lunes, septiembre 14

Ya empezamos a escuchar propuestas para resolver uno de los problemas que más afecta nuestra calidad de vida: el tráfico. Hay anuncios de nuevas pistas, intercambios viales y grandes obras. Pero antes de hablar de obras, conviene hacernos una pregunta más importante: ¿qué significa realmente tener una ciudad que se mueve mejor?

Una ciudad bien conectada no es la que construye más pistas, sino la que permite que las personas lleguen de manera segura, rápida y predecible al trabajo, al colegio o a una cita médica. Hablar de movilidad es hablar también de productividad, competitividad y, sobre todo, de calidad de vida.

La congestión refleja la magnitud del desafío. Según la ATU, en hora punta los vehículos circulan entre 11 km/h y 14 km/h, llegando incluso a 7 km/h en algunos corredores. De acuerdo con AFIN, esta situación le cuesta a Lima y Callao más de S/ 27 mil millones al año, entre tiempo perdido y mayor consumo de combustible. Detrás de esas cifras hay oportunidades que se pierden, más contaminación y millones de horas que las personas dejan de compartir con sus familias.

La experiencia de operar y mantener una infraestructura vial en Lima Expresa nos ha dejado una convicción: la infraestructura no genera valor simplemente por existir, genera valor cuando funciona bien todos los días. Mantenimiento permanente, tecnología, monitoreo, atención de emergencias y capacidad de respuesta son tan importantes como el concreto.

El desafío de la próxima gestión municipal no debería limitarse a definir qué nuevas obras hacer. Debería preguntarse también como lograr que la infraestructura existente funcione mejor, cómo acelerar proyectos que ya tienen soluciones identificadas y, sobre todo, como articular a los distintos actores que intervienen en la movilidad de una ciudad tan compleja como Lima.

En Lima Expresa, por ejemplo, hemos presentado diez proyectos orientados a mejorar la fluidez y la seguridad en la Vía de Evitamiento y la Línea Amarilla. Cinco continúan pendientes de aprobación por parte de la Municipalidad Metropolitana de Lima. Es un ejemplo concreto de un desafío mayor que enfrenta la ciudad: la capacidad para convertir las soluciones identificadas en realidad, con la velocidad que Lima necesita.

La movilidad debe dejar de ser una suma de obras aisladas para convertirse en una política pública de largo plazo, con objetivos medibles, responsabilidades claras, estándares de mantenimiento, plazos de ejecución y, sobre todo, con continuidad más allá de una gestión municipal.

Ese debería ser el verdadero legado del próximo alcalde: no la cantidad de obras inauguradas, sino el tiempo que les devolvió a los ciudadanos. Porque una ciudad que se mueve mejor no solo es más competitiva y productiva, es una ciudad que nos permite vivir mejor.

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