El triunfazo en el Cusco solo terminó de confirmar lo que el campeonato viene mostrando desde hace varias semanas: Alianza Lima es el mejor equipo del Torneo Apertura. No solo por los 36 puntos que lo tienen en la cima, tres por encima de Los Chankas, sino por la sensación de solidez que transmite en cada escenario. Supo recuperarse de la frustración internacional, absorbió los efectos de actos de indisciplina de jugadores importantes y hoy depende de sí mismo para coronar una primera parte de temporada notable.
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Cuando se conoció el fixture, la principal preocupación estaba en las visitas a ciudades de altura. El Apertura concentraba seis desplazamientos exigentes, una prueba que en otras temporadas habría puesto en riesgo cualquier candidatura al título.
Sin embargo, Alianza convirtió esa dificultad en una virtud. Ganó en Huancayo, Cajamarca, Tarma y Cusco, además de rescatar un empate en otra visita a la sierra. Trece puntos de quince posibles explican por qué es también el mejor visitante del campeonato.
El triunfo ante Cienciano resumió esa madurez competitiva: línea de cinco defensores, resistencia en momentos adversos y la capacidad de sostener una ventaja mínima con inteligencia y carácter.
| Ciudad | Rival | Resultado | Autor del gol |
|---|---|---|---|
| Huancayo | Sport Huancayo | 1-0 | Alan Cantero |
| Cajamarca | UTC | 1-0 | Renzo Garcés |
| Cusco | Garcilaso | 1-1 | A. Gómez (GC) |
| Tarma | ADT | 1-0 | Eryc Castillo |
| Cusco | Cienciano | 1-0 | Marco Huamán |
“Puedo poner a cualquiera y rinden”, dijo Guede después del triunfo en el Cusco. La frase resume el funcionamiento de una defensa que ha sido el cimiento del equipo.
En ese bloque, Renzo Garcés asumió un rol protagónico. Capitán cuando no estuvo Paolo Guerrero, el zaguero lideró una línea que solo recibió siete goles en quince fechas. A su alrededor, Luis Advíncula, Marco Huamán y Mateo Antoni consolidaron un muro confiable, mientras Gianfranco Chávez y Cristian Carbajal respondieron cada vez que fueron necesarios.
Si hubo un refuerzo diseñado específicamente para este proyecto, ese fue Esteban Pavez. Guede lo conocía de sus etapas en Colo Colo y Tijuana, y sabía exactamente lo que podía ofrecer.
El mediocampista chileno se convirtió en el equilibrio táctico del equipo y en la voz del entrenador dentro de la cancha. Su gol agónico ante Cristal valió un empate que hoy puede ser decisivo, pero su mayor aporte está en el trabajo silencioso: recuperar balones, ordenar al equipo y transmitir serenidad en los momentos más complejos.
La transformación de Eryc Castillo es una de las mejores decisiones tácticas de Guede. El ecuatoriano dejó de ser un extremo pegado a la banda para actuar como segundo delantero, mucho más cerca del área rival.
El cambio potenció sus virtudes y aprovechó los espacios que genera Paolo Guerrero. El resultado ha sido contundente: ocho goles y cuatro asistencias para el futbolista más determinante del Apertura.
En un equipo que combina orden, jerarquía y convicción, Castillo representa la evolución individual más impactante. Y junto a una estructura sólida, explica por qué Alianza Lima está a un solo triunfo de confirmar lo que ya parece evidente: que ha sido, de lejos, el mejor equipo del campeonato.
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