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El acuerdo petrolero entre Venezuela y Estados Unidos, anunciado el viernes por los presidentes Donald Trump y Delcy Rodríguez, plantea la posibilidad de inyectar miles de millones de dólares para recuperar una industria estratégica, aumentar la producción y aprovechar las enormes reservas del país caribeño. Pero la magnitud de las cifras comprometidas también genera interrogantes sobre cuánto capital llegará realmente, en qué plazos y bajo qué condiciones se ejecutará.
El acuerdo petrolero entre Venezuela y Estados Unidos, anunciado el viernes por los presidentes Donald Trump y Delcy Rodríguez, plantea la posibilidad de inyectar miles de millones de dólares para recuperar una industria estratégica, aumentar la producción y aprovechar las enormes reservas del país caribeño. Pero la magnitud de las cifras comprometidas también genera interrogantes sobre cuánto capital llegará realmente, en qué plazos y bajo qué condiciones se ejecutará.
Cuando anunció la noticia, Trump habló del “mayor acuerdo petrolero de la historia mundial”. Detalló que Estados Unidos tendrá el control mayoritario de 17 yacimientos que albergan más de 65.000 millones de barriles de reservas probadas de crudo venezolano. Esa cifra representa el 21,5% de las reservas totales de Venezuela.
Con esa cantidad de petróleo, Estados Unidos apunta a duplicar sus reservas estratégicas, mermadas actualmente debido a la guerra en Irán.
Por su parte, Rodríguez precisó que el acuerdo tiene una duración inicial de 25 años. También afirmó que gracias al pacto Venezuela atraerá inversiones por más de 100.000 millones de dólares y se generará aproximadamente 209.300 millones de dólares en ingresos para el país por impuestos y regalías.
Esta combinación de imágenes muestra al presidente de Estados Unidos Donald Trump y a la presidenta interina de Venezuela, Delcy Rodríguez. (Fotos de ANDREW CABALLERO-REYNOLDS y Federico PARRA / AFP).
/ ANDREW CABALLERO-REYNOLDS FEDERICO PARRA
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El Comercio conversó con el economista y consultor empresarial venezolano Asdrúbal Oliveros sobre el alcance del acuerdo y los factores que determinarán si Venezuela logra convertir sus recursos petroleros en una recuperación sostenible de su destruida economía.
Para empezar, Oliveros consideró que la cifra de más de US$100.000 millones en inversiones debe ser interpretada con cautela, pues no necesariamente corresponde a inversiones ya comprometidas o que serán ejecutadas de inmediato.
“Más que una inversión que vaya a ejecutarse de manera inmediata, estamos hablando de una estimación del volumen de recursos que podría requerir la recuperación de una industria petrolera con décadas de deterioro acumulado”, explicó.
Asdrúbal Oliveros, economista y consultor empresarial venezolano.
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Oliveros señaló que el acuerdo puede ser relevante porque abre para Venezuela la posibilidad de recuperar un acceso sostenido a capital, tecnología, servicios especializados y mercados internacionales. Indicó que si el esquema permite una participación significativa de compañías privadas y ofrece una estructura contractual atractiva, el país podría iniciar un proceso importante de rehabilitación de campos, recuperación de infraestructura y aumento de la producción.
Sin embargo, advirtió que la recuperación de la industria petrolera venezolana será un proceso de largo plazo. “Venezuela tiene reservas extraordinarias, pero convertir reservas en producción comercial requiere inversión, infraestructura y tiempo”, afirmó.
Según el economista, algunos campos podrían registrar aumentos relativamente rápidos mediante la recuperación de pozos existentes, pero llevar nuevamente la producción venezolana a varios millones de barriles diarios requeriría varios años y, probablemente, más de una década.
Por ello, Oliveros recomendó no concentrarse únicamente en la cifra de US$100.000 millones, sino observar tres factores: cuánto capital está realmente comprometido, bajo qué condiciones jurídicas y económicas se realizará la inversión y cuál será el cronograma de ejecución. “Es allí donde podremos medir la verdadera profundidad del acuerdo”, señaló.
Una oportunidad histórica, pero condicionada
Un buque tanquero de petróleo navegando en Maracaibo, Venezuela. (EFE/ Henry Chirinos).
/ Henry Chirinos
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Oliveros consideró que Venezuela enfrenta una “oportunidad histórica”, aunque su aprovechamiento dependerá de la capacidad del país para construir instituciones y reglas que permitan sostener las inversiones durante las próximas décadas.
“Pocas economías tienen la posibilidad de atraer semejante volumen de inversión hacia un sector donde ya existe una base de recursos tan grande”, afirmó.
Agregó que una recuperación de la capacidad petrolera podría tener un impacto significativo en las exportaciones, los ingresos fiscales, el empleo, la infraestructura y la actividad privada.
Pero advirtió que el petróleo por sí solo no garantiza una transformación económica. Recordó que Venezuela ya recibió enormes ingresos petroleros en el pasado y eso no evitó el deterioro institucional ni la posterior crisis.
“La lección es precisamente que disponer de recursos naturales no sustituye instituciones sólidas”, sostuvo.
Para que el nuevo ciclo de inversiones sea sostenible, indicó que Venezuela necesitará reglas estables, respeto a los contratos, seguridad jurídica, mecanismos transparentes de resolución de disputas, un régimen fiscal competitivo y una arquitectura institucional que limite la discrecionalidad política.
Oliveros subrayó que las inversiones petroleras de esta magnitud tienen horizontes de 20, 30 o incluso 40 años, por lo que los inversionistas no pueden tomar decisiones de ese alcance basándose únicamente en el precio actual del petróleo o en un acuerdo político coyuntural.
Sostuvo que la verdadera oportunidad para Venezuela no consiste simplemente en producir más petróleo, sino en aprovechar este nuevo ciclo para reconstruir la institucionalidad del sector y evitar repetir un modelo económico excesivamente dependiente de la renta petrolera.
“El éxito no se medirá únicamente por cuántos barriles adicionales produzca Venezuela, sino por si esos recursos ayudan a construir una economía más estable, productiva, diversificada y capaz de generar bienestar más allá del petróleo”, concluyó.



