El derrocamiento de Nicolás Maduro tras una operación liderada por Estados Unidos, volvió a poner en primer plano la situación de Venezuela, un país que arrastra uno de los mayores impagos soberanos del mundo. Luego de años de crisis económica y sanciones que aislaron al país de los mercados financieros internacionales, la economía venezolana exhibe una mejora parcial en los indicadores de actividad, aunque con desequilibrios estructurales que ponen en duda su sostenibilidad. Pero, ¿cómo es la situación de la economía del país?
De acuerdo con las estimaciones que realizó el Banco Central de Venezuela (BCV), recopiladas por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), el PBI creció 6,6% interanual en el segundo trimestre del 2025, impulsado por un avance de 12,3% del sector petrolero y de 4,4% del no petrolero. Con ello, el crecimiento acumulado del primer semestre alcanzó 7,7%, tras una expansión de 9,3% en el primer trimestre. Para todo el 2025, se proyectaba un crecimiento de 5,8%, con una expansión de 13% en el sector petrolero y de 3,4% en el resto de la economía. Vale precisar que el BCV no publica cifras de inflación desde noviembre de 2024, cuando difundió los datos correspondientes a octubre, como reportó EFE el año pasado.
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La producción promedio de crudo alcanzó 1.048 millones de barriles diarios (mbd) en el primer semestre, el mejor registro de ese país desde 2019. En el segundo trimestre, la producción reportada a la OPEP habría subido a 1.062 mbd, un 17,6% más que el año previo, y en junio llegó a 1.069 mbd, pese a la revocación en mayo de la licencia general 41b a Chevron, lo que sugiere una gestión operativa más eficiente de PDVSA.
No obstante, el desempeño externo continuó condicionado por los precios. Aunque el volumen exportado de petróleo aumentó 14% interanual en el segundo trimestre (790 mbd), la caída de 23% en los precios del crudo provocó una reducción de 13,9% en el valor de las ventas. En el primer semestre, las exportaciones petroleras sumaron US$ 8.025 millones, prácticamente el mismo nivel que en 2024, con China concentrando el 77% de los envíos entre abril y junio.

Actualmente, Venezuela es el mayor país con reservas de crudo, teniendo aproximadamente 303.000 millones de barriles probados, las reservas venezolanas representan casi el 17% del total a nivel mundial. No obstante, la producción petrolera es baja.
Según explica la agencia Bloomberg, la relevancia del petróleo venezolano en los mercados internacionales reside, en efecto, en sus vastas reservas. Sin embargo, su producción diaria ronda apenas entre 900.000 y un millón de barriles, equivalente a menos del 1% de la oferta global.
Consumo desigual y economía a dos velocidades
Dentro del sector no petrolero, el crecimiento estuvo liderado por servicios financieros y de seguros (13,9%), información y comunicaciones (8,6%), minería (7,9%), comercio (7,7%), alojamiento y comidas (7,4%) y manufactura (5,1%). La demanda interna se expandió 7,6%, impulsada por la inversión (15,1%) y el consumo privado (4,4%).
Sin embargo, los indicadores de consumo muestran una recuperación desigual. Según Atenas Grupo Consultor, el valor de las compras de los hogares creció 9,5% en el primer semestre, pero el volumen de bienes apenas aumentó 0,7%, reflejando el impacto de la inflación sobre la capacidad real de compra.
“Asistimos a una economía que se mueve a dos velocidades”, explicó Asdrúbal Oliveros, economista y consultor empresarial venezolano al diario El Comercio. Agregó también que el consumo se ha recuperado, pero está focalizado en sectores de subsistencia: alimentos, medicinas, cuidado personal y telecomunicaciones. Además, es una economía profundamente desigual desde el punto de vista territorial e ingresos, donde cerca del 40% de la población está en condiciones de extrema vulnerabilidad.

Inflación persistente y deterioro cambiario
Pese al crecimiento, la inflación sigue siendo el principal desequilibrio macroeconómico. Las tasas mensuales estimadas habrían sido de 21% en abril del año pasado, 23% en mayo y 11,3% en junio, con una inflación acumulada de 123% en el primer semestre y una anualizada de 216,7% a junio. Para el cierre de 2025, las proyecciones apuntan a una inflación cercana al 275%.
Oliveros advierte que las cifras reales serían incluso mayores. “No hay medición oficial desde octubre del 2024. Nuestras estimaciones apuntan a una inflación en bolívares cercana al 480% en 2025 y una inflación en dólares de alrededor del 36%. Esto refleja un profundo desequilibrio monetario y fiscal, una insuficiente oferta de divisas y una fuerte depreciación del tipo de cambio”, señala.
El tipo de cambio oficial cerró junio en 108,19 bolívares por dólar, con una depreciación anual de 197,2%. Aunque el BCV intervino el mercado con cerca de US$ 1.800 millones y las reservas internacionales subieron a US$11.351 millones, la volatilidad cambiaria siguió presionando los precios.
Desde una mirada externa, Víctor Ballena, coordinador del Observatorio de Comercio Exterior de la Facultad de Economía de la UPC, remarcó que “la continua devaluación del bolívar sigue mermando el poder de compra de los hogares venezolanos, haciendo cada vez más difícil cubrir necesidades básicas, con impactos directos en salud, educación y cohesión social”.

