La destrucción de un avión de alerta temprana AWACS Boeing E-3 Sentry en una base aérea de Arabia Saudita no es solo la pérdida de una de las aeronaves más costosas y sofisticadas de la Fuerza Aérea de Estados Unidos: es un golpe directo al sistema que permite ver, anticipar y coordinar la guerra desde el aire. ¿Cómo logró Irán alcanzar un activo de tan alto valor dentro de una instalación que se supone está fuertemente protegida? ¿Qué papel pudo haber jugado un aliado clave de Teherán como Rusia? Estas son las claves detrás del ataque.
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El impacto estratégico: qué pierde EE.UU. tras la destrucción del AWACS

Un avión del Sistema Aerotransportado de Alerta y Control (AWACS) de la Fuerza Aérea de EE. UU. que fue destruido en un ataque a la base aérea Príncipe Sultán en Arabia Saudita. (Foto de UGC / AFP).
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El analista internacional Francesco Tucci, docente de Ciencias Políticas y de Relaciones Internacionales de la UPC, advierte que el ataque iraní que destruyó el E-3 Sentry en Arabia Saudita no solo evidencia una operación de alta precisión, sino también una posible combinación de inteligencia avanzada, errores de cálculo por parte de Washington y vulnerabilidades estructurales en las bases estadounidenses en el Medio Oriente.
Tucci subraya que alcanzar un objetivo de ese nivel dentro de una base supuestamente protegida “no es casualidad”. En la misma instalación, recuerda, ya habían sido dañados varios aviones cisterna Boeing KC-135 Stratotanker, piezas clave para el reabastecimiento en vuelo y, por tanto, para la logística de cualquier operación aérea sostenida. “Son objetivos valiosos, porque la logística es fundamental”, explica a El Comercio, al destacar que la pérdida de estas capacidades impacta directamente en la operatividad de la Fuerza Aérea de Estados Unidos.

Un E-3 Sentry de la Fuerza Aérea de Estados Unidos acercándose a un KC-135 Stratotanker del 964.º, ambos asignados a la Base de la Fuerza Aérea Tinker, Oklahoma, para repostar combustible. (FOTO DE AFP / FUERZA AÉREA DE EE. UU.).
/ DANIEL HUGHES
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Sobre el E-3 Sentry, el analista es categórico: se trata de una pérdida estratégica. “Es un avión fundamental. Controla, da alerta temprana, dirige los ataques y proporciona la situación en tiempo real a los cazabombarderos”, afirma. A su juicio, la destrucción de la aeronave representa un daño significativo para Washington, no solo por su alto valor, sino porque Estados Unidos dispone de una flota limitada de estos sistemas.
Tucci apunta también a un factor crítico que permitió el golpe de Teherán: la subestimación de las capacidades iraníes. Según explica, aeronaves de gran tamaño como el E-3 Sentry no pueden estar en lugares que son vulnerables. “No habían pensado que podían estar al alcance de los drones iraníes”, afirma. Esta situación, añade, revela una vulnerabilidad mayor en las bases estadounidenses en el Golfo, especialmente frente a un adversario que ha apostado por una guerra asimétrica basada en drones, misiles balísticos y ataques de precisión.
En esa línea, Tucci sostiene que el conflicto ha desmentido la narrativa de una rápida superioridad estadounidense manifestada de manera reiterada por Donald Trump. Pese a los golpes recibidos, Irán “sigue aguantando” y mantiene ataques constantes contra Israel y aliados de Washington. Esto, explica, responde a una doctrina de resistencia y a una estructura política más sólida de lo que se estimaba. “Hubo un grave error de evaluación”, afirma, al señalar que se sobreestimó el impacto de los ataques iniciales sobre las capacidades militares iraníes.
El analista también advierte que el costo de la guerra para Estados Unidos está siendo mayor de lo previsto. Además del E-3 Sentry, menciona la pérdida o daño de aviones cisterna, radares de sistemas antimisiles y bases impactadas. “El daño es mucho más alto de lo que se esperaba”, sostiene, lo que estaría influyendo en la cautela de Washington para evitar una escalada terrestre directa.
¿Rusia ayudó a Irán para destruir el E-3 Sentry?

Miembros de la tripulación del portaaviones nuclear estadounidense USS Harry S. Truman trabajan en un avión AWACS Grumman E-2 Hawkeye en la cubierta de vuelo del buque. (Foto de Andreas SOLARO / AFP).
/ ANDREAS SOLARO
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El analista en temas de defensa e inteligencia Andrés Gómez de la Torre sostiene que la destrucción del AWACS E-3 Sentry constituye mucho más que un golpe simbólico: “Se trata de una acción con impacto militar, mediático y psicológico en pleno desarrollo de la guerra con Irán».
Según explica, el ataque habría sido ejecutado por el componente aéreo de la Guardia Revolucionaria iraní y apunta directamente a una de las capacidades más críticas de Estados Unidos en el teatro de operaciones. “El E-3 no es solo un avión, es una plataforma de vigilancia, alerta temprana y mando y control”, precisa. En ese sentido, destaca que su principal valor radica en proporcionar lo que se conoce como “conciencia situacional”: una visión integral del espacio aéreo que permite detectar y coordinar la respuesta frente a aviones, misiles, helicópteros y drones en tiempo real.
Para Gómez de la Torre, la pérdida de esta aeronave implica, en términos operativos, un intento de “cegar” los sistemas defensivos y de organización del adversario. “Algunos llaman a estas plataformas los ojos de un conflicto”, señala, al subrayar que su destrucción afecta directamente la capacidad de anticipación y coordinación de las fuerzas estadounidenses. No obstante, advierte que el impacto, aunque significativo, no anula completamente el poder aéreo de Washington, que aún dispone de otros activos en la región.














