En un siglo marcado por el cambio climático, la pérdida de biodiversidad y la creciente presión sobre los ecosistemas marinos, la protección de los océanos se ha convertido en uno de los grandes desafíos de la comunidad internacional. En ese contexto, la discusión sobre la futura sede de la Secretaría del Acuerdo sobre la Conservación y el Uso Sostenible de la Biodiversidad Marina más allá de las Jurisdicciones Nacionales (BBNJ), conocido como Tratado de Alta Mar, trasciende ampliamente una decisión administrativa.
El Acuerdo BBNJ constituye uno de los avances más relevantes en materia de gobernanza oceánica desde la adopción de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar. Su objetivo es fortalecer la conservación y el uso sostenible de la biodiversidad marina en las aguas internacionales, espacios que representan cerca de dos tercios de la superficie oceánica del planeta.
La elección de la sede de su secretaría tendrá una importancia política, científica y simbólica significativa. No solo determinará dónde se coordinará la implementación del acuerdo, sino también qué región del mundo será reconocida como un actor relevante en la nueva arquitectura internacional para la protección de los océanos.
En este escenario, la candidatura de Valparaíso merece especial atención.
Chile ha construido una sólida trayectoria en materia de protección marina y gobernanza oceánica. Según los antecedentes presentados por la candidatura oficial, cerca del 43% de sus aguas jurisdiccionales se encuentran bajo alguna categoría de protección. Asimismo, el país desempeñó un papel relevante en la evolución del Derecho Internacional del Mar, siendo uno de los signatarios de la histórica Declaración de Santiago de 1952, suscrita junto al Perú y Ecuador.
Pero la fortaleza de la candidatura no se explica únicamente por esos antecedentes.
Valparaíso es una ciudad cuya historia, cultura e identidad han estado ligadas al océano durante siglos. Su condición de puerto internacional, la presencia de universidades e instituciones vinculadas a la investigación marina, así como su vocación de apertura al mundo, la convierten en un espacio especialmente conectado con los desafíos de la gobernanza oceánica contemporánea.
Existe además una dimensión simbólica difícil de ignorar. Valparaíso inspiró a figuras como Pablo Neruda y Eduardo ‘Gato’ Alquinta, fundador de Los Jaivas. Incluso el recordado Lucho Barrios, peruano de nacimiento y profundamente querido en Chile, contribuyó a mantener viva una de las expresiones musicales más emblemáticas dedicadas a la ciudad puerto: “La Joya del Pacífico”.
La futura sede de la Secretaría del Acuerdo BBNJ no sólo albergará una institución internacional. Simbolizará el lugar desde donde el mundo proyectará una nueva visión para la protección de los océanos. Por ello, su elección constituye una oportunidad para reconocer la creciente importancia estratégica del Pacífico Sur en los grandes debates globales sobre biodiversidad, sostenibilidad y gobernanza de los bienes comunes de la humanidad.
La candidatura de Valparaíso representa precisamente esa convergencia entre historia marítima, conocimiento científico, vocación internacional y compromiso con el futuro.
Porque los océanos no pertenecen a una sola nación. Pertenecen a toda la humanidad y su futuro depende de nuestra capacidad para protegerlos.
(*) Carlos Escaffi es fundador de Relaxiona Internacional y profesor de la PUCP













