Hay historias que se construyen con goles, títulos y fotografías que quedan para siempre. La de Lionel Messi también tiene otra cara: la de un padre que estuvo detrás de cada paso importante, desde aquellas primeras tardes en Rosario hasta los días en los que su hijo se convirtió en campeón del mundo. Jorge Messi fue su padre, representante y principal consejero, pero también el hombre con quien Leo compartió momentos que no siempre tuvieron que ver con el fútbol.
Hay historias que se construyen con goles, títulos y fotografías que quedan para siempre. La de Lionel Messi también tiene otra cara: la de un padre que estuvo detrás de cada paso importante, desde aquellas primeras tardes en Rosario hasta los días en los que su hijo se convirtió en campeón del mundo. Jorge Messi fue su padre, representante y principal consejero, pero también el hombre con quien Leo compartió momentos que no siempre tuvieron que ver con el fútbol.
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Jorge trabajaba durante largas jornadas cuando Lionel era niño. Se levantaba de madrugada y regresaba por la noche, por lo que los momentos junto a su hijo eran escasos, pero especialmente valiosos. “Mi viejo se levantaba a las 4 de la mañana y volvía a las 9 de la noche para cenar prácticamente todos los días”, recordó alguna vez Messi. Aquellos años terminaron moldeando parte de los valores que hoy el capitán argentino intenta transmitir a sus propios hijos.
El camino tampoco fue sencillo. Jorge acompañó a Leo cuando su familia tuvo que buscar una solución para el tratamiento que necesitaba por su problema de crecimiento y posteriormente viajó con él a Barcelona cuando apenas tenía 13 años. En Cataluña llegaron los momentos de incertidumbre, las dificultades económicas y hasta una carta en la que el padre reclamó al club por los compromisos que no se estaban cumpliendo.
Con el tiempo, Jorge pasó de ser el padre que llevaba a su hijo a entrenar a convertirse en su representante y en una de las personas de mayor confianza de su entorno. Estuvo en las grandes decisiones, en las discusiones y también en las celebraciones. Pero hay recuerdos que permiten entender mejor ese vínculo que cualquier contrato o negociación.
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