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Cuando pensamos en la biodiversidad del Perú, solemos imaginar bellos paisajes naturales, aves coloridas y mamíferos emblemáticos. Rara vez pensamos en insectos. Y, sin embargo, ellos constituyen la mayor parte de la fauna del planeta. De las aproximadamente 1 250 000 especies animales conocidas en el mundo, más del 75% son insectos. El Perú, reconocido como uno de los países megadiversos del planeta, alberga una enorme variedad de estas criaturas que, de manera silenciosa, sostienen el equilibrio de la naturaleza.
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El entomólogo estadounidense Terry Erwin, quien realizó parte de sus investigaciones en Madre de Dios, estimó que en el mundo podrían existir hasta 30 millones de especies de insectos. Sin embargo, muchas de ellas aún no han sido descritas ni nombradas. “Registradas, descritas y con referencia en colecciones científicas y en museos hay cerca de un millón de especies de insectos. Pero si Terry Erwin tiene razón y son 30 millones, ¿entonces cuánto falta todavía por nombrar y estudiar?”, reflexiona la entomóloga Clorinda Vergara, directora del museo, mientras recorre con el equipo de la revista “Somos” los nuevos espacios donde investigadores y estudiantes trabajan para ampliar el conocimiento sobre la fauna entomológica del país.

La Mg.Sc. Clorinda Vergara es la directora del museo de entomología de la Universidad Agraria La Molina. (Foto: Antonio Melgarejo/ GEC)
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“Nosotros estamos dentro de la región neotropical, que es considerada muy rica en diversidad biológica. Esa diversidad biológica está plasmada en insectos. Y acá en la colección podemos ver esa riqueza de diversidad”, añade la científica.
El museo, nos explica, busca preservar y estudiar, pero también despertar curiosidad, especialmente en niños y jóvenes que encontrarán aquí una puerta de entrada a un mundo diferente.
El recorrido por la sala de exhibición está organizado por órdenes. Desde los más familiares, como el orden Hymenoptera, que agrupa abejas, abejorros, avispas y hormigas; o el orden Araneae, donde se encuentran arañas y tarántulas; hasta otros menos conocidos pero igualmente fascinantes. Entre ellos, el orden Phasmatodea, con los llamados insectos palo o insectos hoja, maestros del camuflaje extremo, capaces de confundirse casi por completo con ramas y follaje. También está el orden Mantodea, dedicado a las mantis religiosas o santateresas, famosas por su postura y su comportamiento depredador.

El Titanus giganteus en todo su esplendor. (Foto: Antonio Melgarejo/ GEC)
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Uno de los espacios más populares es el dedicado al orden Coleoptera, donde destacan impresionantes escarabajos de diversas formas y tamaños. Allí se exhiben algunos de los ejemplares más llamativos de la sala: el Titanus giganteus (hay uno de 20 centímetros de longitud en la muestra); el escarabajo arlequín, con sus colores vivos; y el Dynastes Hércules, conocido como el insecto más fuerte del mundo. Las peleas entre machos de esta especie, motivadas por la competencia y el uso de sus grandes cuernos, son tan intensas que han dado pie incluso al tráfico ilegal para organizar combates.

El recorrido del museo se realiza a través de órdenes (o clases) de insectos. (Foto: Antonio Melgarejo/ GEC)
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Otra sección invita a replantear prejuicios. La dedicada al orden Blattodea busca mostrar otra cara de las impopulares cucarachas. Existen alrededor de 4 600 especies descritas y, aunque solemos asociarlas con ambientes urbanos, la mayoría es silvestre. Habitan ecosistemas naturales y cumplen funciones ecológicas esenciales.
Y es que los insectos suelen ser vistos como plagas agrícolas, parásitos o vectores de enfermedades. Pero su impacto positivo es enorme. Brindan servicios ecosistémicos clave como el reciclaje de materia orgánica, la polinización y el control biológico. Son, en muchos sentidos, los recicladores más importantes de la naturaleza.

La dirección de arte y diseño de museografía de la sala de exhibición del renovado museo estuvo a cargo de Pamela Valle Palomo, también creadora de la marca Endémica.
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“Cuando no interviene la mano del hombre, vemos una naturaleza en equilibrio. Y ese equilibrio, silenciosamente, lo realizan los insectos”, destaca Vergara. Laboriosos y discretos, los insectos trabajan sin reconocimiento, sosteniendo nuestro planeta. El museo permite descubrir esa labor invisible y aprender a valorar su lugar en la vida cotidiana.
La sala de exhibición presenta cerca de una veintena de órdenes de insectos y alrededor de 10 000 ejemplares. Sin embargo, el museo alberga millones de especímenes que han sido estudiados a lo largo de más de 60 años de historia. Cada vitrina resume décadas de trabajo científico y el esfuerzo de cientos de investigadores.

