El Barcelona vio brillar nombres históricos como Diego Armando Maradona, Rivaldo, Ronaldo y Romario. Un hombre fue el que estuvo detrás de esos fichajes: Joan Gaspart, entonces viceperesidente del club. Pero su mejor herencia llegó aquel 14 de diciembre del 2000, casi como un regalo de Navidad: como presidente, vio aquella famosa firma en la servilleta de un pequeño argentino llamado Lionel Messi. Veintiséis años después, Gaspart, en esta charla con El Comercio, aún sigue deleitándose del ’10′ argentino que disputará este domingo su segunda final mundialista ante España, su país.
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—¿Cuál fue la primera impresión que tuvo de aquel Messi de 13 años?
Con quien tenía una relación era con su padre, puesto que él era un niño. Pero los técnicos -que son los que más entienden- y directivos me hablaban maravillas de él. Sobre todo uno especial, Carles Rexach, me dijo que él veía a ese niño de 13 años hacer cosas que no había visto en niños. En el mundo del fútbol hay veces que hay niños de 13, 14 o 15 años que maravillan, pero después con el transcurso de los años pierden esa faceta excepcional. En el caso de Leo Messi, no solamente no la perdió, sino que la fue incrementando. Los técnicos me transmitían que ese niño hacía cosas que no habían visto hacer a otros niños de su edad.
—¿Qué tan importante fue el rol que cumplió Jorge Messi, su padre, para que Messi llegue hasta donde está hoy?
Fue vital. Importantísimo. He visto a niños y jóvenes que, siendo buenos jugadores, su entorno no les ha facilitado o no les ha sumado. Jorge, primero como padre, pero como padre de un futbolista que ya destacaba, siempre estuvo muy pendiente de su hijo, no lo dejó en ningún momento aislado y se preocupó en todos los aspectos deportivos y personales. El entorno de Leo era muy pequeño, era familiar, y Jorge era el que mandaba en el sentido de irle guiando hacia donde hoy es Leo Messi como persona. Normalmente, los jugadores que destacan enseguida tienen un entorno de muchos “amigos”, pero en el caso de Leo, su entorno se limitaba a su familia y básicamente a su padre.
—En aquel momento se dio la famosa firma en la servilleta. ¿Qué recuerda de ese episodio?
Lo de la servilleta es una mera anécdota simpática, pero no tiene ningún valor legal; no sirve como contrato. El primer contrato legal oficial que firmó Jorge en nombre de su hijo fue en las oficinas del Barcelona, siendo yo el presidente del Barza, y lo firmó mi vicepresidente deportivo, Francesc Closa. La servilleta está muy bien y es graciosa, pero se podría haber deshecho si después el Barza como entidad no lo hubiese ratificado. En aquel momento se pensó, por recomendación de un exjugador muy importante que estaba como mi asesor deportivo (Carles Rexach), no solamente en el plan deportivo, sino en el educativo y físico. Leo era un niño muy delgadito y tuvo unos cuidados muy especiales para que se formase en todos los aspectos personales y físicos.

La servilleta del primer contrato de Lionel Messi con el Barcelona (Foto: Horacio Gaggioli).
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—¿Hubo en algún momento temor de que Lionel Messi no jugara por el Barcelona y pudiera hacerlo en otro equipo de España?
No, porque Leo desde pequeño y su entorno estaban agradecidos al Barcelona. Cuando se dice lo mucho que Leo Messi aportó al Barza, yo digo siempre que el Barza le dio mucho a Leo también; es lo que se llama un “win-win”. El Barza lo hizo famoso y le dio un equipazo a su alrededor, porque Leo es un gran jugador, pero tenía a Xavi, Iniesta, Busquets y Carles Puyol. No es lo mismo estar rodeado de jugadores de esa categoría que de otros de otro nivel. Él es barcelonista, se instaló con su familia en Barcelona y estoy seguro de que el día que se retire, su residencia será Barcelona, sin dejar de reconocer su pasión por Argentina. Espero que el club tenga la habilidad de que se quede vinculado como embajador, porque su fama va más allá de lo estrictamente futbolístico, como Pelé o Di Stéfano.
—¿Fue un error del Barcelona dejaron ir en 2021?
