Irán retomará este 6 de febrero las conversaciones sobre su programa nuclear con Estados Unidos, luego de que estas se interrumpieran el año pasado tras la guerra con Israel, en la que Washington participó con ataques militares. Esta vez la presión es mayor a causa del despliegue de una flota en el golfo Pérsico ordenado Donald Trump.
La antesala del encuentro estuvo marcada por discordancias entre las partes. Teherán desea que las conversaciones se limiten a su programa nuclear, mientras que Washington busca que también se aborde la cuestión de los misiles balísticos y el apoyo de Irán a actores regionales como Hamás, Hezbolá y los hutíes del Yemen.
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Antecedentes
Las negociaciones llegan además condicionadas por las consecuencias aún inciertas de los ataques estadounidenses de junio del 2025 contra instalaciones nucleares iraníes y por la falta de acceso del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) a los complejos bombardeados.
Antes de esos ataques y de acuerdo con la agencia, Irán enriquecía uranio al 60%, muy por encima de los límites fijados en el acuerdo nuclear del 2015, actualmente caduco. Las autoridades iraníes sostienen que parte de ese material permanece bajo los escombros, lo que mantiene abiertas las dudas sobre el estado real de su programa nuclear y alimenta la desconfianza entre las partes.
Un hombre iraní en motocicleta pasa junto a una valla publicitaria que muestra a militares y al ministro de Asuntos Exteriores iraní, Abbas Araghchi, saludando y con un mensaje que dice «Todos somos soldados de Irán». (EFE/ABEDIN TAHERKENAREH).
/ J.P.Gandul
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El uranio enriquecido entre el 3% y el 5% se utiliza para la producción de electricidad; hasta el 20%, para la obtención de isótopos médicos, empleados en el diagnóstico de ciertos cánceres. A partir de ese umbral, sin embargo, puede tener aplicaciones militares potenciales, según los expertos, y para fabricar una bomba el enriquecimiento debe elevarse hasta el 90%.
El reinicio del diálogo se produce además en un momento especialmente delicado para la República Islámica, tras las protestas más violentas desde su fundación en 1979, motivadas inicialmente por la caída del rial y que luego se extendieron con demandas de cambio de régimen. A ello se suma una grave crisis económica, un fuerte descontento social, su peor sequía en décadas y carencias de electricidad y gas.
La respuesta del Gobierno a la movilización social ha sido la represión, con más de 3.000 muertos, según cifras oficiales, aunque organizaciones independientes elevan el número de fallecidos hasta cerca de 20.000.
Posiciones enfrentadas
Trump ha pedido en reiteradas ocasiones prohibir totalmente a Irán el enriquecimiento de uranio, una condición mucho menos favorable para Teherán que la contemplada en el acuerdo del 2015.
Irán, por su parte, defiende su derecho a utilizar energía nuclear con fines civiles, tal como establece el Tratado de No Proliferación (TNP), del que es signatario.
Persiste además una fuerte incertidumbre sobre las reservas iraníes de más de 400 kilos de uranio altamente enriquecido, vistas por última vez por los inspectores del OIEA el 10 de junio.
Para Mohamed Badine El Yattioui, docente e investigador del Colegio de Seguridad y Estudios Globales de la American University in the Emirates (AUE), las negociaciones serán especialmente complejas porque cada bando persigue objetivos opuestos.
Según el politólogo, el régimen iraní, debilitado como nunca, intentará evitar ampliar la agenda y minimizar su vulnerabilidad, mientras que Estados Unidos buscará aprovechar la coyuntura para ejercer la máxima presión.

Vista del portaaviones USS Abraham Lincoln, que ek presidente de Estados Unidos, Donald Trump, envió a aguar cercanas a Irán. Foto: EFE/US Navy
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“¿Habrá un acuerdo parcial? Sí, pero depende sobre qué tema. Si se trata de un acuerdo parcial sobre el programa nuclear, eso sería una gran victoria para Donald Trump”, señala el experto a El Comercio.
