Lo que en fácil se dice pero nadie quiere decir: el fin de una era.
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¿Quiénes son los responsables de esta tragedia? El buró político del club, sin duda: primero Franco Velazco, el esquivo administrador, luego Álvaro Barco y en general una administración que mostró signos de poca ambición tanto en discurso como en acciones. Percibo, por las formas y dónde se declara, no solo ausencia de liderazgo puntual sino una fragilidad emocional más propia de un equipo que acaba de descender, antes que uno que aún es tricampeón.
Puede que la cereza sea haber fichado un gamer desempleado como 9 para la Libertadores, sin embargo hay una cadena de errores que enterró el ánimo de la U hasta el fondo, apenas conseguido el Tri en Tarma, octubre 2025: romper con Ureña y no fichar un reemplazo; maltratar públicamente a Fossati, como si sus manías de abuelo no fuesen conocidas (y exitosas); cortar la venta de Inga, hoy un zombie; abandonar a su suerte a Rabanal, muy inteligente para entrenar, muy torpe para declarar, y, quizá lo más determinante, no escuchar a los capitanes Aldo Corzo y Horacio Calcaterra, quienes en verano le sugirieron al ex director deportivo “cuidar al grupo” y “hacer ajustes puntuales” en un vestuario que, con todas sus carencias, encaraba el 2026 buscando un tetracampeonato por segunda vez en cien años y generando, si me apuran, 15 millones de dólares solo por acostumbrarse a clasificar a la Copa.
Lo que viene hasta diciembre es, por supuesto una carrera hacia el milagro: Héctor Cúper debe recomponer un camarín herido, con casos muy difíciles de llevar incluso para el área de psicología como el Tunche Rivera o Edison Flores, un grupo que hoy se siente expuesto y desprotegido: desde los tiempos de Gremco, hace una vida, no se escuchaba a 50 mil personas insultar a sus dirigentes, a sus jugadores y a todo aquel que entendiera responsable de este final. Esa ruptura -me parece- es definitiva y recién se dimensionará en diciembre cuando, pase lo que pase, Corzo, Calca, Pérez Guedes -el fútbol es un rato, la familia para siempre-, Riveros y quizá Orejas dejen el club por el retiro o porque, sencillamente, la relación no da para más.
Solo entonces, cuando Universitario se haya quedado sin líderes, empezará la verdadera catástrofe. Y nadie en el club está haciendo nada para salvarlo.
MMM
SOBRE EL AUTOR
Estudió Comunicaciones en la Universidad de San Martín de Porres (USMP). Ingresó a El Comercio en el 2004, y trabajó diez años para Deporte Total. En el 2015 se mudó al equipo web del diario para formar parte de Mesa Digital y la revista Somos. Hoy es subjefe de Gestión Digital de El Comercio.
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