Valeria Mazza vuelve a mirar de frente a la cámara, pero esta vez no para una portada ni una campaña, sino para revisitar la historia que la convirtió en una de las primeras supermodelos latinoamericanas en conquistar el mundo. En “Valeria Mazza: un sueño dorado”, la docuserie de tres episodios que se estrena en el Perú por HolaTV y AtresPlayer, la modelo argentina reconstruye su pasado con fotos inéditas, archivos íntimos y el recuerdo vivo de algunos de sus colaboradores más cercanos, entre ellos el peruano Mario Testino.
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Desde Madrid, donde conduce el reality “Bailando con las estrellas” desde septiembre, Mazza se concentra hoy en otro desafío: consolidarse como un rostro televisivo y, sobre todo, permitir que el público descubra a la mujer detrás del ícono. “La gente tenía una imagen mía basada en lo que veía en una foto o en una pasarela, pero la televisión me ha dado la posibilidad de ponerle contenido a la imagen, de mostrar quién soy realmente, y eso me interesa muchísimo”, explica. Ese acercamiento a la pantalla, que comenzó justamente con la docuserie, permite verla desde otros ángulos, más humanos y más propios. Pero mejor que ella nos lo cuente:
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– ¿En qué parte del mundo andas?
Estoy en Madrid. Llegué a principios de septiembre para presentar “Bailando con las estrellas”. Lo hicimos el año pasado junto al conductor español Jesús Vázquez y funcionó muy bien, y este año también nos está yendo muy bien. Son 12 programas en total, salimos todos los sábados en directo, me quedan dos programas más para terminar y me vuelvo para Argentina.
– ¿Cómo nace la idea del documental?
Nació un poco por la llegada de mis 50 años y también proyectándome hacía el futuro. Hablando con Alejandro, mi marido, le contaba lo que me gustaría hacer, dónde me gustaría estar en el futuro y le dije: quiero hacer televisión. ¿Pero qué hacer? Empezamos a pensar y justo durante la pandemia vimos en familia el documental de Michael Jordan y nos encantó y así dijimos: bueno, hagamos un documental. Sentí que llegó el momento de contar la historia de esta chica de Paraná que llegó a Buenos Aires, que tuvo la oportunidad y se fue a trabajar a Europa e hizo una carrera de 35 años. Y, por otro lado, también contar cómo esta misma chica encontró el equilibrio, porque mi sueño, mi verdadero sueño, siempre fue formar una familia. Y, felizmente, pude hacer las dos cosas.

– ¿Cómo fue el proceso de recopilar información para la docuserie?
Fue muy lindo e interesante buscar y revivir un poco de todo. Muchas veces me encontré diciendo: ¿todo esto hice yo? Porque ver toda tu vida junta, impacta. También cuando veía algunos videos o fotos mías de muy chica me dije: “Pero qué linda que era, yo nunca me sentí tan linda”. ¡Por qué no me dijeron que era linda! (Risas)
– Miraste al pasado con otros ojos…
Sí, y fue muy lindo hacerlo. Hubo muchos momentos de alegría y nostalgia, sobre todo cuando recordé cómo fueron mis comienzos, porque significó también revivir la soledad, esa angustia de cuando al principio estaba sola, cuando costaba que te abrieran una puerta, que te eligieran para hacer un desfile. Pero después ves todo lo que hiciste y dices: “Guau, realmente me impresiona”. Mucha gente cercana a mi edad, me comentaba que al ver la serie revivieron momentos de sus propias vidas. Cuando aparecen las imágenes de mi casamiento, recuerdan que lo vieron con sus abuelas. O cuando aparece una tapa de revista muy importante, dicen: “Uy, me acuerdo cuando esa revista la tenía pegada en mi cuarto o en la carpeta del cole”. Vuelven a revivir momentos de su vida con la mía y, bueno, para la gente más joven que no vivió mi carrera, pero que quizás escuchó el nombre Valeria Mazza, ojalá les resulte una historia inspiradora, que enseña que en la vida hay que soñar y trabajar mucho para cumplir esos sueños. Creo que se ve bien reflejado en la historia de esta chica que tuvo una posibilidad y la agarró con brazos y piernas, la abrazó muy fuerte y trabajó para para hacer de esto una profesión.