Además de la sala de exhibición, el museo posee una colección de referencia científica. (Foto: Antonio Melgarejo/ GEC)
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Todo comenzó en 1964 con una pequeña colección que se formalizó como museo en junio de 1971. “Detrás de ese 1971 que vemos en el logo del museo, hay una historia muy larga”, dice la doctora Vergara. El crecimiento del espacio estuvo marcado por la labor del doctor Klaus Raven Büller, natural de La Libertad, quien impulsó su oficialización y dio nombre al museo. En 1981, Vergara asumió la dirección tras recibir el encargo de su maestro. “Ya tienes para 20 años más”, le dijo entonces, como entregándole una misión que la directora Vergara asumió con compromiso.

En el museo también se exhiben fotografías de colaboradores de diferentes procedencias, que compartieron sus imágenes de manera desinteresada por su convicción en el proyecto. Aquí vemos un mural con imágenes realizadas por Jaime Talavera, Gabriela Polo, Julio Rivera, Ana Elisa Sotelo, Andrea Solís, entre otros. Las fotos principales de la muestra están a cargo de Yuri Hooker.
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Desde hace una década, la directora impulsó la aprobación del expediente técnico del proyecto actual, que incluye la nueva sala de exhibición y las áreas de investigación. Aún quedan etapas por concretar, como el auditorio y el espacio de apicultura. “Este proyecto es muy bueno para nuestro país. Los insectos están en todas partes y nosotros estamos ocupando su espacio, tenemos que respetar ese espacio porque gracias a ellos tenemos lo que comemos y tenemos esos paisajes que uno ve aparentemente tranquilos, pero ellos son los que se encargan de podar y reciclar. Solamente vemos lo que el hombre maneja”, afirma.

El museo también posee una importante colección de mariposas, varias de ellas en exhibición. (Foto: Antonio Melgarejo/ GEC)
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Más allá de la exhibición, el museo alberga una colección de referencia científica, con especies clasificadas y conservadas en gavetas herméticamente cerradas y ambientes climatizados. En el segundo piso funcionan los laboratorios. Allí, durante nuestra visita, encontramos a investigadoras como Nidia Elguera, Bertha Morales, Laura Cruz y Mariajosé Deza desarrollan proyectos que van desde estudios de suelo hasta análisis para el sector agrícola e inventarios para futuras generaciones.

La aracnóloga Mariajosé Deza inventariando parte de la colección de arácnidos, que se guarda en alcohol. «Si se guardan secos, el abdomen colapsa y el órgano sexual femenino está en el abdomen. Hay muchas cosas en el abdomen que son importantes para saber qué especie son», cuenta la investigadora.
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“Tenemos un laboratorio donde recibimos muestras para hacer análisis. Cuando alguien tiene problemas con insectos trae su muestra y nosotros prestamos ese servicio, porque tenemos que ver de dónde generamos nuestros propios recursos para poder mantener este espacio, porque somos una universidad del Estado y tenemos que ayudar al Estado en el mantenimiento”, explica Vergara.

El centro de investigación es el corazón del Museo de Entomología Klaus Raven Büller, de la Universidad Agraria La Molina. (Foto: Antonio Melgarejo/ GEC)
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La biblioteca del Museo de Entomología Klaus Raven Büller con literatura especializada. (Foto: Antonio Melgarejo/ GEC)
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La científica recuerda que su vocación nació en la infancia, observando insectos en el jardín de su madre. “Es increíble, yo les digo a mis alumnos, lo que uno quiere, se puede, sí se logra. Yo me decía: ‘Voy a ser entomóloga’. Y soy entomóloga. La actitud es importante, ser positivo”. Hoy, esa convicción sigue empujando al museo hacia adelante. “Un día visualicé el museo, y acá está, lo tenemos. Es increíble”.
El Museo de Entomología Klaus Raven Büller abre así una nueva etapa y espera sembrar curiosidad en nuevas generaciones para valorar a esos seres sin los que el mundo simplemente no funcionaría. //
Además…
A saber
Las visitas al Museo de Entomología Klaus Raven Büller de la Universidad Agraria La Molina se podrán realizar a partir de febrero del 2026.
El museo se ubica en Av. la Molina Este Nº 1915. La Molina. Cerca a la puerta que da a la zona de restaurantes del campus. Por la puerta principal de ingreso.
El horario de atención será de lunes a viernes de 8 a.m. a 3 p.m.
La programación de las visitas se puede solicitar a través del correo [email protected]. Puedes acceder a más información a través de su web oficial o de su cuenta de Instagram oficial @museodeentomologia y Facebook.














