En un país donde los candidatos nunca asumen responsabilidad por los congresistas que llevaron al Parlamento, resulta improbable que los legisladores hagan un mea culpa por el presidente que colocaron en el poder. A José Jerí lo eligió la actual representación parlamentaria. Lo pusieron a la cabeza de la Mesa Directiva sabiendo los antecedentes que arrastraba: una denuncia por violación, desobediencia a la autoridad y sospechas sobre su patrimonio, entre otras perlas. Con ese pasado, no era difícil percatarse de que el elegido no estaba a la altura del cargo.
En un país donde los candidatos nunca asumen responsabilidad por los congresistas que llevaron al Parlamento, resulta improbable que los legisladores hagan un mea culpa por el presidente que colocaron en el poder. A José Jerí lo eligió la actual representación parlamentaria. Lo pusieron a la cabeza de la Mesa Directiva sabiendo los antecedentes que arrastraba: una denuncia por violación, desobediencia a la autoridad y sospechas sobre su patrimonio, entre otras perlas. Con ese pasado, no era difícil percatarse de que el elegido no estaba a la altura del cargo.
Quienes votaron por Jerí como titular del Congreso sabían que lo estaban ubicando en la línea directa de sucesión presidencial. El gobierno de Dina Boluarte tambaleaba y no era un secreto que las posibilidades de que culminara su mandato no eran altas.
Este martes, aquellos que lo catapultaron al poder decidirán si ponen fin a su breve mandato. A estas alturas no sabemos si las voces que cuestionan las reuniones secretas con empresarios chinos y las contrataciones sospechosas se traducirán en votos o son solo fuegos artificiales electorales. En la república de la incertidumbre, los peruanos no sabemos aún si en dos días tendremos un nuevo presidente o si Jerí saldrá airoso y permanecerá en Palacio hasta julio.
Como es habitual cuando se presentan mociones de este tipo, a estas alturas ya deben haberse desplegado una serie de conversaciones bajo la mesa. Habrá ‘niños’ y mochasueldos negociando en el mercado persa de los votos.
Jerí comenzó su gobierno visitando cárceles, adoptando perritos callejeros, tomando emoliente en la calle, respondiendo por X a críticos y partidarios. Patentó la frase “¡A toda máquina!” para identificar una gestión que se proyectaba como activa y enérgica. Lo que se ocultó es que nos estaban vendiendo una máquina defectuosa, oxidada por las frivolidades y las relaciones turbias. Este martes sabremos si la máquina terminará en el depósito de chatarra o si se mantendrá operando hasta que se detecte la próxima avería.
*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.