David Beckham no solo fue uno de los futbolistas más mediáticos de su generación: también fue, para muchos, el más elegante. El excapitán de Inglaterra construyó un personaje que trascendía la cancha. Y en esa imagen hubo un elemento clave: Victoria Beckham, el fichaje más icónico de su vida fuera del fútbol.
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Porque antes de ser parte del universo WAG, Victoria ya era celebridad global. En los noventa fue Posh Spice, integrante de las Spice Girls, uno de los fenómenos pop más grandes de la historia. Esa fama previa es importante: Victoria no aterrizó al fútbol desde la sombra, sino desde el escenario. Y cuando se cruzó con Beckham, la pareja no solo capturó titulares: creó una estética, un estilo de pareja que terminaría influenciando el mundo del fútbol moderno.
A principios de los 2000, el término WAG —siglas de Wives And Girlfriends, “esposas y novias” de futbolistas— se convirtió en un fenómeno mediático. Las cámaras ya no enfocaban solo el juego: también buscaban las tribunas, los túneles, las llegadas, los looks dentro y fuera del estadio. Y en esa narrativa paralela, Victoria Beckham reinó sin competencia. Mientras el fútbol se consolidaba como espectáculo global, ella transformaba el rol de WAG en un personaje cultural.
Hubo un rasgo que la separó del resto: el control estético. Victoria no vestía para pasar desapercibida, pero tampoco para gritar. Su estilo se basaba en siluetas definidas, piezas estructuradas, tacones altos, gafas XL. Su imagen comunicaba intención, disciplina y poder. No seguía tendencias: marcaba la pauta.
Matching power couple
Algo que no pasó desapercibido en esta pareja fue la coherencia de estilo entre ambos: los Beckham eran un equipo también al vestir. Las alfombras rojas de aquella era dejaron una colección de looks coordinados que ya son archivo cultural, y el legendario conjunto morado de bodas —inolvidable y absolutamente 2000’s— convirtieron a la pareja en un símbolo pop. Victoria era una fashion girlie y David no se quedaba atrás, siendo el complemento perfecto. En una época donde la moda futbolera todavía no era industria, ellos ya entendían algo esencial: la imagen también es estrategia.
Si hay un momento que resume la era dorada de las WAGs, es el Mundial de Alemania 2006. El torneo fue fútbol, sí, pero también fue flash de paparazzi, celebridades en tribuna, portadas diarias y narrativa de estilo. Victoria Beckham no “asistía” a los partidos: aparecía como si cada estadio fuera una pasarela. Alemania 2006 fue el punto máximo de la cultura WAG, y ella sin exagerar fue su reina absoluta.
Con el tiempo, Victoria hizo lo inesperado: evolucionó. Hoy no es solo un ícono pop o una figura mediática del fútbol. Es una diseñadora de moda británica reconocida, con una estética más sobria, elegante y refinada. Su sello se consolidó: líneas limpias, colores neutros, sofisticación sin exceso. El look cambió, pero el estatus no.
Tal vez por eso, cuando en 2024 Victoria y David celebraron 25 años de matrimonio recreando sus looks nupciales, el gesto se sintió como cierre perfecto: una pareja que entendió el valor del símbolo desde el inicio. Victoria Beckham no fue una WAG más. Fue la OG de la era moderna: la mujer que convirtió ser WAG en un fenómeno global de estilo —y, junto al ex capitán de Inglaterra, una de las parejas más icónicas del fútbol.
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