La posibilidad de que Estados Unidos actúe por tierra, mencionada por primera vez el miércoles 22 de octubre, eleva las tensiones diplomáticas en una región donde Caracas ha desplegado tropas y activado su defensa antiaérea, mientras en Washington crecen las dudas sobre la legalidad de los ataques.
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Actualmente, EE. UU. ha desplegado destructores, submarinos, aviones F-35 y helicópteros de operaciones especiales en aguas cercanas a América Latina, bajo el argumento de combatir al narcotráfico.

Ataques bajo escrutinio
Desde el 2 de setiembre, el Pentágono ha ejecutado nueve bombardeos —ocho en el Caribe y los más recientes en el Pacífico— contra embarcaciones que calificó de “narcoterroristas”, según informó BBC. Los ataques, dirigidos por el secretario de Defensa, Pete Hegseth, dejaron cinco muertos esta semana, sin bajas estadounidenses.
Trump aseguró tener “autoridad legal” para continuar las operaciones en aguas internacionales, aunque reconoció que “probablemente” acudirá al Congreso si decide “pasar a tierra”. “Les golpearemos muy duro cuando vengan por tierra”, declaró desde la Casa Blanca, de acuerdo con la agencia AFP.

El mandatario justifica la operación bajo la premisa de que cada embarcación destruida “salva 25.000 vidas estadounidenses”. “No se trata simplemente de traficantes de drogas, sino de narcoterroristas que traen muerte y destrucción”, afirmó Hegseth. Su gobierno sostiene que Estados Unidos libra un “conflicto armado no internacional” contra los cárteles, a los que equipara con Al Qaeda.
Sin embargo, expertos advierten que los ataques carecen de sustento jurídico. “Estados Unidos no tiene ningún amparo legal para atacar estos barcos; son ejecuciones extrajudiciales. Cualquier persona acusada de lo que sea tiene derecho a un debido proceso. A esta persona simplemente se les ejecuta y, después, Trump informa vía su red social lo que ha ocurrido. Ni siquiera tenemos una prueba que contraste si la víctima es un narcotraficante o no”, señaló Ramiro Escobar, internacionalista de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP). “Se está actuando de manera unilateral contra el derecho internacional y acabando con la vida de personas ante los ojos impávidos del mundo”.
Marisol Vargas, politóloga de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya (UARM), coincidió en que la operación no tiene base en el derecho internacional, pero subrayó que “Estados Unidos justifica su actuación en razones más ‘poderosas’ que lo jurídico: la seguridad nacional, la soberanía y el interés propio”.
“Como no hay un gobierno mundial que esté por encima de todos los estados, y lo que diga la ONU, lo que diga tal, lo que diga cual, no va a ser vinculante para lo que haga la administración de Trump, él va a poder hacer lo que quiera”, agrega.
Policía del mundo
En Washington, el tono es distinto. Legisladores demócratas y republicanos han pedido detener los bombardeos hasta esclarecer su marco legal. Según EFE, los senadores Tim Kaine, Adam Schiff y Rand Paul lideran un esfuerzo bipartidista para bloquear las operaciones.
Rand Paul fue tajante: “No hay fentanilo hecho en Venezuela, ni siquiera un poco. No se puede matar indiscriminadamente”, dijo en una entrevista con Piers Morgan. Adam Smith, del Comité de Fuerzas Armadas, exigió la comparecencia del Ejecutivo para explicar los ataques y la dimisión del almirante Alvin Holsey, jefe del Comando Sur, quien habría expresado reservas sobre la campaña.
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Para Escobar, la estrategia “responde sobre todo a un plan de Marco Rubio, el secretario de Estado, de poner mano dura contra los países con los que no está de acuerdo, Cuba, Venezuela, Nicaragua, incluso Colombia”.
“Trump lo que quiere es demostrar que él pudo solucionar lo de Venezuela, cosa que ningún presidente anterior norteamericano pudo”, añade.
Vargas complementa: “Más allá de la narrativa de fuerza, lo que se refuerza es la imagen de Estados Unidos como el ‘world sheriff’, el policía del mundo que se siente habilitado para controlar todo lo que ocurre”.
El conflicto escala: Colombia en la mira

Las tensiones también escalan con Colombia. Trump acusó al presidente Gustavo Petro de ser “un líder del narcotráfico” y anunció la suspensión total de ayuda militar al país, uno de los aliados históricos de Washington en la región. Bogotá respondió llamando a consultas a su embajador y advirtiendo que defenderá “judicialmente” su posición en Estados Unidos.
“La presión contra Petro busca arrinconar a gobiernos de izquierda que no son simpáticos a Marco Rubio ni a Trump”, explicó Escobar. “Estamos viviendo la época del garrote: si no nos gusta un gobierno, lo acusamos, lo atacamos y hasta podemos desarrollar una acción armada.”
Vargas agregó que Colombia podría terminar siendo “uno de los pocos aliados de Venezuela en un escenario de conflicto”. “Entre Colombia y Brasil estarían los únicos países con disposición a respaldar a Caracas”, sostuvo.
Venezuela se prepara
En Venezuela, el clima es de preparación militar. Nicolás Maduro advirtió que el país cuenta con más de 5.000 misiles antiaéreos Igla-S “para garantizar la paz” y ordenó ejercicios en todo el territorio. “Venezuela tiene que ser una patria inexpugnable. El que entendió, entendió”, dijo en cadena nacional, según El País.
El mandatario firmó un decreto de “conmoción exterior” que activa medidas extraordinarias de seguridad nacional. Además, lanzó una aplicación para que los ciudadanos denuncien “personas sospechosas”, fortaleciendo lo que el chavismo llama “inteligencia popular”.
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“Si se da una intervención, no será encubierta —advirtió Vargas—. Si hubiese una intervención no va a terminar con vigilar lanchas, va a terminar con sacar a Maduro con los pies por delante”,
“Sería patente a los ojos del mundo entero, y las capacidades militares de ambos países son disímiles. Una acción así no estaría en igualdad de condiciones”, puntualiza la politóloga.
El ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, pidió a los venezolanos “prepararse para lo peor” ante la “amenaza seria” de Estados Unidos. Enumeró posibles escenarios: bombardeos, bloqueos navales, incursiones de comandos y sabotajes que “dejarían a oscuras el país”.

Escobar considera que una ofensiva por tierra tendría consecuencias imprevisibles. “Veo difícil una incursión masiva; más plausible sería el uso de drones, pero incluso eso sería un ataque sobre territorio soberano y provocaría una reacción continental”, afirmó.
“El que se meta con Venezuela se encontrará con un infierno”, advirtió por su parte el ministro Diosdado Cabello, quien acusó a Trump de “buscar una guerra en el continente”.
Tanto Escobar como Vargas coinciden en que una intervención armada entre Estados Unidos y Venezuela es lejana, aunque no imposible. Aunque de darse podría reconfigurar el mapa político regional.
“Esto recuerda la guerra contra el terrorismo de George W. Bush: un enemigo invisible y un uso del miedo para justificar acciones unilaterales”, dijo Escobar.
Vargas cree que “una intervención militar tan brusca recrudecería la crisis migratoria y provocaría un giro drástico en la orientación política de América Latina. Son ciclos históricos: cuando la región gira, lo hace en bloque”.













