Comenzó con el demócrata de California Eric Swalwell, luego siguió el republicano de Texas Tony Gonzales y finalmente cerró la demócrata de Florida Sheila Cherfilus-McCormick. En poco más de una semana, tres miembros del Congreso de Estados Unidos renunciaron a sus cargos, perseguidos por serios escándalos como conducta sexual indebida y, en el caso de Cherfilus-McCormick, violación de las normas de financiamiento de campañas.
Comenzó con el demócrata de California Eric Swalwell, luego siguió el republicano de Texas Tony Gonzales y finalmente cerró la demócrata de Florida Sheila Cherfilus-McCormick. En poco más de una semana, tres miembros del Congreso de Estados Unidos renunciaron a sus cargos, perseguidos por serios escándalos como conducta sexual indebida y, en el caso de Cherfilus-McCormick, violación de las normas de financiamiento de campañas.
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No serían los únicos en caer; en la cuerda floja se encuentra el republicano Cory Mills, también de Florida, investigado por acusaciones que van desde conducta sexual inapropiada y violencia doméstica hasta infracciones relacionadas con la financiación de campañas electorales y la aceptación de obsequios, todas las cuales él rechaza.
De todos modos, la dimisión de tantos congresistas en tan poco tiempo es un caso extraordinario en la historia de Estados Unidos.
“No recuerdo una situación en la que haya tantas renuncias en tan poco tiempo”, señala a El Comercio la politóloga María Puerta Riera, profesora de Gobierno Americano en el Valencia College (Orlando). “Sí ha habido episodios similares, especialmente vinculados a escándalos de abuso sexual, pero no con esta simultaneidad”.
Era el favorito para reemplazar a Gavin Newson como gobernador de California, pero su carrera tuvo un final abrupto. Una serie de reportajes de CNN y del diario San Francisco Chronicle, publicados el 10 de abril, revelaron el testimonio de una de sus exempleadas, quien lo acusaba de abuso sexual. Poco después, tres mujeres más salieron a dar su testimonio sobre la conducta inapropiada de Swalwell, incluyendo mensajes gráficos y solicitudes de fotos desnudas, lo cual selló completamente su suerte.
El congresista demócrata presentó su retiro de la carrera por la gobernación de California y, en medio de una investigación por el bipartidista Comité de Ética del Congreso, renunció a su cargo en la Cámara Baja el 13 de abril.
Lonna Drewes (izquierda) escucha a sus abogados Arick Fudali (derecha) y Lisa Bloom durante una conferencia de prensa en la que describió sus denuncias de conducta sexual inapropiada por parte del exrepresentante estadounidense Eric Swalwell, demócrata de California, en Beverly Hills, California, el 14 de abril de 2026. (Foto de Patrick T. Fallon / AFP)
/ PATRICK T. FALLON
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“Pido sinceras disculpas a mi familia, a mi equipo y a mis electores por los errores de juicio que he cometido en el pasado. Lucharé contra la grave y falsa acusación que se ha vertido contra mí; sin embargo, debo asumir la responsabilidad y reconocer los errores que sí cometí”, escribió Swalwell en su carta de renuncia. “Soy consciente de los esfuerzos para llevar a cabo una votación de expulsión inmediata contra mí y otros miembros. Expulsar a cualquier persona del Congreso sin el debido proceso, a los pocos días de que se presente una acusación, es incorrecto. Pero también es incorrecto que mis electores me vean distraído de mis deberes”, continuó, asegurando que trabajaría con su equipo para asegurarse de que puedan servir a su distrito.
La caída del republicano Tony Gonzales ocurrió casi en simultáneo a la de Swalwell, aunque las acusaciones que pendían en su contra tenían más tiempo, girando sobre su supuesta relación extramatrimonial con una exmiembro de su equipo que terminó quitándose la vida. Recién en marzo de este año, en plena campaña para ser reelegido como representante de Texas, Gonzales aceptó la relación ilícita, aunque negó ser responsable de la fatal decisión tomada por su examante.
El Comité de Ética del Congreso abrió en marzo un caso contra Gonzales, pero su renuncia llegó solo horas después de que Swalwell anunciara su salida.
“Todo tiene su momento, y Dios tiene un plan para todos nosotros”, escribió Gonzales en X el 13 de abril como despedida. “Cuando el Congreso reanude sus sesiones mañana, presentaré mi renuncia al cargo. Ha sido un privilegio para mí servir al maravilloso pueblo de Texas”.
La última congresista en renunciar y la única no envuelta en escándalos sexuales fue Sheila Cherfilus-McCormick, cuya salida se produjo en medio de acusaciones federales por el presunto desvío de millones de dólares en fondos públicos hacia su campaña, además de múltiples violaciones éticas detectadas por instancias del propio Congreso.
En concreto, un subcomité de la Comisión de Ética había considerado a Cherfilus-McCormick responsable de 25 infracciones relacionadas con financiación de campañas y conductas afines, entre ellos el desvío de US$5 millones en fondos federales destinados a ayuda en desastres a su campaña electoral.
A pesar de su renuncia, Cherfilus-McCormick calificó el procedimiento en su contra como una “cacería de brujas” y afirmó que el Comité de Ética “rechazó la razonable solicitud de mi nueva abogada de contar con tiempo para preparar mi defensa”.
Su salida del Congreso no detendrá un proceso judicial en su contra por los mismos cargos, por el que podría ser condenada hasta a 53 años de prisión.
Para Puerta Riera, más allá de los casos individuales, la ola de renuncias ha puesto en evidencia un contraste en la forma en que demócratas y republicanos enfrentan las crisis internas.
“El Partido Demócrata, que no digo que sea perfecto, al menos suele actuar con mayor rapidez ante denuncias y presiona para que sus miembros renuncien”, considera. “En cambio, el Partido Republicano tiende a resistir más tiempo, incluso esperando un ‘equilibrio político’ antes de tomar decisiones”.
Es este equilibrio político el que para la experta une los casos de Swalwell y Gonzales, resaltando que sobre este último ya pendían desde hace meses acusaciones sobre su relación inapropiada con una excolaboradora que posteriormente acabó con su vida.
“Los republicanos se negaron a sacrificar a Gonzales si no había una contraparte en el Partido Demócrata, que finalmente fue Swalwell”, indica la politóloga.
Esto fue diferente del caso de Sheila Cherfilus-McCormick, donde hubo una presión bipartidista para expulsarla.
La experta también señala que pese a la atención mediática, las renuncias no alteran significativamente el funcionamiento de la Cámara Baja, ya que la mayoría republicana se mantiene intacta y los escaños vacantes no modifican la correlación de fuerzas.
“La Cámara ya es disfuncional, pero no por estos tres legisladores”, sostiene Puerta Riera. “No va a ser ni más ni menos disfuncional”.
Agrega que tampoco tendrá un impacto mayor en las elecciones de medio término en noviembre, donde se elegirá a nuevos miembros de la Cámara de Representantes (Senado y Congreso), así como a los gobernadores de varios estados. Quizá donde haya más impacto es en California, estado en el que Swalwell era el favorito para la carrera de gobernador, pero como bastión demócrata que es los cambios se reflejarán más en la configuración de candidaturas que en un giro del electorado.




