¿y si las elecciones fueran mañana?
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