Horas antes del inicio del encuentro, el optimismo podía olerse en Matute. Alianza Lima necesitaba de un triunfo para consagrarse campeón del Torneo Apertura y esa era la única consigna. El rival sería nada menos que Chankas FC, su principal perseguidor, y a falta de una fecha podía cerrar una campaña exitosa de primer semestre en casa y con su gente. No podía salir mal.
Horas antes del inicio del encuentro, el optimismo podía olerse en Matute. Alianza Lima necesitaba de un triunfo para consagrarse campeón del Torneo Apertura y esa era la única consigna. El rival sería nada menos que Chankas FC, su principal perseguidor, y a falta de una fecha podía cerrar una campaña exitosa de primer semestre en casa y con su gente. No podía salir mal.
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Ya desde el último jueves las entradas de Matute se agotaron y ese lleno total se hizo sentir previo al inicio del encuentro. Fuegos artificiales y humo recibieron al equipo victoriano entre cánticos que no cesaron en los 90 minutos. “Vamos Alianza que yo quiero verte campeón”, fue el más repetitivo en Matute.
La alegría y tranquilidad llegaron a los 12 minutos tras un gol de Jairo Vélez que hizo saltar no solo a quienes estaban en cancha, sino también a los suplentes. Se juegue de titular o no, la victoria era de todos los convocados. El abrazo del preparador físico con los del banquillo así lo demostró, mientras un Pablo Guede más cauto apenas apretó el puño.
Minutos después, en el 27, Eryc Castillo marcó el segundo gol y el furor por el doblete ecuatoriano se hizo uno solo. El primero en abrazarlo fue su compañero más cercano y compatriota, Fernando Gaibor. Paolo Guerrero, por su lado, llamó a todos los compañeros a que se reúnan en un abrazo. Les pidió tranquilidad y mucha cabeza para continuar con el partido que todavía les quedaba por delante.
Y cuando el reloj se acercaba a los minutos finales, apareció uno de los símbolos de esa solidez. Renzo Garcés se elevó dentro del área y, con un cabezazo contundente, decretó el 3-0 a los 81 minutos. Ahí sí. Ahí terminó cualquier duda. Ahí empezó oficialmente la fiesta.
Paolo Guerrero se quedó varios segundos mirando la tribuna antes de levantar el plato del Torneo Apertura. Ahí estaban su esposa y su madre, dos de las personas más importantes en su carrera, presenciando uno de los momentos que él mismo se propuso cuando decidió volver a Alianza Lima. A sus 42 años, el delantero íntimo vivió la celebración con emoción visible, abrazando uno por uno a sus compañeros antes de convertirse, como capitán, en el encargado de recibir el trofeo de campeón.
El ‘Depredador’ sonrió, gritó y festejó como uno más, pero también dejó ver el peso emocional de una conquista que parecía pendiente en su historia. Rodeado de todo el plantel, Guerrero entendió que el Apertura no solo significaba un título para Alianza Lima, sino también la confirmación de que todavía puede ser determinante dentro de un equipo que encontró en él a un líder absoluto dentro y fuera de la cancha. Abrazando la imagen del Señor de los Milagros, el ‘9′ no aguantó las lágrimas y rompió en llanto.
Paolo Guerrero celebró con su madre, Doña Peta, el título del Apertura con Alianza Lima. (Foto: Jesús Saucedo / GEC)
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La celebración también dejó otras postales emotivas. Renzo Garcés se arrodilló sobre el césped y se puso a rezar apenas terminó el partido, mientras que Fernando Gaibor no pudo contener las lágrimas tras salir lesionado. El volante ecuatoriano continuó llorando incluso después del pitazo final y encontró consuelo en un largo abrazo con Eryc Castillo, su mejor amigo dentro del plantel, en una escena que reflejó la unión y sensibilidad del grupo blanquiazul en medio de la alegría por el campeonato.




