Se cumplen 30 años desde que Buenaventura se convirtió en la primera empresa peruana y la primera empresa minera latinoamericana en listar sus acciones en la Bolsa de Nueva York (NYSE), el principal mercado de valores del mundo. Tres décadas después, vale recordar lo que este hito representa, cómo fue el proceso y, sobre todo, cómo se ha logrado sostener en el tiempo.
Estar listados en la NYSE significa regirnos por los más altos estándares de gobernanza corporativa, al igual que las grandes empresas del mundo. Hoy puede parecer un proceso natural, pero no lo fue. El Perú de esa época no tenía grado de inversión y arrastraba un historial de volatilidad política y económica. En la información que debíamos presentar ante la SEC (Security and Exchange Commitee), entidad estadounidense que supervisa el mercado bursátil, existía un capítulo dedicado al riesgo país donde se advertía sobre las medidas intervencionistas del pasado, las limitaciones institucionales e incluso el terrorismo, pese a la captura de sus cabecillas.
Aun así, decidimos avanzar. El proceso tomó años y exigió un arduo trabajo de todo el equipo de Buenaventura. Recorrimos bancos de inversión y centros financieros, participamos en ‘road shows’ en las principales ciudades del mundo y adaptamos nuestros procesos a estándares más exigentes que los locales. La Bolsa de Nueva York exige, pues, transparencia, rigurosidad y gobernanza corporativa.
El 15 de mayo de 1996 nuestro fundador, don Alberto Benavides de la Quintana, junto a su esposa Elsa Ganoza de la Torre, fueron los encargados de dar el tradicional campanazo en Wall Street. La operación superó las expectativas y logró captar inversionistas de 13 países.
Listar en la Bolsa de Nueva York le permitió a Buenaventura fortalecer sus operaciones, poner en marcha nuevos proyectos y seguir generando valor para sus accionistas. También contribuyó a proyectar el potencial del sector minero peruano ante el mundo, atraer inversión, impulsar el empleo y oportunidades de desarrollo para el país.
La minería es de largo plazo, como lo es construir una organización capaz de mantenerse durante tres décadas en el mercado bursátil más exigente del mundo. En estos treinta años hemos pasado crisis, ciclos de precios, cambios regulatorios y momentos complejos para el Perú, lo que ha requerido adaptación, disciplina financiera, transparencia y capacidad para mirar más allá de la coyuntura.
Al mismo tiempo, ha contribuido al posicionamiento internacional de la minería nacional y proyectar al Perú como un país capaz de desarrollar empresas competitivas con estándares de clase mundial.
Treinta años después, esta experiencia nos deja varias lecciones: la confianza es clave para atraer inversiones; la institucionalidad es fundamental; la visión de largo plazo hace la diferencia; y desde el Perú es posible construir empresas capaces de trascender generaciones y mantenerse entre los estándares más altos del mundo, contribuyendo al bienestar de los peruanos.
En estas épocas de elecciones, esperamos que la experiencia de Buenaventura y sus más de 18 mil trabajadores en ocho regiones del país ayude a comprender que la seguridad política, social y económica es indispensable para el desarrollo del Perú.




