martes, marzo 17

El turismo espacial empieza a consolidarse como una experiencia exclusiva para millonarios, con vuelos que duran apenas diez minutos pero pueden costar hasta un millón de dólares por pasajero, según estimaciones del sector.

El turismo espacial empieza a consolidarse como una experiencia exclusiva para millonarios, con vuelos que duran apenas diez minutos pero pueden costar hasta un millón de dólares por pasajero, según estimaciones del sector.

Uno de los casos recientes es el de un empresario español (Alberto Gutiérrez) que participó en una misión suborbital de Blue Origin, en un viaje que despegó desde Texas a bordo del cohete reutilizable New Shepard, diseñado específicamente para este tipo de turismo.

MIRA: “Hay huesos por todas partes”: los cementerios de ballenas que transforman las profundidades del mar

El vuelo siguió el esquema habitual: tras el despegue, la cápsula se separa del cohete y asciende por encima de los 100 kilómetros de altitud, cruzando la línea de Kármán, considerada el límite del espacio. Durante el trayecto, los pasajeros alcanzan velocidades superiores a Mach 3.

La experiencia central dura apenas unos minutos. En ese lapso, los viajeros pueden desabrocharse y flotar en condiciones de ingravidez, mientras observan la curvatura de la Tierra desde el espacio.

El acceso, sin embargo, está lejos de ser masivo. Aunque la empresa no publica precios oficiales, se estima que reservar un asiento cuesta desde 150.000 dólares, mientras que el precio total del viaje puede acercarse al millón, lo que convierte a esta experiencia en un símbolo de estatus.

El auge de estos vuelos también ha abierto el debate sobre qué significa ser astronauta. Aunque los pasajeros cruzan el límite del espacio, las autoridades ya no los consideran astronautas comerciales, marcando una diferencia entre quienes viajan como turistas y quienes cumplen funciones operativas en misiones espaciales.

Share.
Exit mobile version