Un día después de que Nicolás Maduro fuera capturado tras la incursión militar estadounidense en Caracas, Donald Trump anticipaba la caída del siguiente objetivo: Cuba, la pequeña isla que está a poquísimos kilómetros de Florida pero que desde hace casi 70 años es el dolor de cabeza de Washington.
“No creo que necesitemos ninguna acción. Cuba parece que está a punto de caer, se está hundiendo”, decía Trump aquel 4 de enero. La isla venía pasando por meses de crisis energética que ocasionaba apagones constantes y problemas de abastecimiento de alimentos. Pero la captura de Maduro les asestó un golpe durísimo. El petróleo venezolano dejó de llegar a Cuba después de dos décadas de sostener la economía y, desde entonces, los problemas se han agudizado aún más.
Las colas para abastecer a los vehículos de gasolina -que ahora se vende en dólares y al doble de su precio- se han vuelto interminables, mientras que la falta constante de luz (de hasta 20 horas diarias), la escasez de comida, de medicamentos y la basura acumulada en las calles pintan un panorama muy complicado para una población ya acostumbrada a vivir en crisis, pero que ahora sí muestra abiertamente su molestia.
La apuesta de Washington es asfixiar al régimen, y a los cubanos, para obligarlos a conversar bajo los términos de Trump. Aunque el régimen castrista afirma que no hay negociaciones aún, pese a lo dicho por la propia Casa Blanca, el presidente Miguel Díaz-Canel se ha visto conminado a señalar que están abiertos al diálogo “siempre que sea desde una posición de respeto, soberanía y autodeterminación”, negando además que Cuba sea un país que auspicie el terrorismo, como lo señala un decreto de Trump.
Nadie se anima a vaticinar que al cubano le espere el mismo destino que a Maduro, pero sin duda hay movimientos debajo de la mesa que podrían suponer algún cambio de rumbo.
“Estamos dispuestos a un diálogo sin presiones, en una posición de iguales, sin abordar temas que sean de injerencia en nuestros asuntos internos”.
“Yo no me atrevería a decir que habrá una caída del régimen, pero sí creo que al presidente Díaz-Canel le va a tocar negociar. El comunicado de hace unos días donde explican que Cuba no es una nación que apoya al terrorismo fue algo totalmente disruptivo de lo que ha sido la tradición cubana de resistir y de reafirmar su posición en contra de la injerencia de Estados Unidos en la isla”, señala a El Comercio la politóloga colombiana Carolina Galindo Hernández, profesora de la Escuela de Ciencias Humanas de la Universidad del Rosario en Bogotá.
“Llevamos años hablando de Cuba y de qué va a pasar con el régimen. Obviamente no es la primera vez que Cuba pasa por un momento difícil. Lo vimos en los años 90 tras la caída de la Unión Soviética cuando se quedó sin el apoyo de Moscú. Ahora están viviendo otro momento difícil, pero el mundo ha cambiado mucho en 30 años. Estamos viendo más presión, que se añade las dificultades que ya había en la isla”, señala a este Diario Carin Zissis, vicepresidenta de Estrategias de Contenido para el Consejo de las Américas y editora de AS/COA Online, organización basada en Washington.

El presidente Miguel Díaz-Canel anunció el jueves en una inusual comparecencia televisada que prepara un plan de «desabastecimiento agudo de combustible» ante las presiones de EE.UU. (Foto: EFE)
/ Presidencia de Cuba
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Un cambio fundamental esta vez es la presencia, en la administración Trump, del secretario de Estado, Marco Rubio, de origen cubano y para quien la caída del régimen castrista ha sido prioridad durante toda su carrera política.
Si el corte del suministro de petróleo venezolano empeoró la golpeada economía cubana, la orden ejecutiva que firmó Trump el 28 de enero multiplicó las preocupaciones. Esta orden amenaza con imponer aranceles a los países que vendan crudo a la isla, señalada como una “amenaza excepcional” a la seguridad nacional estadounidense.
“Creo que nos gustaría ver que el régimen cambie en Cuba. Eso no significa que vayamos a provocar un cambio, pero nos encantaría verlo”.