El líder republicano siempre se opuso al acuerdo nuclear firmado en el 2015 entre Irán y las grandes potencias, conocido como el JCPOA, impulsado durante la presidencia de Barack Obama. El pacto limitaba el programa nuclear iraní, establecía un régimen de inspecciones internacionales y fijaba topes estrictos al enriquecimiento de uranio, a cambio del levantamiento de sanciones económicas.
En el 2018, Trump retiró de forma unilateral a Estados Unidos del acuerdo, al considerar que era insuficiente para frenar las ambiciones nucleares de Irán. Desde entonces, Teherán fue abandonando progresivamente sus compromisos y elevó sus niveles de enriquecimiento.
Para el analista consultado por este Diario, un acuerdo centrado exclusivamente en el ámbito nuclear es el escenario menos factible para Teherán. “Lo último que los iraníes aceptarían es un pacto que limite directamente su programa nuclear”, afirma.
A su juicio, el margen de entendimiento podría darse en acuerdos parciales fuera de ese terreno, vinculados a aspectos militares no nucleares, al petróleo o a la economía. “Podría haber un acuerdo sobre energía o comercio que incluso busque afectar indirectamente a China, que hoy compra grandes volúmenes de petróleo iraní, en una lógica similar a lo que Estados Unidos ha intentado con Venezuela”, explica.
“Ese tipo de acuerdos parciales pueden servir para ganar tiempo, pero no resolverían el fondo del conflicto. En el mejor de los casos, solo permitirían aplazarlo”, concluye.
Ante la posibilidad de que no se alcance ningún entendimiento, surge la interrogante sobre si Estados Unidos podría optar por una intervención militar. Mohamed Badine considera que la presión castrense funciona más como un instrumento de disuasión que como una antesala a un cambio de régimen.
Un grupo de iraníes se congrega bloqueando una calle durante una protesta en Teherán, Irán, el 9 de enero de 2026.
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“Los países árabes aliados de Estados Unidos no buscan un cambio de régimen en Irán. Prefieren un Irán debilitado antes que una transición política, porque nadie puede prever las consecuencias de un colapso del régimen, ni para los iraníes ni para el conjunto de la región”, señala.
“Un escenario así abriría interrogantes en materia migratoria, de seguridad y sobre el rumbo diplomático que podría adoptar Irán. Por eso, la opción dominante es mantener a un país débil, pero sin forzar un colapso del régimen, mientras la estrategia de Trump apunta a ejercer la máxima presión posible”, añade.
El analista menciona que la presión ejercida por Trump sobre Irán las últimas semanas es impresionante. Y aunque su objetivo no pasa tanto por un cambio de régimen, “cualquier acuerdo, por muy parcial que sea, sobre cualquier tema lo va a vender –como ya es de costumbre– como el mejor acuerdo de la historia”.
Además…
Misiles balísticos e Israel
Para el internacionalista de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya (UARM) Alonso Cárdenas, uno de los principales riesgos de un fracaso diplomático no está solo en Teherán o Washington, sino en el impacto que una confrontación directa tendría sobre Israel, tras los precedentes de la guerra de 12 días entre ambos países.
Según Cárdenas, a diferencia de los enfrentamientos indirectos con grupos aliados de Irán, el choque directo con Israel dejó consecuencias militares significativas. “Se demostró que los misiles balísticos iraníes podían penetrar el sistema de defensa israelí, incluido el Domo de Hierro, y que hubo impactos relevantes en ciudades israelíes”, explica.
En ese contexto, el experto sostiene que el programa de misiles balísticos constituye la principal carta de disuasión del régimen iraní y su garantía de supervivencia. “Es muy difícil que Irán ponga esa tecnología sobre la mesa, porque los países que fueron derrocados o invadidos por Estados Unidos o Israel no contaban con una capacidad militar comparable”, advierte.
Cárdenas alerta además que una eventual tentativa de cambio de régimen en Irán implicaría un escenario de guerra total con consecuencias imprevisibles. “Una cosa es atacar un país y otra ocuparlo. En Irak fue un infierno logístico y humanitario. Irán es mucho más grande, con más de 80 millones de habitantes”, señala.




