Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.
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Una colección no empieza con una obra, sino con una intuición. A veces también con una negociación incómoda. A fines de los noventa, un joven cubano llegó a Lima con una imagen del Che Guevara bajo el brazo. Jan Mulder la compró —“le rebajé el precio, tristemente”, recuerda— sin saber que ese gesto marcaría el reinicio de una de las colecciones fotográficas más consistentes de la región, que hoy nos muestra un pedazo de la misma con “Una colección es un deseo”, exposición que reúne más de cien fotografías en el Palacio de las Artes de Miraflores.
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Curada por Jorge Villacorta y Sebastián Montalvo Gray, la selección propone un recorrido que cruza tiempos, geografías y lenguajes. Conviven en las salas autores como Martín Chambi, Graciela Iturbide, Vik Muñiz o Milagros de la Torre. La colección reúne hoy alrededor de 1,500 piezas —aunque su archivo supera las 5,000 imágenes— y traza un mapa visual que se mueve entre lo local y lo internacional.
El espacio también juega un papel clave. Instalado en su nueva sede de la avenida 28 de Julio, el Palacio de las Artes despliega seis salas que funcionan como núcleos independientes. “Es un espacio espectacular, único para este tipo de exposiciones”, dice Mulder, destacando una museografía que apuesta por la fragmentación controlada: cada sala sostiene su propio relato, pero todas responden a una lógica común que articula la experiencia.

Ananké Assef, Aváykn. “Ananké”, en griego, remite a la necesidad y a lo inexorable. Fotografía digital, 2010, 131 × 181 cm.
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Coleccionar, en este caso, no es acumular, sino editar. La colección de Mulder se construye a partir de temas que aparecen y reaparecen como obsesiones parciales: lo marítimo, lo urbano, el movimiento. “Hay temas que uno va escogiendo”, explica. “A veces aparece algo inesperado —un trabajo sobre peces, por ejemplo— y eso ya es una revelación que aporta un nuevo elemento”, agrega.
Esa lógica se puso a prueba en 2012, cuando la colección fue invitada a Arles. Mulder llevó un dossier de apenas 20 o 30 fotografías. La respuesta llegó meses después: el proyecto había sido aceptado. “De la emoción, ni siquiera sabía qué iba a exponer”, admite. Lo que siguió fue un proceso de construcción curatorial que derivó en una muestra organizada en cinco salas, cada una con entre 20 y 30 obras.

Gastón Ugalde, La paz que en este día. Técnica mixta – collage, 2017, 200 × 100 cm.
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La exposición actual retoma esa estructura conceptual, pero la expande. Según Montalvo, el reto fue integrar un espacio fragmentado como el del PLAM sin perder cohesión. La solución fue museográfica: dispositivos que activan los archivos y permiten que obras separadas por más de un siglo dialoguen entre sí. “Queríamos desdibujar la jerarquía entre lo histórico y lo contemporáneo”, señala.
En ese cruce aparece el verdadero sentido del título. La colección no solo preserva imágenes: las pone en circulación, las reactiva. “La historia es el recuerdo, el manejo de una obra que uno va acumulando, y que en algún momento te pide que le des sentido mostrándola al público”, dice Mulder sobre una colección que, en el fondo, no es otra cosa que la forma persistente de su deseo por entender el mundo.