– Hablas de la soledad, hoy es fácil sortear la distancia con las redes sociales, pero en el documental muestras cómo incluso llevaste una relación con tu hoy esposo valiéndote de cartas y faxes.
Creo que para mis padres hubiese sido maravilloso si hubieran existido las redes sociales en ese momento, porque yo en esa época pasaba a veces dos semanas sin poder contactar con mi familia, ellos no tenían ni idea dónde yo estaba, qué estaba haciendo o si me había pasado algo. De hecho, yo tenía una pesadilla recurrente en ese tiempo. Yo vivía mucho en hoteles y departamentos sola, y me mudaba mucho, y tenía este sueño recurrente de que me pasaba algo y solo se daban cuenta por el olor a putrefacción de mi cuerpo encerrado: yo, muerta, en el departamento, me pasaba mucho esa imagen por la mente, porque no tenía este contacto. Hoy yo sé perfectamente dónde están mis hijos y qué están haciendo.
– Gracias al GPS…
Tengo registro permanente de ellos. Ahora que mi hija está empezando a manejar, le pido que me mande un mensaje cuando llegue. En esos días, mi familia pasaba mucho tiempo sin saber de mí. Con mi novio nos mandábamos faxes, y yo confiaba en él y él en mí, porque a veces estábamos separados por un mes, y las llamadas telefónicas transatlánticas en esa época costaban un montón. Ahora todo es diferente, pero la gente de esta generación no se puede imaginar cómo hacíamos nosotros para sobrevivir sin esta conectividad que tienen hoy. Pero sobrevivíamos y éramos felices.
– En tu documental aparece un peruano icónico: Mario Testino. ¿Cómo es tu relación con él?
Mario es un orgullo. Como latinoamericano y peruano, la carrera que ha hecho en el mundo de la moda es un lujo. Mario llegó a lo más alto que puede llegar un fotógrafo de moda, él es súper prestigioso y reconocido por los más grandes de la moda, así que es un orgullo. Y bueno, hemos tenido la suerte de trabajar juntos. He estado en el Perú varias veces, por una tienda departamental que me llevó muchas veces, y también he estado con Mario y su fundación. Justo hace unos pocos meses nos encontramos aquí en Madrid y él es siempre muy cariñoso. Está alejado de la moda ahora, pero sigue siempre con la fotografía, que es su pasión. Es una persona a la que le tengo mucho cariño y le agradezco que esté en el documental.
– ¿Recuerdas la primera vez que trabajaron juntos?
Fue en París. Cuando nos presentaron, él sabía quién era yo y yo sabía quién era él, pero no nos conocíamos, nos conocíamos “de fama”, como le oí decir alguna vez al Rey Juan Carlos. La primera vez que trabajamos juntos nos unió que teníamos algo en común: la lengua, porque el idioma es una barrera enorme, para mí siempre lo fue. Yo empecé a trabajar en el mundo de la moda hablando solo español y argentino (risas). Con el tiempo aprendí a hablar inglés, italiano y algo de francés, pero en ese momento, encontrar a alguien que hable tu propio idioma ya era otra cosa, y con él tuve una conexión automática. Además, la verdad es que el mundo de la moda puede ser un poco hostil, y cuando encuentras alguien para trabajar que es afectuoso, es un placer enorme. Y con Mario hemos tenido muchos momentos gratos y buenos.
-Si pudieras incluir en un capítulo extra de tu documental algún momento en el Perú, ¿cuál sería?
Hay muchos, pero siempre recuerdo cuando iba en Navidad a prender el árbol con una tienda departamental. Yo amo la Navidad y soy muy de cuentos de hadas, de princesas, y para mí era un momento mágico el estar en la plaza con toda la gente y tener una emoción conjunta. Hasta se me pone la piel de gallina al recordarlo.
– En tu documental, Mario dice que si no está pasando nada por la cabeza de la modelo, la foto no dice nada. Y la generación de modelos a la que perteneces marcó esa ruptura de la modelo que solo se queda en la revista. ¿Qué crees que hizo tan especial a esa generación de modelos a la que perteneces?