Esto ya es muy complejo. Desgraciadamente, hoy día el tema económico se está imponiendo a otros temas que en mi época eran secundarios. Cuando Leo tenía que renovar y ambas partes querían, los responsables de la economía del club opinaron que el contrato pactado podría llevar al Barza a una situación económica complicada. Se impuso una posición económica sobre un deseo deportivo. ¿Se equivocó el Barza? Desde el punto de vista deportivo, por descontado; fue un error gravísimo. Creo que el presidente (Joan) Laporta quería que se quedase a cualquier precio, pero los responsables económicos le hicieron ver que no podía ser. Leo se fue al PSG y no consiguió éxitos deportivos importantes porque le faltaba ese sentimiento enorme que tenía con el Barza. En cambio, cuando juega con el Barza o con Argentina, ahí hay otro Leo Messi que juega con una capacidad única y una pasión que demostró, por ejemplo, contra Egipto en este Mundial, remontando un 0-2 en diez minutos
—¿Este Lionel Messi, con 39 años y ocho goles en este mundial, tiene la capacidad de volver al Barcelona y al fútbol de élite?
El Barza es el único club donde Leo tendría esa parte de sentimiento. Él había decidido no jugar este mundial, pero bastó que los argentinos se lo pidieran de rodillas para que volviera por sus sentimientos hacia su país. Leo es una persona con sentimientos muy profundos y el único lugar donde podría terminar su carrera, si él quisiera, es el Barcelona. Ahora tiene un contrato en Miami, pero él sabe que el fútbol europeo es diferente. Si desease terminar vistiendo una camiseta, estoy seguro de que no iría a otro club que no fuese el Barza, y no por dinero. Si no es como jugador, ojalá se incorpore como embajador del club.
—Si Messi gana un segundo Mundial, ¿qué debería hacer el Barcelona -o el fútbol mismo- para rendirle homenaje?
Aunque no lo gane, debería ser homenajeado. Yo estoy siguiendo el Mundial y, aunque soy catalán y español, cuando veo a Argentina, veo el partido de Leo Messi contra Egipto, no de Argentina contra Egipto. Sufrí muchísimo por él; no quería concebir que se fuera del Mundial faltando diez minutos. Salté de alegría como un argentino más cuando ganaron. El Barza le tiene que rendir un homenaje al margen de si gana el mundial o no. Para eso hace falta que nos sepamos perdonar mutuamente. Los dirigentes del Barza tienen que pedir disculpas a Messi porque adoptaron una actitud económica y no deportiva, lo que le causó un disgusto enorme. Y Messi también tiene que perdonar y olvidar esa situación triste
—Hablando del Barcelona, el club tiene nueve jugadores en cuartos de final del Mundial (ocho en la selección española). ¿Qué tiene la institución para ser tan poderosa deportivamente?
El Barcelona, por historia, es un club con una estructura deportiva muy fuerte y seria, que saca muchos jugadores que a la postre terminan destacando en sus selecciones. Hay jugadores del Barcelona en España, Francia; pero me gustaría que campeone España y si no se da, que sea Argentina por Leo Messi. Si Leo es feliz, yo soy feliz.
—Messi, goleador del Mundial y máximo asistidor, ¿es el mejor jugador de la historia?
Para mí sí, para mí sí. Mi padre decía que era (Ladislao) Kubala, mi abuelo decía que era (José) Samitier, y yo que vi jugar a Di Stéfano y Pelé, puedo decir que Leo hoy es el mejor del mundo. ¿Dentro de 10 años? No lo sé, tal vez salga otro jugador excepcional como Lamine Yamal, que tiene 18 años y mucho recorrido. Pero egoístamente, como yo fui quien fichó a Leo Messi con 13 años, quiero morir pensando que sigue siendo el mejor del mundo. Tuve la suerte de estar ahí por casualidad como presidente y nos hizo disfrutar lo que no está escrito.

Lionel Messi y Lamine Yamal en 2007. Foto: Joan Monfort/AP
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Lamine Yamal a sus 18 años puede ser considerado uno de los mejores, pero hoy no se le asemeja a Leo Messi. Cuando Leo tenía 18 años, nadie en el Barza se atrevió a decir que teníamos al mejor jugador del mundo; decíamos que teníamos a un muy buen jugador. Incluso lo vi sentado en el banquillo en sus inicios porque el entrenador así lo consideraba. Hoy día, Leo Messi solamente hay uno. Lo que hizo contra Egipto, con 39 años, llorando de alegría al final por la remontada, demuestra que tiene una categoría deportiva y sentimental única. Messi no es solo fútbol, es pasión, y sus compañeros lo adoran y lo alzaron en hombros sin envidias