Esto llevó a que México, un país con lazos históricos con Cuba, también dejara de suministrarle petróleo, poniendo en una complicada posición a la presidenta Claudia Sheinbaum. Aunque Pemex, la estatal petrolera mexicana, señaló que en el 2025 los envíos solo fueron por 496 millones de dólares, lo que representó menos del 1% de la producción de crudo, para Cuba se volvieron indispensables los 17.200 barriles al día que recibían desde México.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha aumentado la presión hacia Cuba. (Foto: AFP)
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“Las relaciones comerciales significan mucho para México. Este año hay una revisión del acuerdo T-MEC que tiene con Estados Unidos y Canadá, y México envía más del 80% de sus exportaciones a EE.UU. La presidenta Claudia Sheinbaum sabe que tiene que trabajar con el gobierno de Trump. De hecho, hablan mucho por teléfono. Pero, al mismo tiempo, México -que tiene un gobierno de izquierda- tiene una historia de relaciones importantes con Cuba”, refiere Zissis.
La presidenta ha señalado que la ayuda humanitaria de su país hacia la isla continuará, en términos, sobre todo, de envío de alimentos, pero que en el tema petrolero está analizando “una manera diplomática” de seguir ayudando a Cuba, aunque sin dar muchos indicios.
EE.UU. Y CUBA: DÉCADAS DE TENSIONES
- 1961: Dos años después del triunfo de la Revolución Cubana, EE.UU. rompe relaciones diplomáticas con Cuba. En abril ocurre el intento fallido de invasión en Bahía de Cochinos.
- 1962: Crisis de los misiles. El mundo queda al borde de una guerra nuclear tras el descubrimiento de bases soviéticas en la isla. EE.UU. impone el embargo total.
- 1977: Primer «deshielo» en las relaciones bajo la administración de Jimmy Carter. Se abren las secciones de Intereses en La Habana y Washington para trámites consulares.
- 1992: Tras la caída de la URSS, Washington aprueba leyes que endurecen el embargo y penalizan a terceros países que comercien con la isla.
- 2014: El presidente Barack Obama y Raúl Castro anuncian el inicio de la normalización de relaciones diplomáticas, así como un intercambio de prisioneros.
- 2017: Las relaciones se vuelven a enfriar tras la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, quien revierte buena parte de las medidas de Obama. Un año después, EE.UU. retira a la mayor parte de su personal diplomático.
- 2022: La administración Biden anuncia medidas para aliviar restricciones de remesas. Antes de salir del gobierno retiró a Cuba de la lista de patrocinadores del terrorismo.
- 2025: Trump vuelve a incluir a Cuba en la lista de terrorismo, complica las transacciones bancarias internacionales y reimpone límites estrictos a las remesas familiares hacia la isla.
Entre el 2024 y el 2025, las sanciones y el embargo estadounidense le ocasionaron a la economía cubana una pérdida de US$7.556 millones, un 49% más que en el período anterior. En los últimos seis años, la nación caribeña perdió un 15% de su PBI, provocando nuevamente olas migratorias hacia Estados Unidos y otros países latinoamericanos. La economía centralizada ordenada por la dictadura comunista no ha hecho mover sus industrias y muchos cubanos viven, básicamente, de las remesas del extranjero. El turismo, que llegó a florecer en las últimas décadas, se ha desplomado y en el 2025 cerró con su peor registro de viajeros internacionales desde el 2002: apenas 1,8 millones.
En medio de esta situación crítica, Díaz-Canel ha apelado a la “resistencia creativa” de los cubanos ante la emergencia económica y social, algo a lo que están habituados desde hace seis décadas, solo que esta vez el punto de quiebre podría estar más cerca de lo esperado.
“El gobierno va a tener que empezar a abrir su sistema político y tendrá que negociar con Estados Unidos. A diferencia de Venezuela, la estrategia de Trump en Cuba no es un ataque militar sino, como se dice, le está quitando la poca cantidad de agua que le queda al pez, y esa es una estrategia más eficaz”, destaca Carolina Galindo.
Si en algo son expertos los cubanos es en aguantar vicisitudes y arreglárselas para poder sobrellevar un sistema que los viene ahogando desde hace décadas. Solo que ahora, la soga podría tirar del cuello del régimen comunista en cualquier momento.