En ese momento, las luces estaban todas puestas en las modelos y en los diseñadores de la época. Las modelos salimos de la pasarela y de las tapas de las revistas para empezar a ocupar otros espacios: pasamos al cine, a la televisión, a los videos musicales que en ese momento estaban tan de moda. Teníamos el ‘spotlight’. En ese momento también estaba de moda la mujer que transmitía confianza, feminidad, empoderamiento y mucho ‘sex appeal’, era muy atractiva en ese sentido y nosotras vendíamos todo eso. Pero la moda es cíclica y va cambiando, pasando por diferentes momentos. Hoy todo se ha diversificado mucho más y tienes a un deportista en la tapa de una revista de moda y no porque sea modelo, sino porque es un personaje, y la gente se identifica también con personalidades de otros ámbitos, pero que tienen cosas afines contigo: el equipo de fútbol, los gustos en la vida… creo que hoy también nos conocemos mucho más.
– ¿Crees que ahora cualquiera puede ser modelo o sigue habiendo un requisito indispensable?
Yo creo que estos personajes que decía que no son del mundo de la moda pero que ocupan espacios dentro del mundo de la moda lo hacen porque la gente se siente reflejada en ellos: son celebridades, pero no modelos. Por ejemplo, (Lionel) Messi está en todos lados, pero no porque es modelo, sino porque es una celebridad, un futbolista. Y me parece que está buenísimo que eso pase, por allí es lo que la gente pide y lo que vende. Pero para ser modelo me parece que lo que se necesita es bastante parecido a lo que se necesitaba en mi época.
– ¿Qué se necesita?
Tienes que entrar dentro del vestido, los diseñadores hacen una colección y después eligen el look que más o menos quieren para su pasarela y tu cuerpo es tu herramienta de trabajo, estás al servicio del cliente, de lo que pide, de lo que quiere. Es así, pero también creo que el límite es la salud, no vale la pena enfermarse por entrar en un vestido. Me parece que ahora el mundo en general es mucho más inclusivo y la moda también lo es hasta cierto punto. Pero nadie le pide a un jugador de fútbol o a un bailarín que cambie el estereotipo físico que tiene que tener para entrar a una cancha. En la moda pasa exactamente lo mismo. Los vestidos y la colección se muestran… pasa que hay determinados desfiles donde dicen: “Somos inclusivos y ponemos una modelo que es diferente o dos modelos que son diferentes”. Pero no sé hasta qué punto el mensaje llega como real, porque para mí poner a una persona excedida de peso es tan poco saludable como poner a la persona que tiene poco peso. Lo ideal es buscar un equilibrio y mostrar gente saludable. En nuestra época, si bien éramos flacas, no éramos extremadamente flacas como muchas veces veo hoy en la pasarela. A veces me sorprendo y digo: creo que me estoy poniendo mayor porque siento esto, ¿o será que es verdad? No quiero criticar, pero a veces me pregunto por qué, tampoco es estéticamente lindo ver a una persona extremadamente flaca y no creo que las mujeres nos identifiquemos con eso, pero qué sé yo…
– En el documental también cuentas por qué nunca aceptaste las propuestas para actuar, dices que fue un pacto con Alejandro, tu esposo.
Es que actuar tampoco era algo que me interesara, pero sí fue una de las posibilidades que tuve. Obviamente, me ofrecieron actuar un montón de veces, pero en un momento Alejandro me dijo: “Este es mi límite, yo no voy a soportar que hagas esto”. Y yo le dije: “Perfecto, no tengo ningún problema, no es algo que a mí me guste, no me meto”. Pero a cambio le pedí no abrir una agencia de modelos, porque así como a mí todo el mundo me pedía actuar, a él todo el mundo le pedía que representara a sus hijas o a tal modelo, porque él tuvo mucho que ver en la construcción de mi carrera. Y ese fue el acuerdo: “Yo no voy a actuar y tú no vas a tener una agencia de modelos”. Fue un pacto que hicimos hace muchos años.
– ¿Eran muy celosos en esa época?
Él te va a decir que no era celoso y la verdad es que yo era muy buena, soy buenísima. No le daba muchos motivos para tener celos, pero me parece que una pareja se construye de pactos permanentemente. Hace 35 años que estamos juntos. Obviamente, que para poder estar juntos todos estos años hemos tenido proyectos en común, hemos tomado decisiones juntos que tienen que ver con la vida de ambos y hoy con la vida de nuestros hijos. Obviamente, se necesitan pactos que cambian y se renuevan para seguir funcionando en equipo, a medida que pasa el tiempo, porque hemos crecido como personas. Él me conoció cuando yo tenía 18 años. La esencia y los valores pueden ser los mismos, pero he cambiado, y está buenísimo que estos estos pactos sigan renovándose y cambiando para hacer que las cosas funcionen. Pero, bueno, él no va a tener una agencia de modelos y yo no voy a actuar nunca (Risas).
