“No será una elección de ideologías, sino de ‘antis’; una elección del rechazo y el miedo”, incidió uno de los analistas consultados para este reportaje. La frase resume y grafica el complejo escenario que se abre rumbo al balotaje del próximo 7 de junio, luego de que este domingo 17 de mayo se proclamaran los resultados de la primera vuelta y quedara oficialmente instalada la segunda entre Keiko Fujimori (Fuerza Popular) y Roberto Sánchez (Juntos por el Perú).
Ambos avanzaron con un respaldo conjunto menor al 18% del padrón electoral —la cifra más baja registrada en lo que va del siglo tras la participación de 36 candidaturas presidenciales— y ahora deberán disputar el respaldo de un electorado fragmentado, además de enfrentar el voto blanco, nulo o viciado y también el ausentismo.
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Fujimori obtuvo más de 2.8 millones de votos, mientras que Sánchez superó los 2 millones en la primera vuelta presidencial. Ambos encabezaron las preferencias en 22 de las 25 regiones del país —cada uno en 11—, aunque no lograron imponerse en Lima, Arequipa ni Tacna. Sin embargo, al comparar la votación conjunta de ambos frente a los más de 27 millones de peruanos habilitados para votar, el respaldo efectivo de ambas candidaturas apenas alcanza el 17.9% del padrón electoral, una cifra similar a la registrada en la elección de 2021, pero que, a la vez, representa el nivel más bajo en lo que va del siglo [ver gráfica]. Una fragmentación que ahora ambos intentarán capitalizar.
“Esa cifra revela que hay algo que está funcionando mal en nuestro sistema electoral. Porque ya sea por voto sincero o estratégico, el voto de la primera vuelta es el apoyo genuino y lo que más refleja la opción real del apoyo a una candidatura. Cuando se vota en segunda vuelta por opciones que obtuvieron tan poco porcentaje, lo que normalmente pasa es que ya la votación no es en apoyo a alguien, sino en rechazo al otro”, dijo a El Comercio Javier Albán, especialista en temas electorales.
Esto —agregó— genera un problema de legitimidad para el gobierno, pues muy poca gente siente realmente que quien gobierna es la opción que eligió, una situación agravada además por la subrepresentación en el Congreso.
La pelea por los votos perdidos
Según explicó a este Diario Urpi Torrado, CEO de Datum Internacional, ambos candidatos parten prácticamente de un mismo partidor, con condiciones similares y, a pesar de ser el balotaje un proceso electoral distinto, se avizoran rasgos y características similares a la primera vuelta.
Mencionó que en la primera vuelta no se puede hablar de un “voto duro” —es decir, electores fieles o definidos— y que, incluso durante la última semana de campaña, los votos fluctuaban constantemente entre las distintas candidaturas, salvo en el caso de Fujimori. En esa línea, consideró que la adhesión que lograron quienes ocuparon el tercer, cuarto, quinto, sexto y otros lugares respondió “más por simpatía que por adhesión ideológica”.
“Esa volatilidad se traduce también en que no necesariamente las personas que votaron por un candidato en primera vuelta masivamente se trasladen a otro, sino que más bien los electores van a ir cada uno decidiendo en función de la campaña. Lo que estamos viendo es un fenómeno similar a la primera vuelta, donde hay mucha indefinición”, explicó Torrado.

La candidata presidencial Keiko Fujimori, del partido Fuerza Popular, realizó su cierre de campaña en el distrito de Villa El Salvador. (Foto: Fernando Sangama / @photo.gec)
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En símil, Franco Olcese, politólogo del Centro Wiñaq, incidió en que la migración de votos no está siguiendo una lógica estrictamente ideológica y que, ante ello, el balotaje se definirá más por los niveles de rechazo hacia cada candidato a por “alineamientos ideológicos puros”.
“La migración del electorado dependerá principalmente de dos factores: el nivel de conocimiento de los candidatos y el rechazo que generan”, sostuvo Olcese. Asimismo, consideró que será clave cuál de los dos logre transmitir una mayor capacidad que su adversario para atender las principales preocupaciones de la población, especialmente respecto a la inseguridad ciudadana y el manejo de la economía.
Ambos —refirió Olcese— deberán comunicar más y mejor lo que vienen haciendo y lo que buscan hacer, puesto que, hasta ahora, la agenda política ha estado dominada por las denuncias de supuesto fraude y el rol de la ONPE, lo que ha limitado la discusión sobre propuestas y soluciones.
En la mirada del analista político Enrique Castillo, las cifras representan la crisis de los partidos políticos y el absoluto desinterés de la población en la política, derivado de la desconfianza. Los otros 34 candidatos presidenciales —remarcó— representan “un bolsón electoral que no tiene lealtades con los candidatos”.
“Por ejemplo, en el caso de Marisol Pérez Tello, ella ha dicho que va a votar viciado y su partido dice que va a apoyar a Roberto Sánchez. ¿A quién le creemos? O sea, la crisis de representatividad es tan grande que los candidatos y los partidos ni siquiera pueden ponerse de acuerdo ni orientar el voto; eso es lo más grave”, remarcó Castillo.
Roberto Sánchez, candidato presidencial de Juntos por el Perú, durante actividades de campaña. (Foto: Facebook)
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Mencionó que, de manera natural, se podría estimar que parte de los votos de Alfonso López Chau (Ahora Nación) se inclinaría hacia Sánchez y que el electorado de Rafael López Aliaga (Renovación Popular) tendería a orientarse hacia Fujimori. Sin embargo, advirtió que no se puede asegurar que las recomendaciones o respaldos terminen siendo seguidos por sus votantes.
“¿Qué pasa si Jorge Nieto sale a apoyar a Keiko Fujimori? ¿Podemos asegurar que su votante es uno de derecha y que está dispuesto a votar por ella?”, cuestionó. A su juicio, a diferencia de décadas anteriores, la solidez doctrinaria e ideológica es algo que hoy simplemente no existe.
Sin embargo, en la mirada de Castillo, el resto es uno solo para ambos: reducir el ‘anti’ que hay sobre ellos. “Ellos no van a convencer con lo que vayan a decir sobre salud, sobre educación, sobre empleo. El reto va a ser convencer a la gente de que no son lo que todo el mundo dice que son. Que no van a ejecutar las acciones que todo el mundo dice que van a ejecutar. Esa es la única manera de reducir el anti”, remarcó Castillo. En esa línea, dijo que Lima —en donde López Aliaga obtuvo 1,211,672 de votos— sería clave.
En tanto, Albán también remarcó que, aunque para algunos una campaña de 20 días pueda parecer corta, en otros países ese sería el tiempo habitual y que los factores que podrían terminar inclinando la balanza todavía no han ocurrido. Entre los elementos que podrían resultar determinantes —mencionó— están el debate presidencial, el respaldo político de otros partidos y líderes, así como las informaciones que surjan tanto de los candidatos como de sus entornos. La cuenta regresiva ya comenzó.




