La pregunta de qué pretende lograr Donald Trump en Cuba ha cobrado relevancia desde que, como presidente de Estados Unidos, se arrogó la facultad de “hacer lo que quiera” con la isla.
“Ya sea liberarla, tomarla —creo que podré hacer lo que quiera con ella, a decir verdad—. Son un país muy debilitado”, dijo Trump en marzo.
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A comienzos de este mes insistió en que podría tomar control de Cuba “casi de inmediato”. Y esta semana sostuvo que se trata de “un país fallido y que solo va en una dirección: ¡hacia abajo!”
“Cuba está pidiendo ayuda, ¡y vamos a hablar!!!”, señaló Trump en un mensaje publicado en su red Truth Social este martes.
Al igual que en las ocasiones anteriores, el mandatario evitó precisar lo que busca exactamente en la isla.
Algunos prevén que su propósito es terminar con el gobierno comunista que Cuba tiene desde hace más de 60 años, un viejo objetivo de Washington.
Otros sospechan que pretende cambiar sólo la cabeza del poder cubano y dejar casi intacto el régimen actual, pero bajo su influencia, para abrir allí negocios para EE.UU. como hizo en Venezuela desde enero.
Si Trump tiene un plan definido en Cuba, el mismo es un enigma aún cuando aplica máxima presión sobre el país, al bloquear sus suministros de petróleo y agravar así su colosal crisis interna.
Pero algo cierto es que Trump ha contemplado eventuales oportunidades económicas en Cuba desde hace años, pese al embargo de EE.UU. a la isla.
Lo hizo de forma reservada, como empresario de bienes raíces, mucho antes de ser presidente y proclamarse todopoderoso sobre esa nación.
De hecho, su compañía llegó a registrar la marca “TRUMP” en Cuba para posibles negocios en diversas áreas, según documentos publicados por la Casa Blanca.
“Creo que no hay duda de que el señor Trump estaba muy interesado en la posibilidad ya sea de poner la marca Trump en un hotel cubano, o incluso quizás en ser propietario de campos de golf en Cuba”, dice William LeoGrande, un profesor de la American University en Washington experto en la política de EE.UU. hacia Latinoamérica, en diálogo con BBC Mundo.
Si bien ninguno de esos negocios se ha concretado hasta ahora, el propio Trump dejó abierta un tiempo atrás la posibilidad de hacerlo algún día, “en el momento correcto”.
El primer acercamiento reportado de una compañía de Trump a Cuba data de 1998.
Ese año, la firma Trump Hotels & Casino Resorts envió de forma secreta consultores a La Habana en busca de oportunidades de negocio, según reveló la revista Newsweek en 2016.
La publicación, basada en entrevistas con exejecutivos de Trump y en documentos empresariales y judiciales, precisó que la compañía gastó al menos US$68.000 en el viaje, que, según una de las fuentes, incluyó contactos de representantes de Trump con funcionarios del gobierno cubano, entonces presidido por Fidel Castro.
Y agregó que, con el conocimiento de Trump, ese dinero se canalizó a través de la consultora estadounidense Seven Arrows Investment & Development Corp., que sugirió relacionarlo a una organización benéfica católica para darle un aspecto legal bajo el embargo.
Esa información surgió poco antes de las primeras elecciones presidenciales ganadas por Trump, quien respondió rápido: “Nunca hice nada en Cuba. Nunca cerré un trato en Cuba”, sostuvo.
Su portavoz en ese momento, Kellyanne Conway, dijo por su lado a la cadena televisiva ABC que por el artículo publicado entendía que “pagaron dinero” en 1998, y negó que Trump hubiera invertido en Cuba.
En 1998, una empresa de Trump envió consultores a Cuba para analizar oportunidades de negocios, según una investigación periodística. (Getty Images).




