Al final de “You Seem Pretty Sad for a Girl So in Love”, el tercer álbum de estudio de Olivia Rodrigo, flota en el ambiente la sensación de haber presenciado un accidente aéreo. Es la crónica de una relación que en algún momento voló muy alto para acabar luego en el suelo, en llamas. Este disco es esa caída, y Olivia nos obliga a verla entera, hasta que se apague el último fuego.
Al final de “You Seem Pretty Sad for a Girl So in Love”, el tercer álbum de estudio de Olivia Rodrigo, flota en el ambiente la sensación de haber presenciado un accidente aéreo. Es la crónica de una relación que en algún momento voló muy alto para acabar luego en el suelo, en llamas. Este disco es esa caída, y Olivia nos obliga a verla entera, hasta que se apague el último fuego.
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El disco abre con “Drop Dead”, el single con el que anunció el álbum. Cuando la presentó hace unos meses parecía su canción más inocente, quizá demasiado ya. Ubicada al inicio de la secuencia se entiende mejor: funciona como la altitud máxima antes del descenso. Pura euforia de enamoramiento, con secuencias y guitarras que empujan hacia arriba, una voz que todavía cree en lo que está sintiendo. Desde ahí todo es un cuesta abajo emocional. “Cigarette Smoke”, la última pista, termina con una de las líneas más perturbadoras que ha escrito: “Tell me something honest so the memories turn dark” (“Dime algo honesto para que mis recuerdos se vuelvan oscuros”). Lo que pide es que alguien le arruine los recuerdos idealizados para poder soltar. Es un disco que se construye deliberadamente para caer.
Ese arco —del enamoramiento desenfrenado a la autodestrucción de la nostalgia— es lo que convierte a “You Seem Pretty Sad…” en el trabajo más ambicioso y más coherente de Rodrigo hasta ahora. En “Sour” y “Guts”, la artista operaba desde la herida abierta, desde la indignación inmediata de alguien que todavía está dentro del conflicto, ha sido traicionado y busca explicación y hasta venganza. El pop punk era el vehículo perfecto para eso: ruidoso, visceral, poco interesado en el análisis. Aquí, en cambio, Rodrigo toma la distancia que los adultos tienen frente a las cosas que duelen. Más que gritar, prefiere diagnosticar. Y para hacerlo necesitaba un sonido distinto.
(Foto: Difusión)
/ Christian Bertrand
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Ese nuevo tono lo encuentra en el new wave de principios de los ochenta. Sin dejar de sonar rock, hay baterías programadas, sintetizadores brillantes y muchas guitarras bañadas en chorus y delay que dominan buena parte del disco. Puede parecer nostalgia decorativa, aunque quizá sea una decisión narrativa. “Maggots for Brains” y “u+me = <3” suenan como escapadas de una discoteca new wave de la ciudad, con esa mezcla característica de ansiedad y energía bailable. “Expectation”, por ejemplo, lleva esa estética hasta sus consecuencias más extremas, construyendo una canción que suena a Devo y parece diseñada para bailar mientras se desmorona algo por dentro. Olivia ha mencionado que este disco lo escribió en la etapa en la que vivía en Londres. Y hay mucho de ironía británica en sus reflexiones. La ironía de alguien que ha aprendido a observar su propio colapso con cierta frialdad.
Si en “Sour”, uno de los grandes discos de pop adolescente de esta década, una Rodrigo de 17 años escribía desde la rabia sin procesar (“good 4 u”) o desde la humillación (“drivers license”), en “Guts” intentó complejizar esa voz, con resultados todavía más sorprendentes. Aquí llega a una comprensión más difícil: no siempre las relaciones terminan por culpa de la otra persona. A veces uno mismo carga con cosas irresueltas que empañan el espejo. Las canciones de “You Seem Pretty Sad…” hablan del amor, y de la ausencia de amor, como una enfermedad que necesitaría “una cura”, aunque esta no exista.
Precisamente, la sorprendente colaboración con Robert Smith, de The Cure, en “What’s Wrong With Me” es el momento en que mucho del disco cobra sentido. No es casualidad que el líder de The Cure aparezca en este disco en particular: las referencias a su banda están diseminadas por todo el álbum, y la presencia de Smith funciona menos como un guiño generacional que como una confirmación de que Rodrigo está operando en un territorio emocional genuinamente afín. Juntos cantan el amor como enfermedad, como algo que altera el metabolismo y desconecta al cuerpo de sus funciones básicas. “No puedo comer, no puedo dormir. Creo que tú eres lo malo que hay en mí”. Es una hermosa balada y también una de las más precisas del disco: el amor no como tragedia romántica sino como condición clínica.
Esa metáfora de la enfermedad recorre “You Seem Pretty Sad” de principio a fin. “Drop Dead” la establece desde el arranque: una historia de amor que nace exuberante, como una flor que crece sin saber todavía que está atrapada en una maceta. La dolencia avanza canción por canción. En “The Cure”, Rodrigo ya no solo culpa al otro: reconoce haber sido también agente del desastre, que los fantasmas de la soledad que arrastraba desde antes de la relación terminaron contaminando lo que intentaba construir. Es uno de los momentos más incómodos del disco, precisamente porque Rodrigo no se concede la comodidad de ser solo víctima. El resentimiento y la autocrítica conviven en el mismo verso sin que ninguno gane.

Olivia Rodrigo reedita en versión deluxe su disco “Guts” con nuevo material. (Foto: Instagram)
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El disco culmina donde esta reseña empieza. En “Cigarette Smoke”, rodeada del olor del tabaco impregnado en la ropa y los huesos, de latas de cerveza en la refrigeradora, Rodrigo convierte los detalles sensoriales en fantasmas imposibles de expulsar. Y entonces lanza esa súplica: “Tell me something honest so the memories turn dark”. Hay miles de canciones sobre corazones rotos, pero pocas contienen una petición tan clínicamente desesperada. No quiere recuperar al otro ni entender qué salió mal. Quiere que el recuerdo pierda su brillo, que la versión dorada de lo que fue se vuelva amarga y deje de perseguirla. Es el gesto más lúcido y más triste del álbum: la comprensión de que para sanar primero hay que destruir la historia que uno se ha contado sobre el amor que tuvo.
“You Seem Pretty Sad for a Girl So in Love” es una obra de impresionante madurez para alguien de solo 23 años. Es lo más honesto que se ha escrito en mucho tiempo sobre lo que significa enamorarse sabiendo, en algún lugar, que todo tiene fecha de vencimiento. Olivia Rodrigo ya no escribe sobre el desamor como si fuera una sorpresa. Escribe sobre él como quien ha aprendido a reconocer los síntomas desde el principio y aun así decide contagiarse, porque eso es lo que hacemos muchas veces. Caminar hacia una pared o pisar el acelerador en dirección a ella. //




