lunes, octubre 12

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No es una exageración. Esta semana, el vuelo UX45 de Air Europa que cubría la ruta Madrid-Montevideo con 325 pasajeros a bordo tuvo que aterrizar de emergencia en el norte de Brasil tras sufrir un “episodio severo de turbulencias”. Decenas de personas terminaron heridas, la mayoría con golpes y contusiones.

El incidente de este avión, un Boeing 787-9 Dreamliner, sumó más temores debido a los antecedentes recientes. Uno de los episodios más dramáticos ocurrió el 21 de mayo, cuando un británico de 73 años murió de un presunto ataque cardíaco debido a que el Boeing 777 de Singapore Airlines en el que viajaba experimentó turbulencias extremas repentinas mientras cubría la ruta entre Londres y Singapur.

Más de cien pasajeros y tripulantes resultaron heridos –había 229 en el vuelo SQ321–, principalmente los que no llevaban abrochado el cinturón de seguridad y salieron despedidos hasta estrellarse contra la cabina.

Según el reporte realizado por el Ministerio de Transporte de Singapur con la colaboración de la Junta Nacional de Seguridad del Transporte de Estados Unidos, el avión cayó violentamente 54 metros en 4,6 segundos. Las imágenes compartidas en las redes sociales de cómo quedaron los objetos dentro del avión parecen sacadas de una película de terror.

Una semana después, 12 personas se lesionaron durante un evento similar en un vuelo Boeing 787-9 de Qatar Airways que iba de Doha a Dublín (Irlanda).

De nuevo, el clima

Aunque situaciones de este tipo han sido la excepción y no la regla en las últimas décadas, investigaciones recientes señalan que la fuerza de las turbulencias está aumentando y que una de las principales causas es el cambio climático, específicamente las elevadas emisiones de dióxido de carbono que afectan las corrientes de aire.

“Esos gases acumulan energía en el planeta, principalmente en la atmósfera. Entonces, a medida que el planeta tiene más energía, la circulación del aire se vuelve más energética y empieza a tener más intensidad en algunas regiones del planeta. Este mayor impulso de los vientos se encuentra justamente en las partes altas de la atmósfera, a los 10.000 o 12.000 km de elevación, donde los aviones hacen su trayecto”, dice a El Comercio Christian Yarlequé, doctor en Ciencias Atmosféricas y catedrático de la PUCP.

Mayor duración

  • Según un estudio del 2023, la duración anual de las turbulencias de aire claro aumentó en un 17% entre 1979 y el 2020, y los casos más graves se incrementaron en más del 50%.
  • Entre el 2009 y el 2022, 163 pasajeros y miembros de la tripulación de aviones registrados en EE.UU. resultaron gravemente heridos a causa de turbulencias, según la Administración Federal de Aviación de ese país.

En la práctica, el principal problema se produce con las peligrosas turbulencias de aire claro que ocurren cuando los aviones se encuentran con patrones turbulentos atmosféricos que no salen en los radares porque no están asociados a ninguna tormenta.

“Es posible que este tipo de turbulencias sean más frecuentes”, señala Yarlequé, quien agrega que en las últimas décadas el calentamiento global, que es un indicador de cambio climático, ha aumentado en sincronía con las turbulencias.

“Y las proyecciones futuras indican que el calentamiento va a aumentar aún más, por lo que va a haber mayores cambios en la circulación de los vientos, y es altamente probable que haya también más ocurrencia y turbulencia en los vuelos porque va a haber más vientos cruzados, más vientos intensos. Depende también de las medidas de mitigación que nosotros tengamos en el planeta para que eso se controle, pero al menos hasta ahora las proyecciones indican que el cambio climático va a producir más calor y posiblemente más intensidad de vientos”, explica el experto, que enfatiza que estos fenómenos no son homogéneos en todo el planeta.

Viaje seguro

El capitán de aviación Raúl Uribe Prkut, gerente de seguridad operacional de la Escuela Peruana de Aviación Civil (Espac), considera que un suceso catastrófico asociado a turbulencias en el aire es bastante improbable. “Las turbulencias son algo normal. Lo anormal está en el ciclaje, en el tiempo, ahora se están dando más rápido que antes. Ese es el gran problema”.

Agrega que las turbulencias no representan un desafío mayor para los pilotos porque la aeronáutica es una de las ciencias que más rápido ha avanzado en los últimos 100 años gracias a la informática y la digitalización.

“Uno antes de salir a volar ve su reporte meteorológico. La meteorología es predecible porque es física. El piloto puede tener ciertas situaciones más recurrentes, pero va a tener también las salidas más recurrentes, que se basan en la tecnología”, remarca.

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