Noruega abre este sábado una nueva página de su historia de la mano de su rey Haakon VIII, quien asume el trono tras la muerte de su padre Harald V, una figura unificadora que permaneció 35 años a la cabeza del reino.
Noruega abre este sábado una nueva página de su historia de la mano de su rey Haakon VIII, quien asume el trono tras la muerte de su padre Harald V, una figura unificadora que permaneció 35 años a la cabeza del reino.
El país escandinavo decretó luto nacional tras el fallecimiento, el viernes a los 89 años, del que era el monarca más longevo de Europa.
Este sábado podían apreciarse auténticas montañas de flores frente al Palacio Real de Oslo, por donde pasaron más de 20.000 personas desde el viernes.
“Todo el mundo está triste. El rey era un hombre al que todo el mundo respetaba”, cuenta a AFP Anne Lobbe, de 35 años.
El hijo de Harald, Haakon, de 53 años, lo sucede en un momento en que la monarquía noruega se ve debilitada por una serie de escándalos, varios de ellos en torno a la nueva reina, Mette-Marit.
Fotografía tomada el 8 de abril de 2025 en el Palacio Real de Oslo, Noruega, que muestra al rey Harald V esperando a sus invitados. (Foto de Lise Öserud / NTB / AFP).
/ LISE ASERUD
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El nuevo rey, quien al igual que su padre desempeñará funciones principalmente protocolarias, se presentó en Palacio junto a su hija de 22 años, Ingrid Alexandra, la nueva princesa heredera, para informar oficialmente al gobierno sobre el fallecimiento.
“Tomaré el nombre de Haakon VIII y perpetuaré el lema que mi padre, mi abuelo y mi bisabuelo eligieron: ‘Todo por Noruega’”, declaró.
Este sábado prevé celebrar audiencias con los dignatarios de la Iglesia de Noruega y dirigentes del Parlamento y la Corte Suprema. En los próximos días se dirigirá a sus conciudadanos.
Sin esperar a los funerales reales, cuya fecha aún no se ha anunciado y que marcarán el fin del luto nacional, el nuevo soberano prestará juramento de lealtad a la Constitución el martes 1 de septiembre.
No se espera que sea coronado, una práctica abolida en 1908, pero podría optar, al igual que su padre y su abuelo, por hacer que se bendiga su reinado en una ceremonia en la catedral de Trondheim, donde los reyes noruegos fueron coronados entre 1814 y 1906.
“Recordaremos al rey Harald por su amor hacia su pueblo, su sentido del humor y su calidez humana, y por su fe inquebrantable en nosotros”, declaró el primer ministro, Jonas Gahr Støre, en un breve discurso tras su encuentro con el nuevo monarca.
Hospitalizado desde el 17 de agosto, Harald padecía anemia hemolítica, una enfermedad de la sangre que se caracteriza por una destrucción anormalmente rápida de los glóbulos rojos.
“Fue muy importante, fue un rey que unió a la gente, el rey del pueblo”, dijo a la AFP Line Stousland, de 49 años, quien acudió a dejar flores frente al Palacio real, donde se amontonaban montañas de ramos, tarjetas, peluches y banderas noruegas.
También llegaron numerosos homenajes desde el extranjero, tanto de las monarquías europeas como de líderes de todo el mundo.
Entre ellos el presidente estadounidense, Donald Trump, quien rindió homenaje a la memoria de “un hombre fuerte, orgulloso y enormemente respetado”.
Harald V, quien ascendió al trono en 1991, era ampliamente considerado como la encarnación de una Noruega abierta y tolerante.
Muchos noruegos entrevistados por la AFP recordaron el discurso que pronunció tras los ataques del neonazi Anders Behring Breivik, que se cobraron 77 víctimas el 22 de julio de 2011, la peor masacre del país nórdico desde la Segunda Guerra Mundial.
Su heredero, el popular Haakon, se muestra modesto y rehúye el fasto y la ostentación. Ha hecho suyas las preocupaciones de su generación: la defensa del medioambiente y las luchas contra el racismo y la homofobia.
Pero accede al trono en medio de vientos contrarios.
Los vínculos pasados de su esposa Mette-Marit con el delincuente sexual Jeffrey Epstein, la condena de su hijastro por dos violaciones y las extravagancias de la pareja formada por su hermana la infanta Marta Luisa y un estadounidense autoproclamado chamán han empañado el prestigio de la monarquía.
Además de estos escándalos, la familia real noruega ha atravesado un período difícil en los últimos meses debido a los problemas de salud del difunto soberano y de la nueva reina.
Mette-Marit padece una enfermedad pulmonar incurable que la llevó a someterse a un trasplante de pulmones en junio.
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