En abril de 2020, en medio de la pandemia del COVID-19, Harvard y otras universidades de la élite estadounidense recibieron fondos de los subsidios de emergencia que Washington había introducido para paliar la crisis económica.
El hecho generó grandes críticas por tratarse de instituciones con patrimonio considerable, y el mismo Donald Trump se sumó a los cuestionamientos al señalar que Harvard “nunca debió haber aceptado” ese dinero que, según el mandatario, ascendía a 8,6 millones de dólares y estaba destinado a proteger a pequeñas empresas. Betsy DeVos, secretaria de Educación, tuvo declaraciones similares a las del presidente.
No obstante, Trump confundió la procedencia de estos fondos, que en realidad provenían del Fondo de Ayuda de Emergencia para la Educación Superior, lo que no impidió que el gobierno mantuviera el discurso de que universidades tan ricas como Harvard —con un patrimonio superior a los 40.000 millones de dólares— no deberían acceder al dinero del paquete inicial de US$14.000 millones procedentes de los fondos de salvaguarda destinados a los centros de educación superior.
Harvard se defendió señalando que “nunca solicitó ese apoyo ni lo había recibido”, siendo una de las últimas entidades de su tipo en señalar que rechazaría el financiamiento.













