Cuando Javier Rabanal se sentó a conversar con El Comercio a inicios de año –véase el capítulo del Jugamos Como Nunca #SinFiltros– dejó, entre muchas frases, esta linea: “Bueno, tampoco hablamos tanto”. La respuesta era a una réplica/pregunta por una foto que buscaba graficar la relación inicial que él estaba iniciando con referentes de Universitario como Edison Flores. Hoy esa frase, sin buscar la polémica, tiene un contexto más claro. La relación técnico-plantel camina más cerca de espinas que de pétalos.
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En Universitario, la palabra conciliar no suele aparecer cuando el equipo gana. Pero sí cuando las sensaciones empiezan a pesar más que la tabla.
La preocupación de Velazco tenía un origen concreto. En las primeras fechas del campeonato, cuando los resultados no acompañaron del todo —empates 1-1 ante Cusco FC y 2-2 frente a Sporting Cristal—, Rabanal hizo públicas algunas autocríticas que el administrador interpretó como el punto de partida de una desconexión interna. No se trataba solo del contenido de las declaraciones, sino del efecto que podían tener dentro del vestuario.
Porque el fútbol, como cualquier grupo humano, también vive de códigos. En la reunión, el técnico español reconoció que existe un “tema humano” por resolver con el plantel. No es un conflicto abierto, ni una ruptura declarada, pero sí una distancia perceptible. Hoy no se ven esas imágenes públicas de cercanía entre técnico y jugadores que el hincha asocia con los momentos de armonía.
El contraste, inevitable, aparece cuando se mira hacia atrás. Jorge Fossati, el arquitecto del sistema 3-5-2 en la ‘U’, cultivaba un vínculo casi paternal con el plantel. Fabián Bustos, su sucesor en la historia reciente del club, tenía fama de gran gestor de vestuarios. En ese contexto, la figura de Rabanal —más analítica, más distante— se siente distinta.
La conversación entre Velazco y el entrenador dejó algunas decisiones concretas. Una de ellas es que Rabanal iniciará reuniones personales con los capitanes del equipo: Andy Polo, Edison Flores, Aldo Corzo y Horacio Calcaterra. La idea es reconstruir puentes desde el diálogo directo. Curiosamente, el primer encuentro será con Calcaterra, quien apenas ha sumado 44 minutos en lo que va del año debido a una lesión. Aun así, su voz dentro del grupo sigue teniendo peso.

El movimiento más significativo ocurrirá hoy viernes 13 de marzo. El propio Franco Velazco se reunirá con el plantel en Campomar. | Foto: Universitario de Deportes
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Pero el movimiento más significativo ocurrirá hoy viernes 13 de marzo. El propio Franco Velazco se reunirá con el plantel en Campomar. El objetivo es escuchar. Saber qué piensan los jugadores sobre el momento deportivo del equipo y, sobre todo, intentar reconstruir la relación con el comando técnico. En el fútbol moderno, donde las temporadas se deciden en detalles, la convivencia interna puede ser tan determinante como la táctica. En la ‘U’ todo debe sentirse como en familia para potenciarse en el campo.
Y justamente la táctica fue otro de los puntos centrales de la reunión entre Velazco y Rabanal.
Desde fuera, las críticas han apuntado al sistema 3-5-2 que hoy utiliza Universitario. Algunos analistas consideran que el equipo se ha vuelto “predecible” y menos vertical que en temporadas anteriores. El recuerdo inevitable es el del propio Fossati, quien convirtió ese esquema en una seña de identidad del equipo.
Pero el 3-5-2 de Rabanal no es exactamente el mismo. El técnico español ya había advertido desde su llegada que quería probar otras variantes. Una de ellas es el 3-4-3, un sistema que le permitiría mayor presencia ofensiva por las bandas. Sin embargo, la realidad del calendario impone prudencia.
Universitario debutará en la Copa Libertadores en menos de un mes, y cambiar radicalmente el sistema en este momento podría generar más problemas que soluciones. En ese punto, Velazco y Rabanal coincidieron: cualquier modificación deberá ser progresiva y, sobre todo, conversada con el plantel.













