
Tuvo que pasar una larga ausencia para que se entendiera la importancia de un festival de rock en Lima. Seis años sin un Vivo x el Rock fueron suficientes para que esta edición se sintiera como un reencuentro con esas canciones que desatan el frenesí del pogo o que simplemente justifican desempolvar la camiseta de la última gira de alguna banda y brindar con los amigos.
Apenas cruzada la puerta, la magnitud del evento imponía la necesidad de armar una ruta propia, lo que implicó sacrificios inevitables: Miki González o Zen, Deadly Apples o A.N.I.M.A.L, Molotov o Smash Mouth. Para los indecisos, la fila del área gastronómica servía como tiempo de reflexión. Y si aún quedaban dudas, una vuelta por la rueda de la fortuna para contemplar el Lurin Live en su totalidad, despejaba la mente de cualquier inquietud.
Las primeras grandes movilizaciones del público llegaron con G3, Masacre y Miki González, quien, acompañado por Los Mirlos, marcó el inicio de una seguidilla de presentaciones memorables del rock nacional que incluyeron artistas como Difonía, La Mente e Inyectores.
Tras las grandes presentaciones de artistas nacionales en el escenario principal, Capital Cities tomó la posta con temas como “Kangaroo Court” y “Safe and Sound”, marcando la transición del día hacia una noche de baile, energía y puro rock, así como la aparición de metaleros veteranos con parches de cada concierto al que asistian.

La fuerza del metal
Mientras La Mente, Inyectores y Gala Brie cerraban sus sets, un acorde de guitarra eléctrica capturó la atención de los dispersos. Se sumó la batería y, de inmediato, una marea de gente corrió hacia el primer escenario: Deadly Apples traía el metal canadiense, una fusión de potencia y cortesía que se tradujo en canciones de metal seguidas constantemente por algún tipo de agradecimiento al público.
Entre la multitud, banderas de Colombia y México ondeaban mientras se preparaba lo inevitable: “Sepárense, ábranse, esperen”. El baterista marcó el ritmo, el vocalista rugió y el pogo estalló. Latas de cerveza, camisetas, lentes y algún adolescente salieron volando. Terminó la canción, y todo volvió a empezar.
Molotov logró el mismo efecto, convocando multitudes, mientras la nostalgia encontró a su propio headliner con Smash Mouth, quien a unos metros desataba la euforia con “All Star”, provocando un coro colectivo entonaba el hit noventero mientras escenas de Shrek aparecían en la pantalla.
Desde los ochenta, Anthrax trajo su metal pesado; de los noventa, La Liga del Sueño hizo lo suyo con los himnos de Mundo Cachina. Pero el momento más esperado llegó cuando Marilyn Manson apareció en escena. El Lurín Live se desbordó. Vestidos de látex, cuero y con el rostro pintado, sus seguidores fueron los primeros en llegar. Antes de que el músico dijera una sola palabra, la euforia ya los hacía saltar. Puños al aire y cuernos en alto recibían a la leyenda del metal.
En su primer viaje al Perú, aquella figura que en la adolescencia fue representada de muchas formas distaba de ser un demonio o el mismísimo anticristo. Más bien, parecía uno de esos personajes que deambulan por el Centro de Lima un sábado por la noche, o ese viejo amigo que, al salir de la oficina, no duda en decirte que sí para ir a un bar. Así, más de 36 mil asistentes, cerveza en mano, corearon su nombre y explotaron con “The Beautiful People”, o se quedaron a cantar su versión de “Sweet Dreams”
Manson canta su último tema, la multitud aplaude y lo despide a lo grande con uno de los mayores pogos del evento. Nadie se salvó de la energía del artista, excepto aquellos que descansaban en el patio de comidas, esperando una nueva oportunidad para entregarse a los brazos del festival.
Antes del cierre, Los Fabulosos Cadillacs demostraron que hasta los headbangers pueden bailar, rompiendo el mito de que el rockero solo sabe sacudir la cabeza con el ceño fruncido. Y cuando la noche parecía extinguirse, Avenged Sevenfold recordó a todos que el rock no muere en la adolescencia ni con la ausencia de un festival. Está ahí, latente, esperando momentos como este para volver a la vida.