– ¿Hay algún pacto que hayan hecho como padres?
Lo primero que hicimos fue no esconderlos, porque su realidad era esta: este es el trabajo de mamá y papá y está es la exposición. Ellos tenían que vivir naturalmente el mundo que les había tocado. Tampoco los sobre expusimos y, a medida que fueron creciendo, les fuimos dando opciones que ellos fueron eligiendo. Y te das cuenta con lo que son en redes sociales. El primero (Balthazar) es mucho más serio, no le interesa nada. Tiziano tiene un perfil de deportista y no se muestra en otras circunstancias. Benicio fue el único que dijo voy a probar la moda y esta temporada desfiló para Armani. Taína tiene muy claro, por lo menos por ahora, que quiere ser artista, le gusta la comedia musical y poco a poco se va mostrando cada vez más en esa faceta. Hay que aprender a escucharlos y dejarlos decidir. Nosotros nunca vamos a elegir por ellos y decirles: esta es tu vida, la van a elegir ellos.
– No me deja de llamar la atención que tu nombre de conexión en este zoom es “Valeria, la rusa”…
Eres la primera que se da cuenta. A mí en Paraná, donde yo crecí, me decían la rusa, por mi color de pelo, porque era rubia. Entonces, yo me armé hace un tiempo un Gmail como “la rusa” para pasar desapercibida, porque nadie sabía que yo era “la rusa”. Y yo me movía muy bien con este mail hasta que un día me di cuenta que estaba en mi Zoom, pero ya no me hice otro correo, me tendría que haber hecho otro un poco más presentable (Risas).
– Revelaste tu identidad secreta.
Pero, bueno, ya está. Soy “la rusa”. Así me conocen mis amigos y cuando voy a Paraná, me siguen diciendo así.
– Esa parte de tu documental es muy bonita, cuando regresas al lugar donde eres la verdadera Valeria.
Es que allí siento que no tengo nada que explicar, nada que decir, llego y estoy bien. Y para mí eso es fundamental, me encanta y me hace muy bien tener eso. Los llamo, me llaman y compartimos esos momentos en los que parece que el tiempo no existe. Pueden haber sido tres años sin vernos, pero nos sentamos y el tiempo nunca pasó.
Tres momentos destacados
que forman parte de la docuserie de Valeria Mazza
1
La rivalidad con Claudia Schiffer
Valeria Mazza fue considerada una rival para la alemana en los años 90. La única sesión de fotos que hicieron juntas fue para “Harper’s Bazaar” en 1995. En su documental, la modelo cuenta que, tras medio día de trabajo en la sesión de fotos en Florida, Schiffer se retiró sin decir nada. Sobre el desplante, Mazza dice: “Yo aprendí que nadie reemplaza a nadie, nadie puede borrar lo que hiciste y te hace mucho más grande que, si estás arriba, en vez de correr de la competencia, la abraces, eso te hace mucho más grande”.
2
Fotos inolvidables
Una de las sesiones que más atesora Valeria Mazza es la campaña que hizo para Guess en 1993, su primer trabajo internacional y uno de los que catapultó su carrera global. “Fue un antes y un después; empecé a tener nombre propio”, recuerda la modelo sobre aquella experiencia.
3
La boda
En mayo de 1998, la boda de Valeria Mazza y Alejandro Gravier se convirtió en uno de los eventos televisados más vistos de la época. “De 10 televisores en Argentina, 8 estaban viendo el casamiento”, recuerdan. La ceremonia reunió a invitados célebres como Diego Maradona y Susana Giménez.
Además…
¿Dónde ver?
El domingo 23 de noviembre se estrenó en Hola TV el primer episodio de la serie documental realizada por Paramount. El segundo episodio se podrá ver este domingo 30 a las 19 horas (Perú, Colombia, Ecuador. Puedes ver la señal de Hola TV en Perú a través del streaming AtresPlayer.