Informalidad, salarios deprimidos y fragilidad social
La fragilidad también se refleja en el mercado laboral. El Ingreso Mínimo Integral se ubicó en US$41,4, apenas 5,6% del costo de la canasta básica, estimada en US$710. Una familia promedio necesita 18 ingresos mínimos para cubrir sus necesidades, mientras que el salario mínimo nominal cayó a US $1,1, una contracción de 66,5% interanual.
La informalidad se ha convertido en un pilar de supervivencia. “Estimamos que cerca del 60% de la fuerza laboral es informal”, afirmó Oliveros. “Eso habla de precariedad: trabajadores sin ingresos fijos, sin seguridad social y altamente vulnerables ante cualquier shock económico o político”, comentó.
Ballena coincidió en que este entorno favorece “la expansión de economías informales, mercados negros y mecanismos alternativos”, aunque advirtió que instrumentos como las criptomonedas “no alcanzan a la mayoría de la población y presentan riesgos adicionales por la falta de controles”.

Una deuda considerada impagable
A este cuadro se suma una pesada deuda externa. Analistas citados por Reuters estiman que Venezuela mantiene unos US$ 60.000 millones en bonos en mora, mientras que la deuda externa total —incluyendo PDVSA, préstamos bilaterales y laudos arbitrales— asciende a entre US$ 150.000 y US$ 170.000 millones. Con un PBI nominal estimado por el FMI en US$ 82.800 millones para 2025, la ratio deuda/ PBI se sitúa entre 180% y 200%, niveles que hacen inviable su pago sin una reestructuración profunda.
“La balanza comercial sigue siendo extremadamente dependiente del petróleo”, señaló Oliveros. “El 87% de las exportaciones provienen del crudo y apenas un 8% del sector privado. Es el Estado quien genera las divisas, mientras que el sector privado concentra la demanda, lo que explica buena parte de los desequilibrios cambiarios”.
Expectativa 2026, ¿normalización o nuevo riesgo?
De cara al 2026, el escenario sigue cargado de incertidumbre. Oliveros advirtió que, sin un entendimiento con Estados Unidos, “el país podría haber entrado en un segundo ciclo inflacionario, cinco años después del primero”. Con un eventual despegue del sector petrolero, podría haber cierta estabilidad cambiaria y menor inflación, aunque sin cambios estructurales de fondo.
Ballena precisó que sin inversiones no hay forma de ampliar la base productiva. Se requeriría de una política de shock, apertura comercial, instituciones autónomas y señales claras para atraer capitales.
Ambos coincidieron en que la economía venezolana ofrece oportunidades tácticas, pero mantiene riesgos estructurales elevados que condicionan cualquier recuperación sostenible.

La situación de los venezolanos en el Perú
La crisis económica y social en Venezuela ha tenido un impacto directo en el Perú, uno de los principales destinos de la diáspora venezolana. Según cifras de la Superintendencia Nacional de Migraciones recopiladas por EC Data de El Comercio, hasta el 10 de diciembre de 2025 residían en el país 1’247.942 ciudadanos venezolanos.
De ese total, solo el 30,8% (383.861 personas) cuenta con una situación migratoria regular, mientras que el 56,8% (708.716) permanece en condición irregular. Un 12,4% adicional se encuentra en proceso de regularización. En conjunto, los ciudadanos venezolanos representan el 65,4% del total de extranjeros en situación migratoria irregular en el Perú.
Según Instituto Nacional de Estadísica e Informática (INEI), en su Encuesta Nacional de Hogares dirigida a la Población Venezolana 2024 (ENAHOPV), la población venezolana residente en el Perú enfrenta desafíos significativos, pero aporta una dinámica de consumo relevante. El gasto mensual por persona alcanza S/ 823 (unos US$216), cifra ligeramente inferior al promedio peruano, pero multiplicada por la magnitud del grupo humano, representa un mercado de consumo que supera los US$367 millones mensuales en las principales ciudades.
El ingreso promedio mensual per cápita de la población venezolana se ubicó en S/ 956 (aproximadamente US$251), y el 95,8% de los migrantes mayores de 14 años registra una ocupación laboral, aunque el 95,9% de quienes están en pobreza opera en la informalidad.

En tanto, según cifras del Banco Mundial, los venezolanos ganan en promedio un 29% menos que los peruanos, una diferencia que asciende al 38% fuera de Lima. Además, el consumo de los migrantes dinamiza sectores como la vivienda, la alimentación, los servicios y el comercio.
Pese a esto, Oliveros sostuvo que muchos migrantes enfrentan condiciones precarias. “Una parte importante de los venezolanos en el Perú está en la informalidad o en empleos de baja productividad. Si la economía venezolana lograra mejorar, no sería descabellado que un grupo —sobre todo el más vulnerable— considere retornar”, comentó.
Ballena, en cambio, observó que los venezolanos se han convertido en una fuerza laboral relevante y muchos son hoy pequeños emprendedores. Para varios de ellos, dejar los beneficios construidos en el Perú no sería una decisión inmediata.












